Por Elvira Arellano
(14 de mayo, 2014).- El domingo por la tarde regresé a mi hogar en la Iglesia Metodista Unida Adalberto. Había viajado con una delegación de la Familia Latina Unida a San Antonio, Laredo, Texas con el propósito de organizar el regreso de Marlenne Salmerón y sus dos hijos que son ciudadanos estadounidenses, además de su reunificación con su esposo Gustavo.
Hace un año participé en una delegación que, desde el lado mexicano de la frontera, se había reunido con una delegación del lado estadounidense, para sacar a la luz la cruel separación de familias. En aquella ocasión, mi hijo, un ciudadano de los EE.UU., pudo cruzar mientras que yo tuve que regresar a mi hogar en Michoacán como un perro golpeado, cargando una prohibición de re entrar que iba a durar 20 años. Pero esta vez, gracias al apoyo de muchas personas, me encontraba unida con mi hijo en EE.UU.
Marlenne Salmerón es sólo una de millones que entraron en este país “sin inspección”. Se casó con Gustavo Salmerón, ciudadano de EE.UU. por naturalización, y tuvieron dos hijos.
A base de un consejo malo de parte de un abogado que se había anunciado mucho en los medios, los Salmerón viajaron a México para intentar arreglar el estatus migratorio de ella. En lugar de legalizarse, las autoridades norteamericanas le impusieron una prohibición de regresar a EE.UU. por 10 años.
Durante seis años, Marlenne ha vivido en México con sus hijos, mientras que Gustavo ha trabajado como profesor de educación bilingüe, enviando dinero a ella para que pueda sobrevivir. Esta separación fue una causa de tristeza diaria para este matrimonio, especialmente para sus dos hijos.
Tanto en San Antonio como en Laredo, encontramos líderes fuertes que han sobrevivido desde los tiempos de Cesar Chávez a pesar de represión, encarcelamiento por causas falsificadas, y racismo de parte de los que manejan el poder en Texas: líderes como Jaime Martínez, Jaime Ríos, Isidro Garza y su familia.
Desde México, Pepe Jacques Medina vino a estar con nosotros. En un tiempo perseguido por ser indocumentado, Pepe había organizado la primera marcha pro legalización a Washington en 1996. Eventualmente subió al puesto de diputado en el Congreso Mexicano. Nuestra gente debe aprender a reconocer a estos luchadores que jamás se han dado por vencidos, ni perdido su fe.
Pepe Jacques le ayudó a Marlenne a preparar los trámites oficiales que explicaba la vida de temor que ella y sus hijos habían experimentado. Padres y madres, deportados y separados de sus hijos que son ciudadanos estadounidenses, se han convertido en blanco de chantaje y de secuestros, e inclusive a veces asesinatos, de parte de organizaciones delictivas cuyos miembros creen que los parientes en EE.UU. disponen de dinero de rescate en efectivo. Marlenne había recibido tales demandas para dar dinero, miro cómo habían intentado secuestrar a su hijo, fue testigo de un asesinato en público de alguien que se había rehusado a pagar a los secuestradores.
El 10 de mayo, día de las madres en México, nos juntamos bajo un sol ardiente en la frontera en Laredo, Texas, donde tiene vista al río bravo y el puente internacional. Parecía que cien perros ladraban desde el puesto de la patrulla, y los uniformados cambiaban sus tornos, preparándose para hacer sus malas decisiones del día.
Julie Contreras de LULAC, Pepe Jacques Medina y nuestro abogado, John Antia, cruzaron con Marlenne a las dos de la tarde. Emma Lozano y Gustavo esperaban en un punto medio en el puente, con un ramo de rosas del día de las madres. Debajo de los puentes una delegación fuerte que incluía el Sr. Alcalde de Laredo, varios sacerdotes, reverendos, soñadores, familiares y dirigentes comunales, organizaron un mitin y conferencia de prensa en un parquecito en el lado estadounidense, junto al río. Otra delegación apareció en el lado mexicano. Con altavoces hicieron posible oír las oraciones en ambos lados, y en el puente donde los oficiales fronterizos norteamericanos pusieron bajo custodia a Marlenne.
No me quito de la mente las lágrimas y gritos de su hijita cuando se llevaron a su madre, gritos como miles y millones de niños.
Habíamos preparado la documentación necesaria. Tuvimos apoyo muy fuerte. El amor que une a esta familia fue evidente para el mundo entero, un vínculo de amor que mostraba claramente su derecho dado por dios de permanecer juntos.
Cinco horas después recibimos una llamada: ¡Marlenne había sido soltada bajo libertad condicional humanitaria y regresada a su familia!
La administración del presidente Obama ha deportado a 2 millones. La mayoría tiene familiares en los Estados Unidos. No se esfuman simplemente. Viven como blanco de chantaje y violencia, una cultura criminal implantada en México y Centroamérica por el mercado grande drogas, la destrucción de las economías por medio del “libre comercio” y desde luego por el suministro enorme de armamentos desde los Estados Unidos.
Esta semana pudimos juntarnos en ambos lados de la frontera para reunificar a una familia y proveer mejor seguridad para Gustavo, Marlenne, y sus dos niños hermosos. ¿Acaso la administración de Obama ya siente la presión? ¿Ya viene un cambio? Marlenne es sólo una persona de 2 millones.
La libertad condicional otorgada a Marlenne en los Estados Unidos, como la mía, comprueba que esta administración dispone de la autoridad legal de ofrecer los mismos aplazamientos que ya otorgó a los soñadores también a los padres y las madres de los soñadores y de hijos que son ciudadanos estadounidenses. El presidente se ha comprometido a tomar “acción decisiva” en caso que el Congreso no actúe para una reforma migratoria para la fecha límite del 4 de julio. Por eso es que la Familia Latina Unida está organizando grupos para VIGILAR LA PROMESA en todo el país.
Regresé a Chicago con fuertes convicciones y fe. Nuestras organizaciones latinas, nuestras comunidades de fe y nuestros oficiales latinos han mantenido su unidad, y Dios nos recompensó esa unidad con las sonrisas de alegría de una niña, y la expresión de esperanza en la cara de un niño, ya unidos con su mamá y su papá bajo seguridad como lo quiso Dios.


