spot_img

Un propósito para el año 2022

- Anuncio -

El comienzo de un año nuevo nos hace recordar que hace veintiún mese se declaró la pandemia de enfermedad generada por SARS-CoV 2, virus que nos atacó a nivel especie, pero al que los seres humanos hemos enfrentado a nivel de países y grupos sociales. De ahí que el propósito de estas líneas sea reflexionar entorno a uno de los errores más graves al interior de las disciplinas sociales en los años de auge neoliberal: la alevosa desaparición de los análisis de las clases sociales.

Hoy en día es frecuente encontrarse con trabajos en los que no se distingue la diferencia entre el análisis de clase y el análisis de estrato; o bien, en los que alevosamente ambos son tomados como sinónimos. Esto ha llevado a reproducción de planteamientos económicos que, bajo el amparo de metodologías sofisticadas, utilizan criterios carentes de sustento teórico que poco aportan al análisis, tales como clase alta, clase media y clase baja. Que, con indicadores cuantitativos que no toman en cuenta el lugar que ocupa cada una de las personas dentro del sistema de producción, colocan a la mayoría de la población dentro de la clasificación de clase media, sin considerar si se tratan de propietarios de empresas medianas, profesionistas, o trabajadores asalariados. Esta falta de rigor resulta congruente con una posición conservadora que plantea querer una sociedad sin los elementos que la revolucionan y la componen. Es decir, de querer un capitalismo sin obreros. Y en su afán por mantener este imposible, dicho sea de paso, se pronuncia en contra de toda transformación que no entiendan.

Estas plumas, que durante años se presentaron como expertas, son incapaces de convertir sus planteamientos en tinta materialista. Pues con su absurda pretensión de utilizar palabras “neutrales” a la hora de estudiar la sociedad, no solo generaron imprecisiones, sino también importantes errores conceptuales. Como ejemplo se tiene los trabajos en los que evitando a toda costa la utilización del concepto de clases sociales, hablan de “grupos de ingresos superiores o inferiores”, sin explicar la base sobre la cual construyeron sus criterios de clasificación, o en el mejor de los casos, eligieron arbitrariamente determinado número de salarios mínimos para hacer la clasificación. El extremo de estos trabajos se alcanza cuando con la intensión de comparar estos grupos de ingresos, llegan a utilizar determinado número de dólares como medida, sin tomar en cuenta las distintas condiciones económicas al interior de cada uno de los países de interés; por ejemplo, el poder adquisitivo de las personas o el porcentaje de productos importados de la canasta básica. Otro ejemplo se encuentra en los esfuerzos por trasladar la famosa teoría del equilibrio económico al estudio de las clases sociales, intentando negar la existencia de la lucha de clases, mediante la incorporación de argumentos elitistas que buscan desviar la atención sobre los problemas de la estructura y los procesos sociales, y privilegian la búsqueda de causas externas para los fenómenos sociales.

De ahí que la actitud apolítica asumida por los autonombrados intelectuales los llevara a posiciones conformistas ante los problemas económicos y políticos, trayendo como consecuencia el estancamiento de su pensamiento científico. El cual, como se puede ver, se ha vuelto más vago, metafísico y pesimista; al punto tal que los ha vuelto incapaces de reconocer que las mayores expresiones de violencia de la humanidad han sido impulsadas por las élites que se ven favorecidas con sus planteamientos. Élites que, como se retrata en la popular película Don´t look up, muestran mayores preferencias por la desaparición de la humanidad, antes que, por la pérdida de sus intereses inhumanos. Dejando en evidencia la incapacidad de comprender que el capitalismo no es más que un momento histórico concreto.

En contraste con los pronósticos que se tenían el año pasado, como resultado de los avances científicos alcanzado en materia médica y farmacéutica, la organización social basada en el dominio de unos hombres por otros y el de unas naciones sobre otras, nos ha impedido hacer frente al reto histórico que hoy se nos presenta. El ser humano, que tanto se ufana del éxito alcanzado en los procesos de apropiación y transformación de la naturaleza con arreglo a los propósitos de obtención de ganancias -es decir, de haber humanizado a la naturaleza-, ha fracasado en el proceso de humanización de la espacie humana, al privilegiar los intereses de una élite que ejerce el dominio económico y político de la sociedad. De ahí que el propósito que les comparto para este año sea el de retomar los análisis de las clases sociales en los estudios contemporáneos.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER