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El CIDE o “Tlatelolco” en el Starbucks…

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En agosto de 2021, Sergio López Ayllón, después de ocho años desempeñándose como director del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), presentó su renuncia al presidente de la República y a la directora general de CONACYT, María Elena Álvarez Buylla. En una carta enviada a la comunidad del CIDE explica “llegué a la conclusión que mi ciclo como director ha concluido y que conviene que tengamos una dirección renovada que pueda seguir dando cauce a las nuevas necesidades institucionales”.

¿Por qué “nuevas necesidades institucionales”? ¿Acaso el CIDE no se dedica sólo a la enseñanza e investigación como parecen muchos creer y esto no tiene motivo para cambiar? Pues no, no solamente se dedica a la enseñanza y a la investigación. En sus estatutos queda muy claro que para cumplir con su objeto que consiste en “producir y difundir conocimiento sobre aspectos medulares de la realidad social contemporánea y contribuir al desarrollo del país a través de un núcleo especializado de programas de docencia y vinculación de alta calidad, prioridad e impacto” puede llevar a cabo diversas actividades como “I. Realizar investigación científica básica y aplicada en las áreas de economía, relaciones internacionales, ciencia política, administración pública, historia, derecho y disciplinas afines; orientada hacia la solución de problemas nacionales, regionales y locales de nuestro país; II. Formular e impartir enseñanza a nivel licenciatura, especialidad, maestría, doctorado, así como cursos de actualización y especialización en las materias en las que se especializa; III. Actuar como órgano de consulta, emitir opiniones y realizar estudios en las áreas de economía, relaciones internacionales, ciencia política, administración pública, historia, derecho y disciplinas afines, cuando se lo soliciten el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y dependencias o entidades de las administraciones públicas federal, estatales o municipales, o instituciones sociales o privadas, de conformidad con las políticas que fije el Centro y apruebe el Consejo Directivo; IV. Vincular la investigación científica con los sectores público, social y privado, así como divulgar el conocimiento y los resultados de las investigaciones y trabajo que realice”.

Y pues en 2018 se plasmó en las urnas el cambio de la realidad social que venía gestándose desde hacía tiempo y que llevó a millones de mexicanos a decidir transformar el rumbo político y económico del país al colocar en la silla presidencial a un hombre proveniente de un partido distinto a los que en las décadas anteriores habían mandado en nuestro país. Una nueva realidad social con nuevas necesidades institucionales como atinadamente señaló el exdirector del CIDE. Necesidades institucionales que se satisfacen con nuevas personas con ideología, compromiso, visión, perspectiva distintos a los que imperaron durante años en todos los órganos, aparatos, dependencias del régimen pripanista.

Curioso que durante la andanada de desmantelamiento del Estado a partir de Miguel de la Madrid, pero, principalmente desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, cuando se eliminaron casi todas las empresas públicas incluyendo las paraestatales, se haya conservado el CIDE, creado en 1974, como entidad paraestatal. Aunque si tomamos en cuenta, como todo análisis riguroso debe hacerlo, que la doctrina neoliberal impuesta en México y en el mundo desde los años ochenta del siglo pasado, no sólo es una doctrina económica, política o filosófica, sino toda una cultura, una forma completa de ver, concebir y vivir el mundo, no nos causará asombro que el CIDE, junto con otros centros de pensamiento se hubiera no únicamente mantenido, sino que los gobiernos pripanistas lo hayan mimado e impulsado de manera especial. A partir de la década de los ochenta pueden observarse varias tendencias que reforzaron una reconfiguración del escenario que tendieron a privatizar la investigación sobre políticas públicas. Una de estas tendencias se tradujo en un activismo cada vez más acentuado de algunos centros académicos y sus expertos, especialmente el CIDE y el ITAM, los cuales defienden intensamente sus preferencias.

