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A tres años, la esperanza sigue viva

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Hace tres años, el 1 de diciembre de 2018, el presidente Andrés Manuel López Obrador comparó a su gabinete con el de Benito Juárez: solo los y las mejores podrían estar a la altura de la Cuarta Transformación. Unos mostraron su eficacia desde el primer día; algunos se quedaron en el camino; otras tropezaron como Josefa González Blanco quien detuvo un avión comercial sin entender la magnitud del reto y tuvo que renunciar a la Secretaría del Medio Ambiente. Otros más sin entender la misión histórica como Santiago Nieto acabaron invitando a sus eventos más privados a los enemigos del presidente, seducidos por las mieles de los poderes mediáticos.

Sin embargo, con más aciertos que tropiezos, la esperanza sigue vigente porque si alguien entendió desde el primer minuto que no tenía derecho a fallar fue el propio AMLO.

Por eso el presidente movió desde el primer minuto al elefante reumático burocrático para establecer programas sociales sin intermediarios; transferencias directas a millones de adultos mayores, niños, niñas y jóvenes marginados, a quienes les dio una opción de futuro más allá de acabar enganchados por grupos delincuenciales.

En el marco de la visión histórica del presidente está claro que en las elecciones de julio de 2018 ganaron los liberales, perdieron los conservadores y murió el mal Gobierno Neoliberal que abarcó décadas de saqueo de recursos públicos sobre las espaldas de la mayoría. Dinero de todos que en lugar de ser invertido en el desarrollo acabó en paraísos fiscales y mansiones en México y el extranjero.

Años de autoritarismo y desprecio por las causas populares que terminaron acentuando la desigualdad y provocando la polarización que hoy algunos de forma obtusa e hipócrita le adjudican a López Obrador. Sin entender que él no es causa sino efecto.

Tras esa noche oscura llegaba el tiempo de prender la luz a partir de la elección de 2018. No obstante, la pandemia que llegó prácticamente al inicio de la administración consumió no solo los esfuerzos gubernamentales sino de un país entero que se vio sorprendido, al igual que el mundo, por un virus tan contagioso como implacable que terminó por desnudar un sistema de salud que nos dejaron en ruinas, al igual que todo lo demás.

Así, en éstos tres años AMLO y su equipo han tenido que librar una lucha contra la corrupción, la pandemia y al mismo tiempo enfrentar las resistencias propias de esa lucha contra la corrupción.

El viejo régimen se resiste a desaparecer y sus protagonistas dan una intensa batalla, lo mismo en los medios tradicionales que en las redes, optando por reagruparse con todos los recursos políticos y económicos a su alcance, hacia el 2024.

En medio de todo esto, AMLO ha logrado no solo consolidar los programas sociales sino avanzar con sus proyectos de desarrollo poniendo su mirada en el presente y futuro con sus obras insignia: el Aeropuerto Felipe Ángeles, el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas. Pero también aumentan los recursos en salud, se consolida la Guardia Nacional y se reactiva la economía sin endeudamientos y sin subir impuestos.

AMLO enterró la frivolidad de expresidentes pasados, predica con el ejemplo de la austeridad y se sacude todos aquellos intereses particulares que abrazaban al poder presidencial en turno hasta asfixiarlo y desecharlo.

El presidente ha puesto los parámetros de comparación. Quiere estar junto a los gigantes de la historia del país: Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Cárdenas.

Sabe que esto sería imposible sin el apoyo popular. Por eso en diciembre de 2018 también pidió: “No me dejen solo; sin el pueblo, no valgo nada”.

Al presidente le quedan ya poco menos de tres años en el poder y tiene tanta prisa como sus detractores. Por eso las jornadas de trabajo son diarias e intensas. Por igual el margen de error se reduce para sus colaboradores que están a prueba constante en eficacia y lealtad.

López Obrador mantiene viva la esperanza de millones de mexicanos y mexicanas que hoy sienten que tienen un lugar en un país que los había abandonado, pues una oligarquía los había sentenciado a la explotación y el desprecio.

Si los primeros tres años fueron complejos los próximos tres serán cruciales no solo para el gobierno de AMLO sino para el futuro de la Nación.

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