Elvira Arellano
(15 de noviembre, 2013).- La Cámara de Representes de los Estados Unidos se reunirá sólo por 13 días en noviembre y diciembre. Por lo tanto, son cada vez más reducidas las posibilidades de que se apruebe una reforma migratoria. ¿Qué hacer?
La cifra de personas deportadas por la administración de Obama ya alcanzó la de dos millones. La deportación de una persona tiene un impacto devastador para su familia. Tomando en cuenta este impacto a las familias, podríamos decir que 5 ó 6 millones de personas han sido atropelladas por el presidente que nos prometió la legalización.
Bajo el liderato del congresista Gutiérrez, nuestro movimiento ha obligado al presidente Obama a abandonar sus posiciones originales y reconocer que tiene el poder, no sólo de parar las deportaciones sino también de proporcionar una legalización temporal. Bajo presión, implementó una política de “discreción procesal” que dispone que el Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security) pueda cerrar los casos de aquellos inmigrantes que no han sido encontrados culpables de crímenes. Bajo más presión, autorizó aplazamientos de dos años además de permisos para trabajar para los “soñadores”.
Ya bajo la ley, si una persona no cae en las garras de la “Seguridad Interna”, o si contesta su orden de deportación, durante 8 años, y si tiene hijos o un cónyuge que son ciudadanos estadounidenses, puede exigir que se cancele su orden de deportación en una corte y recibir una mica.
Entonces ¿por qué no estamos todos unidos para exigir que Obama cumpla con su promesa de poner fin a las deportaciones? ¿Por qué no estamos insistiendo que Obama extienda los aplazamientos y permisos de trabajar ya concedidos a los “soñadores”, a sus padres y madres, y a los padres y las madres de ciudadanos estadounidenses?
Para nosotros que hemos participado en el movimiento, el motivo queda bien claro. Las organizaciones más grandes pro derechos inmigrantes, que gozan de bastantes fondos, se han dejado convencer que deben seguir las estrategias del Partido Demócrata. Tal estrategia pretende mantener vivo el asunto de inmigración para poderlo utilizar con fines electorales. El premio para estas organizaciones, a cambio de haber protegido la Casa Blanca en contra de sus críticas, es de recibir millones de dólares en fondos.
Queda claro que la actividad frenética de la administración de Obama de deportar a los inmigrantes no movió la postura de los republicanos. Tal estrategia jamás tuvo sentido.
¡Basta de hipocresía! Ya dijimos que las deportaciones deberán cesar el 1 de diciembre de este año a más tardar —por acción del Congreso de ser posible, o por acción del presidente de ser necesario. Debemos organizar la resistencia a los atropellos que afectan diariamente a nuestras familias, nuestra comunidad y nuestros hijos e hijas, empezando ahora mismo. Aquellas organizaciones que han aceptado dinero para hacerse de la vista gorda ante nuestro sufrimiento deben ser enfrentadas, pues son parte del problema.