Porque el CIDE ha sido eso: un centro responsable de promover un pensamiento único que adquirió un protagonismo inusual en México con su participación en los debates siempre a favor de las reformas neoliberales, su toma de posición en las campañas electorales o en las protestas de fraude electoral y, en la actualidad, en las críticas y los ataques consuetudinarios contra el presidente, MORENA y la 4T.
Alejandra Sala-Porras Soulé en su indispensable libro “Conocimiento y poder. Las ideas, los expertos y los centros de pensamiento” plasma la exhaustiva investigación que llevó a cabo sobre el tema de los Think Tanks y muestra cómo detrás de los expertos y representantes del CIDE y de otros centros de pensamiento mexicanos en medios de comunicación se esconden mecanismos con alcance internacional -financiados por instancias públicas o privadas- y la capacidad de presionar en las altas esferas industriales y gubernamentales para apoyar causas particulares. Estos centros de pensamiento han asumido tareas como estadísticas, censos, encuestas en “laboratorios poco asépticos donde los resultados dejan ver sus nervaduras ideológicas y también los intereses de quienes los subsidian”, patrocinan y promueven. “Nombres conocidos, organizaciones y redes han homogeneizado los parámetros aceptables para producir conocimiento…Lo cual significa que el conocimiento, como recurso de poder, no es neutral, y es utilizado como uno de los insumos más importantes para la producción de nuestra sociedad misma”. Las élites desarrollaron una infraestructura, un conjunto de organizaciones y expertos que no elaboran nada más ideas de política pública afines a sus ideologías, sino que se convierten en defensores de dichas ideas en múltiples ámbitos y espacios de trabajo (Andrew Rich, 2011).

Es lógico, por lo tanto, que una vez que llega a la presidencia alguien con ideología distinta a la que había prevalecido durante la etapa neoliberal pripanista, surjan nuevas necesidades institucionales. Y si antes, cuando simplemente se trataba de un cambio de gerente, también había reemplazos de personal, pues máxime cuando lo que se pretende es una transformación del régimen.

Las protestas de quienes habían alcanzado influencia, poder y recursos financieros casi ilimitados, gracias a su producción, difusión y defensa férrea del conocimiento idóneo para beneficio de los grandes intereses económicos empresariales y sus siervos políticos, no se dejaron esperar. Todo comenzó con el nombramiento de la directora del CONACYT y las decisiones dirigidas a revisar y eliminar fideicomisos para fomentar la ciencia y el desarrollo que en realidad habían servido para transferir recursos públicos a empresas privadas. Ahora el enojo se ha dirigido a la ratificación como titular del CIDE del director interino José Antonio Romero Tellaeche. Aunque las reglas de nombramiento de este cargo no han cambiado con el gobierno de la 4T, cierta parte de alumnos y profesores repentinamente se muestran en desacuerdo con ellas, pese a que en los sexenios pasados no hubo ningún problema con su aplicación pese a la cercanía de los directores con Fox (como Enrique Cabrero) o con otros presidentes pripanistas.

Ugo Pipitone, investigador del CIDE asegura con enojo que el nuevo director “no se cansa de recordar que el centro debe adecuarse a los nuevos tiempos” a pesar de que como ya mencionamos, el mismo exdirector al renunciar reconoció las nuevas necesidades institucionales. Así mismo, señala que “el CIDE ha sido acusado de derechizarse, lo cual es un asunto de burda simplificación, de deformación de la realidad, la UNAM ha sido acusada de derechizarse…seguramente nos hemos derechizado medio país a estas alturas de la vida. Es obvio que eso genera malestar porque no es cierto”. ¿No es cierto? ¿Está hablando en serio? ¿En dónde vivió todos estos años? ¿Es cierta entonces esa caricaturización de los científicos e investigadores aislados cavilando dentro de su torre de marfil? ¿O se trata de plano de una profunda deshonestidad intelectual para defender privilegios de manera muy vulgar? Si no le basta lo que gran parte de la población ha apreciado y que la llevó a cambiar de gobierno en 2018, lo remito a la obra de Alejandra Salas-Porras cuya investigación, con datos duros, modelos matemáticos e informáticos, muestra una realidad distinta a la percibida por Pipitone (¿o será que en el CIDE no se conocen ni difunden trabajos de este tipo?). También afirma que “el CIDE, con casi medio siglo de historia, ha conquistado su prestigio gracias a su independencia de investigación y su libertad de pensamiento”…yo añadiría que siempre y cuando se trate del pensamiento neoliberal prevaleciente en todas las mesas de análisis y programas de entrevistas y debate a donde son invitados académicos de esta institución como Amparo Casar, Carlos Elizondo, Luis de la Calle, Javier Aparicio, Guillermo Cejudo, Fausto Hernández, Salvador Camarena, quienes muestran coléricamente en redes y en los medios su animadversión e, incluso, odio en contra de todas (no es exageración: todas) las decisiones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En otra de sus “joyas” declarativas, Pipitone asevera que el CIDE “no es un apéndice de las preferencias, fobias o estilo del gobierno en turno”. Efectivamente, fue, ha sido y es un apéndice de las preferencias, fobias o estilo de los gobiernos neoliberales.

