“Crónicas en la ciudad de Mancera” es una serie de vivencias contadas a partir de los recorridos que hacen los reporteros de REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO por la capital del país. Lo que ven es lo mismo que viven millones de capitalinos gobernados por un hombre a quien la popularidad se le escapa de las manos.
En esta cuarta entrega, Enrique Legorreta recorre los módulos deportivos, una zona estratégica para cualquier gobierno de izquierda, que hoy están olvidados.
(17 de octubre, 2013).- La jardinera que está al lado de la pista de trote en el deportivo de la calle Oriente 95 es una señal de lo decadente que se han vuelto estos lugares: rota, quebrada, apenas servible. Aquí quienes trotan a primera hora de la mañana se desplazan entre basura que sirve como guardia de ratas, árboles secos y pasto alto que amenaza prenderse como paja con gasolina.
Si hacen ejercicio aquí, corren flanqueados por paredes con rejas que están rotas. Al recuperar el aliento, sus pulmones se llenan de un aire mezclado con tierra que no llama la atención de la gente ajena al módulo deportivo que está sobre la avenida Eduardo Molina, en la delegación Gustavo A. Madero.
Caminar por este deportivo –diseñado para regenerar el tejido social en la segunda demarcación de la ciudad con más asesinatos– es una experiencia llena de hoyos, basura, piedras y desechos fecales de los perros durante el recorrido. Y esa experiencia es la imagen que se observa al visitar la mayoría de los Módulos Deportivos que surgieron al final de la década de los 60 cuando la capital mexicana fue nombrada sede olímpica y el destino del Distrito Federal aún lo dictaba el gobierno federal.

Es tal el abandono que nadie sabe cuántos hay: datos del Instituto del Deporte del DF (IDDF) aseguran que existen 130 deportivos, mientras que el gobierno que encabeza Miguel Ángel Mancera dice que hay 195 módulos; el error es del tamaño de 65 lugares que nadie sabe dónde se ubican.
Si nadie sabe que existen, ¿cómo piensan rehabilitarlos?
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Cuando camino por el módulo deportivo “de la 95” –así le llaman al lugar los vecinos de la zona– veo avanzar a un joven que usa el lugar para ejercitarse. Vestido de pants negro, chamarra gris y gorra negra, me apuro a acercarme a él en la pausa que realiza en su caminata.
“¿Cómo ves el deportivo?”, le pregunto a Javier Martínez, un empleado de 33 años que trabaja en una aseguradora. Su gesto lo dice todo.
“Creo que le hace falta una manita de gato. Es increíble que tanto los gobernantes como nosotros como sociedad tengamos los espacios deportivos y de esparcimiento como basureros, jardineras para los perros y sus heces”, comenta.

Él corre en este muladar de lunes a sábado en las tardes, ya que entra temprano a trabajar y no le da tiempo de salir en las mañanas a hacer ejercicio. No lo sabe, pero tal vez en corra en uno de esos módulos fantasmas que el gobierno olvida contabilizar.
Aunque han pasado 45 años desde que se crearon, es apenas ahora cuando el gobierno capitalino se comienza a preocupar por estos focos rojos: a partir del 2014 se dará paso a la remodelación de estos, así lo señaló a REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO Horacio de la Vega, director del IDDF.
“Estamos haciendo un censo ahorita en materia de los espacios deportivos. Hay más de 300 espacios deportivos en la ciudad, más de 80 deportivos, y es un censo que tenemos que terminar este año para dar el diagnóstico y saber cómo vamos a emplear estos espacios [de forma] más eficiente”, comenta el funcionario.
Ni como creerle. Las cifras no cuadran.

