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¿Dónde están nuestros líderes?

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Elvira Arellano

 

(11 de octubre, 2013).- La cifra de deportaciones durante la administración de Obama -y la separación de familias- alcanzará a dos millones este mes. Prácticamente todos los años de la presidencia de Obama las esperanzas han subido sólo para ser aplastadas después. De hecho, los únicos avances que hemos logrado vinieron cuando al presidente le hemos puesto la suficiente presión para que utilice su poder ejecutivo para frenar las deportaciones, es decir, la política de discreción procesal y los aplazamientos que les ofrecieron a los jovenes soñadores.

A la vez, esta administración ha elaborado métodos más sofisticados para aplicar las leyes migratorias, con el resultado de que el número de personas deportadas se ha duplicado en comparación con la administración republicana anterior.   ¡Eso nos ha llevado a la temible cifra de dos millones!  ¿Cuál será la verdadera posición del presidente?

Me causó frustración enterarme de que la administración de Obama presionaba al gobernador Brown de California para que no firmara el proyecto de ley de las licencias de conducir que la comunidad había logrado en la legislatura estatal. Cuando algunos gobiernos municipales lucharon para resistir la presión para que sus policías cooperaran con el programa federal “Comunidades Seguras”, la administración de Obama los presionó con amenazas de quitarles sus fondos federales.

La participación enorme de los latinos en las elecciones del año pasado parecía haber cambiado las ideas de políticos de ambos partidos. Nos prometieron una solución para junio. Ya llego el mes de octubre y la parálisis en Washington sigue demorando cualquier avance legislativo. Pero las deportaciones continúan.

El 5 de octubre fue un día de movilización nacional para una reforma migratoria. Se han aumentado las deportaciones. Me dio mucho orgullo haber marchado en 2006 con una comunidad latina unida.  El 5 de octubre de este año fue sólo una sombra de aquella movilización histórica. ¿Por qué?

Hay unas cuantas organizaciones que siguen, en una forma constante, exigiendo el fin inmediato de las deportaciones. Pero la mayoría de las organizaciones pro-derechos migrantes, latinas y sindicales se han convertido en instrumentos para el partido demócrata.  Han organizado campañas de cabildeo en distritos republicanos, cuyos curules están ocupados por congresistas que también son los blancos para el partido demócrata en las elecciones próximas.  Esta estrategia no está dando resultados.

A la vez que la mayoría de estas organizaciones están haciendo la labor del partido demócrata, nos dicen que no debemos retar al presidente con su récord de deportaciones. Nos dicen que debemos volver más “políticamente sofisticados” y participar más en el proceso político, al lado del partido demócrata.

Debemos recordar que durante la lucha histórica pro derechos civiles, que se acaba de conmemorar con el aniversario de la marcha a Washington, Martin Luther King y sus colegas dirigían su lucha anti-segregación en contra de un presidente que pertenecía al partido demócrata. Claro que los republicanos no eran sus amigos, pero el movimiento apuntó sus acciones masivas y de desobediencia civil en contra del gobierno en poder que les estaba causando problemas.

En aquel entonces existían políticos a quienes más les interesaba utilizar el tema de la segregación para fines electorales que para acabar con la opresión.  Pero líderes como Martin Luther King no cayeron en sus trampas.

Hay otra cosa distinta hoy en día. Muchas de las organizaciones que ejercen liderazgo en nuestra lucha reciben millones de dólares del gobierno y de fondos caritativos vinculados con el partido demócrata. Todos debemos recordar que las marchas no fueron iniciadas por las organizaciones con fondos, de hecho, tuvieron que correr para alcanzar las bases en el nivel del pueblo.

Esta clase de “sofisticación política” nos ha hecho impotentes.  Debemos dejarnos guiar por la verdad y no por la politiquería.  Debemos establecer una fecha limite firme del 1 de diciembre para que se acaben las deportaciones, sea por acción legislativa o por el presidente, y a los dos millones de deportados debemos enfrentarlos con dos millones marchando en las calles.  Luego debemos convertir nuestras iglesias, nuestras ciudades y nuestros estados en santuarios de resistencia.

Los demócratas deben aprender que si desean nuestros votos se los tienen que ganar, y eso significa defender a nuestras familias, no simplemente echando toda la culpa a los republicanos mientras que una administración del propio partido demócrata deshace nuestras vidas y el futuro de nuestros hijos. Existe un movimiento de fe, familia, y la próxima generación que surge de nuevo está ahí para exigir que se deje a un lado la politiquería partidista, se terminen las deportaciones, la militarización de nuestras fronteras, y se apruebe una legalización.  Si nuestros supuestos líderes no cooperan con esto, deben ser remplazados.

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