La iniciativa eléctrica llega justo a la mitad de sexenio, posicionándose de alguna manera como la eje nodal del proyecto político de López Obrador, porque éste tiene que ver con la recuperación de la soberanía energética, pero, principalmente, con la reconstrucción y revalorización del Estado, para ponerlo de nuevo al servicio del pueblo.
Para lograr eso, había que transformar el rol del mismo Estado, no solo ante la sociedad, sino también con respecto a su participación en la economía; es decir, convertirlo de nuevo en un Estado capaz de generar bienes y valores públicos, para luego invertir en las necesidades e intereses del pueblo.
En este sentido, la reforma eléctrica de López Obrador termina siendo clave en esa revalorización del Estado, pues resucitará a una empresa pública estratégica para garantizar la seguridad y soberanía energéticas que, como ya hemos comentado antes, son un asunto de seguridad nacional.
Además, esta iniciativa va de la mano del eje transformador del actual gobierno: combatir la corrupción, por más que la oposición asegure que se trata de una premisa reduccionista o demasiado simple.
Fue la corrupción la que hizo posible que se aprobara la antirreforma energética de Peña Nieto, mediante sobornos millonarios, para legalizar que las empresas transnacionales pudieran llegar al país y enriquecerse a costa del patrimonio nacional, sin asumir prácticamente ningún costo ni riesgo. Por el contrario, las y los mexicanos terminamos financiando a estos consorcios.
Fue la corrupción lo que le ató las manos a la CFE y la forzó a costear subsidios de los privados, asumir pérdidas millonarias o hasta pagarles renta por gasoductos que ni siquiera se acabaron de construir, como relata el presidente en su nuevo libro.
Fue la corrupción la que hizo que Calderón y Kessel beneficiaran tanto a Iberdrola, para después terminar siendo sus empleados, una vez que salieron del gobierno. Y es la corrupción la que está obligando a muchos opositores y cabilderos a difamar la nueva reforma eléctrica, pues pone en riesgo los intereses de sus patrones.
Ahora que el modelo económico alternativo está dando éxito y resultados —incluso a pesar de la pandemia—, los neoliberales no son capaces de explicar qué modelo de país querían hacer; es tal la exhibida que se le está dando a su fórmula fallida, que no les queda mas que la mentira, el insulto, el clasismo, el discurso de odio.
Por eso la oposición está moralmente derrotada. Se quedaron sin argumentos, sin referentes, expuestos. Y el debate sobre la reforma eléctrica de AMLO está confirmando esto de manera contundente.
Si una parte del PRI quiere recuperar un pedacito de dignidad histórica y nacionalismo, deberá votar a favor de la iniciativa presidencial, de lo contrario que, el próximo año, no le sorprenda una derrota que los ponga al borde de la extinción en 2024.


