La marcha de “La Resistencia”, convocada este domingo por la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, terminó convertida en un eco débil más que en un rugido opositor. Mientras la expectativa era de miles, lo que se vio en las calles fueron apenas decenas de simpatizantes, muchos de ellos señalados en redes sociales como “acarreados”.
A pesar del respaldo público de figuras como Margarita Zavala, Claudio X. González y Xóchitl Gálvez, el evento no logró la convocatoria esperada. Ni la bandera de “resistencia democrática” ni los discursos previos impidieron que la protesta se diluyera en las avenidas de la capital.
El fracaso en números e imágenes
Las imágenes difundidas en redes sociales hablaron por sí solas: contingentes pequeños, banderas dispersas y más espacios vacíos que multitudes. “No fueron millones, fueron decenas”, ironizaron usuarios que compartieron videos del paso de los asistentes.
Aun con el espaldarazo del Consejo Nacional de Nueva Derecha —que el día previo había calificado a Rojo de la Vega como “una líder católica en un país de mayoría cristiana”— la movilización apenas alcanzó para cubrir tramos cortos de avenidas céntricas. El mismo organismo pidió que se excluyeran símbolos feministas, de la comunidad LGBTTTIQ+ y cualquier bandera progresista, apostando solo por el lábaro patrio.
La advertencia quiso ser dura:
“Está en juego que México siga siendo una República o se consolide una dictadura socialista ligada al crimen”.
Sin embargo, la contundencia de las palabras contrastó con la escasa presencia en las calles.
El recorrido que no llenó
El trayecto arrancó en avenida Sevilla a las 11:00 horas, avanzó por Chapultepec, Salamanca, Oaxaca y Durango, hasta llegar a Álvaro Obregón y Medellín. De ahí, el pequeño contingente caminó hacia Sonora y concluyó en el Parque México, donde se realizó un foro como cierre de actividades.
Con gorras y pañuelos azules y verdes como distintivo, la marcha avanzó sin incidentes, pero también sin lograr la fuerza numérica que buscaba.
Entre discursos y realidades
Alessandra Rojo de la Vega insistió en que la movilización representaba “un espacio de diálogo y resistencia democrática”. Pero los números y las imágenes revelaron otra cosa: la marcha que quiso ser símbolo de fuerza terminó siendo recordada más por su baja participación que por su impacto político.