¿Y acaso el nuevo director pretende llegar a imponer un pensamiento único? No. Eso es imposible en un ambiente donde, a diferencia de otras épocas, los medios y los grandes intereses afectados por el gobierno de la 4T están al acecho de cualquier intento de este tipo real o imaginado. Lo que se desea es la verdadera diversificación e independencia y ya no la casi absoluta sujeción académica y difusora de la ideología neoliberal disfrazada de una objetividad inexistente como puede apreciarse en las exposiciones mediáticas de los expertos pertenecientes a esta institución.

El pasado 19 de noviembre, alumnos y académicos protestaron afuera de las oficinas del CONACYT, con la consigna “Fuera Romero”. La protesta ocurrió tras las destituciones de Catherine Andrews y de Alejandro Madrazo. Los inconformes portaron pancartas en las que se leía, entre otras proclamas: “Un dictador no será mi dictaminador”, “Yo defiendo al CIDE, no nos politicen”.

Hablar de dictadores por el cese de dos personas repitiendo las consignas de los opositores de la 4T, ignorar las reglas de designación del director como si se trata de algo inédito cuando antes se aplicaban de la misma manera sin que se oyeran protestas, desconocer el papel que ha desempeñado el CIDE durante los regímenes pripanistas y que sigue desempeñando ahora con su activismo furioso contra el gobierno actual, muestra sin tapujos una politización absoluta con un sesgo ideológico muy marcado imposible de ocultar.

En 2019, la Auditoría Superior de la Federación reveló que el CIDE no posee mecanismos de control académico ni financiero. En la institución se rechaza a casi el 80% de aspirantes. Alberga a 700 estudiantes, recibe 400 millones de pesos anuales y gasta medio millón por estudiante. Sin embargo, no mostró ni el origen, ni los montos, ni evidencia de la recepción de las aportaciones de los ingresos a su fideicomiso patrimonial durante 7 años (2013-2019). Además, en 50 fondos académicos gastaron 18 mil 580 pesos, pero no dieron relación de gastos que justificaran las salidas de dinero del fideicomiso. En 265 proyectos financió el 30% con recursos propios y el resto con recursos externos de los cuales 142 incumplieron con el tiempo convenido. Específicamente de los 111 proyectos aprobados durante 2019, de 24 de ellos no se encontró evidencia del mecanismo de aprobación. De los proyectos iniciados en 2019, fueron 15 proyectos de los cuales 7 fueron aprobados por una instancia no facultada para ello. La Auditoria Superior encontró que en cuanto a integridad, valores éticos y normas de conducta no se incluye la prevención del plagio. Ni siquiera en el Código de Ética se prevé ningún procedimiento para sancionar las prácticas de plagio en la investigación. En cuanto al flujo de los recursos, en el CIDE no se garantiza la transparencia y rendición de cuentas. Además, gastaron poco más de 49 millones, pero 24 millones fueron depósitos a cuentas del mismo CIDE, sin que se presente la prueba documental. Por otro lado, en la auditoría se detectó que el CIDE tiene normatividad desactualizada con relación al uso de los recursos y no considera la evaluación y seguimiento de los proyectos.

¿Será que la revisión de los fideicomisos y la austeridad como una de las principales políticas públicas de este gobierno constituyen también los factores incómodos para una élite intelectual acostumbrada a su posición privilegiada? ¿Eso es lo que la está conduciendo a desmesuras tales como la comparación de su protesta con el movimiento estudiantil de 68? Lo riesgoso es que constituye una más de las manifestaciones de una oposición (nacional e internacional) que está intentando generar la imagen de un dictador autoritario y antidemocrático a fin de convencer a fuerzas externas (como Estados Unidos, por ejemplo) que intervenga y ponga orden, a ver si así puede recuperar sus prebendas perdidas y revertir las reformas que López Obrador está llevando a cabo en beneficio de las mayorías.

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