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La inteligencia es una categoría moral

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Absolver y beatificar al tonto ha sido una tradición milenaria, una práctica de los conservadores que los caracteriza día con día.

La razón por la que la gente actúa con maldad la mayoría de las veces proviene de equivocaciones en su reflexión o bien de la nula existencia de esta y por ende de su falta de juicio. El juicio se mide en función del grado en que logramos conciliar los sentimientos con el entendimiento. Las manifestaciones de maldad no son solo fracasos del sentimiento sino de la inteligencia y el entendimiento.

En las últimas semanas hemos visto una cascada de fracasos morales en el discurso de los antiguos y de sus domesticados:

“Nos deben una explicación, porqué el país está derrumbándose??”

Vicente Fox

A pesar de su ya conocida mala redacción el aspirante a ser beatificado imparte desde su exuberante incoherencia una maldad implícita, un fracaso absoluto para cualquier tipo de discurso político.

“¿En serio? ¿Presumes eso cuando hay desabasto generalizado de medicamentos, para no hablar de los niños con cáncer? ¿Pues cuánto se robaron?”

Jorge Berry

Aquí otro fracaso moral basado en la repetición de verdades torcida, con un claro odio a un tweet de Zoé Robledo manifestando su alegría por la recaudación de cuotas obrero-patronales.

Desde el siglo I podemos ver el encubrimiento de los fracasados, los locos, en escritos de San Pablo sobre ser un necio por cristo. En el medioevo se popularizó la idea de que la locura de algunos malignos era santa. Y ahora lo vemos con los medios hegemónicos y sus jilgueros, que bajo el concepto de libre expresión salen todos los días a vomitar serpientes y fuego en contra de todo lo que sus amos detestan.

La campaña de odio en contra de la nueva política pública de becas implementada por el gobierno de Sheinbaum es uno de estos pináculos de carencia intelectual, López Dóriga indignado por mencionar uno de los cientos inmorales que aún creen en el sistema de olvido a los más vulnerables como aliciente para el echaleganismo aspiracional que está más que claro sólo ha funcionado para crear una desigualdad atroz e inhumana.

“ Para este gobierno, la búsqueda de la excelencia es un estorbo para sus planes. Lo que quiere son ciudadanos pobres e ignorantes, sometidos a su capricho y maniatados con dádivas.  Cualquiera que quiera progresar es su enemigo.”

Pascal Beltrán del Río

Aquí leemos a la inteligencia prácticamente enterrada por la emoción, una búsqueda de elegancia comunicativa forjada en la absoluta carencia de análisis. Lo preocupante es que estos ejemplos que he utilizado comparten el hecho de que son personajes con reflectores, con particularidades de ser fomentados en espacios masivos y públicos pero con dueños que no les imponen que decir sino que les robaron toda la voluntad.

Los medios hegemónicos han creado una erosión de la inteligencia como del sentimiento y han generado una pérdida en la capacidad de elegir y hacer juicios morales. Han creado a muchos estúpidos incapaces de actuar con un criterio moral empezando por la mayoría de sus presentadores.

Es una balanza de emoción e inteligencia la que hace falta urgentemente fomentar, olvidarnos de realizar juicios sobre la sola base de la emoción o bien solo sobre la base de la inteligencia.

La inteligencia y la emoción confluyen para realizar juicios sobre lo que está bien o está mal para de esa forma actuar con criterio moral dependiendo de estas dos por igual, y sólo encontrando el balance o acercándonos a él entenderemos que la inteligencia es una categoría moral.

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