A muchos simpatizantes del presidente Andrés Manuel López Obrador, llamó la atención la postura que asumió el gobierno ante el conflicto entre Rusia y Ucrania (o, con mayor exactitud, entre Estados Unidos y la OTAN contra Rusia tomando como pretexto a Ucrania).
Desde el comienzo de su mandato, en su papel de jefe de Estado, ha sido muy claro en sujetarse a los principios de política exterior que debe observar de acuerdo con lo que dispone la fracción X del artículo 89 constitucional: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, así como el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.
En su conferencia matutina del 23 de febrero, AMLO manifestó: “Nosotros somos partidarios de la política de no intervención y autodeterminación de los pueblos, no queremos invasiones, no aceptamos que un país invada a otro, no hay ninguna razón, es contrario al derecho internacional. Esa es nuestra postura. No queremos conflictos, somos partidarios de la paz y del diálogo, de los acuerdos, sobre todo que actúen de manera responsable las potencias, las naciones hegemónicas y se abandone para siempre la costumbre del intervencionismo y las invasiones y que siempre se haga valer el principio juarista de que ‘entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz’, parece que se les olvida a gobernantes del extranjero, andan de metiches”. Al día siguiente, al ser cuestionado nuevamente sobre el tema, agregó: “No estamos a favor de ninguna guerra, México es un país que siempre se ha pronunciado por la paz y por la solución pacífica de las controversias…Que haya diálogo, no queremos guerra en ningún lado, no queremos que la gente sufra, que la población civil sea afectada, no queremos la confrontación”
Los opositores de derecha – encabezada por los Krauze y Felipe Calderón – asumiendo su acostumbrada adherencia acrítica a la posición estadounidense, empezaron a reprobar la “tibieza” de la respuesta oficial mexicana. La Embajada de Ucrania había reprochado a México que no condenara abiertamente la invasión rusa e, incluso, exigió que cortara relaciones con el Gobierno de Vladimir Putin. Pasado el mediodía también hubo protestas encabezadas por decenas de miembros de la comunidad ucraniana frente a la representación rusa en la Ciudad de México.
Más tarde, en un mensaje grabado que el canciller Marcelo Ebrard transmitió por sus redes sociales, señaló que “México rechaza el uso de la fuerza y condena enérgicamente la invasión rusa a Ucrania. Demanda cesen las hostilidades, se inicie diálogo, se proteja a la población. Aquí instrucciones al Dr. Juan Ramón de la Fuente para el Consejo de Seguridad de mañana”. Afirmó. “Tenemos muy claro que estamos ante una invasión, ya no hay ninguna duda sobre ello”.
El viernes siguiente, AMLO confirmó que la postura del país es “rechazar, condenar cualquier invasión de cualquier potencia… en este caso de Rusia, pero lo mismo si se trata de China o Estados Unidos“. Añadió: “Lo que se planteó ayer se da en este marco y en una situación especial que tiene que ver con nuestra historia, nosotros vinculamos la no intervención a no participar en decisiones de otros países en ningún terreno, que no haya financiamiento de países extranjeros contra un gobierno legal y legítimamente constituido, que no haya espionaje y se respete la soberanía de los pueblos, y desde luego lo extremo en el intervencionismo son las invasiones militares, que nosotros hemos padecido”.
Imposible hacer a un lado nuestra vecindad con Estados Unidos y los múltiples lazos económicos y sociales que nos unen con ese país, con ese imperio…en decadencia, sí…pero imperio al fin. Porque aunque los grandes medios nacionales e internacionales lo oculten, lo que está sucediendo en Ucrania tiene mucho que ver con los intereses económicos, comerciales y geopolíticos de Estados Unidos y sus aliados europeos de la OTAN, que azuzaron lo que está sucediendo en Ucrania por múltiples razones (incluyendo la popularidad menguante de Biden y Johnson, así como y el desvío de la atención sobre los problemas internos que padecen después de una crisis tan grave como ha sido la pandemia).
AMLO hizo lo que tenía que hacer. Adoptó la postura más conveniente para nuestro país. Aunque la situación de Ucrania es muy distinta histórica, social y políticamente a la de México, no puede dar ningún pretexto para que Estados Unidos – con ayuda de la apátrida y traicionera oposición reaccionaria que ya ha pedido (y seguirá haciéndolo a fin de recuperar sus privilegios) su intervención en nuestro territorio – viole la soberanía nacional como lo hizo en los sexenios pripanistas y como continúa pretendiéndolo. No cerró filas con Rusia como lo hicieron Venezuela, Cuba o Nicaragua, pero tampoco asumió una actitud de beligerancia extrema contra ese país como los gobernantes de Colombia o Chile.
