En días recientes se publicó una entrevista en la que un representante de la élite económica del país se definió como “de izquierda”. Más a allá de las intenciones electoreras que impulsaron la declaración, la reflexión que nos provoca este tipo de escenas surrealistas gira entorno a profundizar en la dicotomía izquierda-derecha; al no ser ésta la única forma utilizada para situar a los partidos, fuerzas, frentes o actores sociales en el escenario político. A lo largo de nuestra historia se han presentado otras divisiones antagónicas: entre liberales y conservadores, progresistas y reaccionarios, fascistas y antifascistas, son algunos ejemplos de cada una de estas posturas, las cuales ha recurrido a planteamientos teóricos con la intención de justificar su actuar. Razón por la que hoy quiera compartir con ustedes el papel que ha jugado la economía en este entrampado.
El señor X González personifica a un grupo social que durante cuatro décadas se presentó como el sujeto protagonista de un modelo económico que hoy da cuenta de su fracaso -el neoliberalismo-, pero que durante este periodo benefició a su élite. De ahí que su discurso de hombre de izquierda nos resulte inverosímil, sabiendo que su función política es intentar seguir reproduciendo un sentido común que naturaliza el orden social que hoy se busca trascender. Un sentido común que intenta mostrar que lo existente es lo único posible y, por ende, en su andar descalifica las utopías y sólo reproduce distopías. Un sentido común que se ha valido de un grupo de falsos economistas cuya tarea ha sido justificar teóricamente lo que su grupo de élite es en la práctica.
Estos ideólogos, que bajo el amparo del paradigma marginalista falsamente se presentan como economistas, deben ser identificados. Por eso, amable lector(a) aquí le doy algunos sencillos consejos para ayudarles a distinguir a un economista neoliberal: cuando usted se encuentre con planteamientos (escritos u orales) cargados de elogios a la competencia, a la libre circulación de capitales, y en general a la iniciativa privada. ¡Cuidado! Es muy probable que usted tenga enfrente a un economista neoliberal. Cuando en un planteamiento se antepongan los temores a la inflación o a la salida de inversión del país, al bienestar de los trabajadores. ¡Cuidado! Es muy probable que usted tenga enfrente a un economista neoliberal. Cuando se encuentre con una crítica a formas de propiedad distintas a la propiedad privada. ¡Cuidado! Es muy probable que usted tenga enfrente a un economista neoliberal.
Esta identificación no tiene otro propósito que resignificar el papel de las y los economistas. Marcar distancia con aquellos que formados bajo una concepción tecnócrata, y cobijados al amparo de las formalizaciones matemáticas, no logran entender que lo que le da el carácter científico a la ciencia económica no son las matemáticas en sí, y menos cuando esta expresión técnica desplaza de los análisis la historia particular de los actores económicos, contribuyendo así a fundamentar y/o justificar una racionalidad económica productora de desigualdades.
La verdadera ciencia económica se caracteriza por la elevada significación social y comunitaria dirigida a hallar soluciones a los problemas económicos vigentes. Esa fue la justificación que se planteó cuando en la década de los 20 del siglo pasado se creó la licenciatura en economía en este país, ante la necesidad de formar a hombres y mujeres con un interés profundamente humano respecto a los problemas nacionales. Lo cual implicaba un profundo compromiso ético y social. Cualidades que en las últimas décadas fueron ignoradas en aras de la privilegiar la formación de economistas tecnócratas, ajenos a la realidad de la vida y los problemas ingentes del momento histórico. Trayendo como consecuencia la proliferación de economistas doctrinarios, incapaces de comprender el movimiento histórico y los cambios que se presentan en el mundo actual.
Por lo que hoy, un reto al que nos enfrentamos las y los economistas es el de reflexionar entorno a los problemas práctico-morales y los problemas teórico-éticos de las relaciones económicas en nuestra sociedad, para así poner en su justo lugar la moral efectiva de un grupo social que pretende que sus principios y normas tengan una validez universal, al margen de necesidades e intereses de la población en su conjunto, tal y como nos enseñó en maestro Adolfo Sánchez Vázquez. Tarea que nos requiere romper el sesgo ideológico neoliberal que acompañó la formación de las nuevas generaciones de economistas; y que francamente nos entusiasma. Porque gracias a las enseñanzas de economistas con vocación de transformación aprendimos que cuando lo nuevo acaba de nacer, tanto en la naturaleza como en la vida social, lo viejo, aunque se mantiene fuerte durante cierto tiempo, tiende sin duda alguna a desaparecer. Y el tiempo de los economistas neoliberales es cada vez más corto; para muestra basta con ver que su escepticismo sin reflexión intelectual ha comenzado a manifestar su incapacidad para convencer. Lo que nos facilita la tarea de trabajar en favor del surgimiento de nuevos senderos.