Lo más cercano al interés por estos lugares ocurrió en septiembre del 2012, dos meses antes de que acabara la administración de Marcelo Ebrard, quien implementó una serie de remodelaciones en estos espacios. Los arreglos contemplaban una inversión de más de 30 millones de pesos para dar una imagen nueva y de acercamiento al deporte con los vecinos de distintas demarcaciones. Estos espacios renovados contarían con gimnasios y un remozamiento de las áreas verdes.
Se anunciaron con bombo y platillo en delegaciones con altos índices de delincuencia: Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Iztacalco, Iztapalapa, Azcapotzalco y Tlalpan. Pero, a un año, la mayoría lucen pintarrajeados, abandonados, con basura acumulada y sin vigilancia policiaca constante.
Algunos, incluso, se han convertido en puntos de narcomenudeo, ante el rezago de las autoridades: donde había deporte, ahora manda la piedra.
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Javier quiere pensar que es cuestión de tiempo que cambie su zona de ejercicio en la colonia Rio Blanco, pero también cree no sucederá si no se refuerza la vigilancia. Lo dice y volteo para constatarlo. Ninguna patrulla, ni siquiera un uniformado a pie durante largos minutos.
“El problema que creo hace falta ver es el de que el parque en las noches está lleno de indigentes, o de chicos de la calle que se drogan. Sé que una vez asaltaron por aquí a una vecina”, cuenta.
La colonia donde platicamos tiene fama de mucho, pero no de deportista. Ésta es una de las zonas con mayores asaltos de bancos de la ciudad, por lo que a la policía le es más importante cuidar cajeros automáticos que personas. Pocos uniformados advierten que, si los jóvenes no están jugando futbol rápido por las noches, se reúnen a beber alcohol hasta que la madrugada los alcanza.
El director del IDDF comentó que no tiene el reporte de que los módulos deportivos sean inseguros pero, de haberlos, se atenderían de manera oportuna. Al parecer, el funcionario nunca ha corrido en este lugar donde platico con Javier.
“Sabemos que unas zonas son complicadas, pero estamos tratando de hacer que no sea sólo un espacio de deportes, que sea enfocado en hacer un combate en contra de las adicciones, [a favor] de la prevención del delito y es algo que estamos viendo como una técnica para resolver problemas sociales de la ciudadanía”, destacó.

Pienso en el módulo deportivo de la colonia Xoco, delegación Benito Juárez, desvencijado y oxidado; en el de Villa Coapa, Tlalpan, que lleva años sin aros en las canastas de basquetbol; en el de Pedregal de Santo Domingo, Coyoacán, repleto de graffitis ofensivos; en el de Picos II, Iztacalco, que los domingos es parte de un tianguis inmundo.
Pienso: ¿cómo previenen el delito en un lugar así de olvidado?
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México es el principal país en el mundo con el problema de obesidad. Esto ha puesto a las autoridades federales y locales en la mesa de discusión sobre qué hacer en un país que no se mueve. Y el gobierno que levanta la mano orgulloso es el del DF con una cifra que presume: en la capital, el 39 por ciento de su población practica alguna actividad física por lo menos 30 minutos al día.
“Estamos contratando a promotores deportivos que trabajen en estos deportivos. Ahora con la nueva ley que fue aprobada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), el instituto a mi cargo se puede hacer cargo de asuntos como éste. No hemos tenido ningún problema en hacernos cargo de éstos, y estamos a favor de la comunidad para que tenga acceso al deporte”, dice De la Vega.
Las palabras presumidas quedan en mis oídos: “39 por ciento” y “ningún problema en hacernos cargo”. Veo a Javier, jadeando, aspirando agitadamente por aire con olor a excremento de perro.
Me despido, casi apenado por recordarle que hace ejercicio en lo que bien podría pasar por un basurero, porque no tiene cómo pagar un club privado. Lo veo amarrar sus agujetas y trotar en la pista. Él espera que los desechos que rodean su deportivo, el deportivo de los vecinos, de los niños, sea pronto sólo un recuerdo y que la remodelación del GDF convierta al complejo deportivo al aire libre en un lugar de fomento al deporte.
Espera que pronto el delegado, el jefe de Gobierno, alguien, quien sea, intente correr por aquí sin sentir pena y cambie los deportivos.