Quien ha asumido una postura dura, nada discreta ni imparcial, ha sido Marcelo Ebrard (incluso diarios como France24 o El país advirtieron las distintas actitudes del gobernante mexicano y su canciller: uno moderado y el otro más estridente). En su cuenta de TW, muestra con entusiasmo (como acostumbra hacerlo al exhibir “selfies” con grandes personalidades) su acercamiento con embajadores de Ucrania y la Unión Europea. Para ser integrante de un gobierno que ha sido víctima de un ataque mediático cruento e intenso – no sólo nacionalmente sino también por parte de potencias occidentales – se comporta siguiendo al pie de la letra el guion que en este conflicto han marcado los medios hegemónicos sin considerar el contexto, los antecedentes históricos, las motivaciones geopolíticas y comerciales en juego.
No se necesita ser experto politólogo. Basta estar interesado en los asuntos internacionales por mero civismo o curiosidad intelectual – y no porque así lo indiquen la prensa y las redes sociales dependiendo del enemigo de turno al que les convenga, en un momento dado, poner bajo los reflectores y erigir en escándalo – para entender con un poco de profundidad de qué trata este conflicto. Es suficiente ver de qué lado se colocan actores como Televisa, Pascal Beltrán del Río, Dolia Estevez, Denise Dresser, CNN o Peniley Ramírez para saber que “el malo” no es Putin o, por lo menos, no sólo él. Como sostiene Ricardo Orozco: “Vista la sucesión de hechos en retrospectiva, lo primero que sale a la luz es la campaña en medios de comunicación occidentales que sistemática y permanente apuntaron que Vladimir Putin preparaba a su ejército para llevar a cabo una inminente incursión militar en territorio de Ucrania, —de acuerdo con esa misma narrativa— sin motivo aparente alguno que no fuese el puro deseo de satisfacer el hambre expansionista de ese gobierno… Antes que nada habría que anotar aquí que no todo lo que tiene que ver con el conflicto actual en Ucrania se explica por los últimos acontecimientos que lo han caracterizado… Esta coyuntura no se entiende si no es a través de su correcta contextualización dentro del marco temporal mucho más amplio que rodea a los sucesivos avances territoriales de la OTAN hacia el Este de Europa”. De lo contrario sería “invisibilizar esa historia mucho más añeja, mucho más prolongada, que rodea a las campañas de expansión de una organización que, no debe de olvidarse, nació como —y sigue siendo— una alianza continental de naturaleza bélica cuyo principal objetivo y su raison d’être es, si bien no deshacerse por completo de Rusia, sí reducir a su mínima expresión las capacidades militares, políticas, económicas, financieras, energéticas, etc., de este Estado y la influencia que pudiese llegar a tener, sobre todo, en una amplia franja geográfica que recorre a toda Europa del Este, de Norte a Sur, desde el Báltico hasta el Egeo”.
Para quien quiera buscarla hay mucha literatura rigurosa y profunda sobre el asunto, más allá de lo que nos relatan The New York Times, The Washington Post, Diario ABC, Reforma, o El Universal. Dejamos aquí algunos enlaces que pueden resultar útiles:
https://rebelion.org/la-valoracion-estrategica-de-la-politica-exterior-rusa-en-ucrania/
https://rebelion.org/ucrania-jugar-con-fuego/
https://rebelion.org/la-actual-crisis-en-torno-a-ucrania-era-previsible-y-evitable/
https://rebelion.org/superman-en-ucrania/
https://rebelion.org/el-conflicto-entre-rusia-y-ucrania-es-expresion-del-desorden-mundial/
Algo huele muy mal cuando Televisa utiliza cínicamente la destrucción de 13 plantas en Gaza como supuesto «ataque ruso» https://revoluciontrespuntocero.mx/televisa-utiliza-cinicamente-destruccion-de-13-plantas-en-gaza-como-supuesto-ataque-ruso-usuarios-critican-su-falta-de-etica-video/ ; el telediario más visto de España inicia programa con «bombardeos rusos a Ucrania»; el video real fue sobre una explosión china en 2015” https://revoluciontrespuntocero.mx/fake-news-telediario-mas-visto-de-espana-inicia-programa-con-bombardeos-rusos-a-ucrania-el-video-real-fue-sobre-una-explosion-china-en-2015-video/ o Pascal Beltrán miente y comparte fotografía «actual» del presidente ucraniano en frente militar cuando la imagen se tomó en abril de 2021 https://revoluciontrespuntocero.mx/pascal-beltran-miente-comparte-fotografia-actual-del-presidente-ucraniano-en-frente-militar-la-imagen-se-tomo-en-abril-de-2021/
Por eso se agradecería mayor discreción y prudencia por parte del Secretario de Relaciones Exteriores. Se entiende que tenga sus fobias y filias políticas y, sobre todo, que quiera aprovechar momentos como este – donde son necesarias sus funciones diplomáticas – para atraer la atención y congraciarse con los grandes medios y sus opinadores, pero se esperaría una actitud más sensata de un aspirante a la presidencia que pretende suceder a alguien como AMLO quien ha mostrado gran dignidad e independencia en política exterior y en todos los demás ámbitos.


