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La embestida contra Claudia Sheinbaum

La razón principal de la embestida contra la jefa de gobierno: la ven como la rival a vencer hacia el 2024.

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La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, está en la mira de los grupos conservadores; es objeto de ataques misóginos y arrecian las críticas infundadas en su contra. No hay juego limpio sino una maquinaria propagandística que se enfoca en pretender destruir su imagen, como lo intentaron con Andrés Manuel López Obrador desde el sexenio en el que ocupó la jefatura de gobierno capitalino (2000-2006).

A Sheinbaum le quisieron adjudicar, en la antesala de las elecciones del 6 de junio pasado, el accidente de la Línea 12 del Metro; acosaron hasta a su hija por haber tenido el “atrevimiento” de obtener una beca del Conacyt mediante un supuesto “influyentismo” en los tiempos autoritarios de Enrique Peña Nieto, en los que por cierto, el expresidente se dedicaba a saquear al país y a espiar a los dirigentes de Morena.

La razón principal de la embestida contra la jefa de gobierno: la ven como la rival a vencer hacia el 2024.

Y es que Sheinbaum y el canciller Marcelo Ebrard no solo despuntan en las encuestas sino se muestran, por ahora, como las alternativas más fuertes para conducir la Cuarta Transformación a partir de 2024, después del tremendo vacío que dejará el presidente Andrés Manuel López Obrador con su anunciado retiro del escenario político del país.

Sheinbaum ha sido no solo cercana a AMLO sino disciplinada con los principios de la 4T. Y más aún ha demostrado que tiene la mirada puesta en el proyecto de la transformación, más allá de ambiciones personales.

Si bien durante su pasado informe de gobierno en septiembre, ella aseguró que no hace “futurismos políticos”, desde hace semanas ha sido enfática en destacar que el proyecto de AMLO no es competencia exclusiva del nivel nacional, sino también del ámbito local, por lo que comparten programas sociales e ideas de gobierno.

Mientras Sheinbaum ejerce la congruencia y lealtad a un proyecto político donde se ha desarrollado desde décadas atrás, algunos quisieran que se desmarcara y traicionara a López Obrador.

Y si no lo hace, pretenden ridiculizarla en las redes asegurando que es “imitadora” del presidente. Muchos no reconocen su trayectoria académica en el Instituto de Ingeniería de la UNAM y seguramente no recuerdan cuando fue secretaria del Medio Ambiente con el entonces jefe de gobierno Andrés Manuel López Obrador; o cuando ocupó una tienda de campar en el plantón pacífico de Reforma y el Zócalo que fue instalado a manera de protesta pacífica por el fraude de 2006.

A Claudia Sheinbaum le pueden criticar muchas cosas pero no su falta de congruencia. Ella, incluso más allá de Morena, ha sido y será obradorista.

En el reciente episodio de su secretaria de Turismo, Paola Félix Díaz, quien utilizó un avión privado para viajar a Guatemala, Sheinbaum no dudó en aceptar su renuncia bajo la idea de que los principios están por encima de las funcionarias y funcionarios, por más eficientes que sean.

Los ataques en su contra son cada vez más burdos, la acusan injustamente de ser un “apéndice” del presidente o de “no trabajar” por haber realizado viajes cortos a otras entidades. Pero esos ataques propagandísticos, diseñados con burdos memes y alentados por el viejo régimen no son más que la utilización de los instrumentos que mejor dominan ante la carencia de argumentos de fondo.

Si bien aún falta tiempo para las definiciones en la contienda interna de Morena, Sheinbaum se va fortaleciendo y su crecimiento es proporcional a los ataques recibidos.

Está en la mira de los opositores porque en el fondo les preocupa su congruencia y lealtad a la 4T. Y en los próximos meses arreciará la embestida.

Por lo pronto, el presidente continúa mandando señales y la considera cada vez más en sus giras e incluso tiende una estrecha colaboración con ella no solo en temas como la pandemia y la seguridad sino en seguimiento a la reconstrucción de la Línea 12 del Metro.

Sheinbaum está fortecida porque encaja naturalmente en el proyecto que le dio cabida pero que a su vez ayudó a construir durante años desde la base.

La garantía de continuidad que implica para la transformación del país, es lo que tiene de cabeza a sus adversarios.

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