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Atención negligente a indígenas embarazadas, preocupante tendencia en México

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(18 de noviembre, 2013).- La doctora le dijo que regresara un día después. Ella había llegado al centro de salud del municipio de San Jacinto Amilpas, Oaxaca, con fuertes dolores de parto y ruptura de fuente. En la sala de espera las contracciones cedieron: el bebé nació en el baño.

La historia de un nacimiento más en la periferia de los hospitales –baño, patio, sala de espera– y no en la infraestructura médica adecuada, se registra en la queja DDHPO/1854(01)/OAX/2013 de la Defensoría de Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO).

El abuelo del bebé fue el responsable de levantar la queja ante la DDHPO el 11 de noviembre, en la que constan los eventos que iniciaron el 25 de octubre y finalizaron con el nacimiento de su nieto en el baño del hospital.

Este caso recuerda que, en los últimos tres meses, dos mujeres más han tenido partos por negligencia sin la asistencia médica adecuada. Cristina López  –18 de julio–, e Irma López –2 de octubre–; ambas indígenas, tuvieron a sus hijos en el patio del centro de salud de Jalapa de Díaz, Oaxaca.

Aunque las mujeres denunciaron que el personal médico se negó a recibirlas, el presidente de la Comisión Estatal de Arbitraje Médico de Oaxaca (CEAMO), Mario Constantino Bustamante, exoneró al centro de salud al calificar como una  casualidad que ambas mujeres hayan parido frente al hospital.

El caso de estas dos mujeres causó que en la plataforma de peticiones en línea Avaaz.org se recolectaran 50 mil 500 firmas solicitando la remoción del cargo del secretario de Salud oaxaqueño, Germán Tenorio. Aunque el gobernador Gabino Cué se negó a removerlo, la cantidad de firmas materializa la indignación popular que provocaron los partos.

Al caso de estas tres mujeres se suman las indígenas enterradas por negligencias médicas relacionadas con trabajos de parto. Como ejemplo, Susana Hernández falleció el 6 de octubre en el Hospital de la Mujer del Instituto de Salud de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, cuando se le realizó –en una única intervención–, cesárea, extirpación de una piedra en la vesícula y la ligadura de sus trompas de Falopio; sin consentimiento de ella ni de su familia.

El amplio lapso entre el parto y la denuncia del padre de la última mujer que parió en el baño –casi dos semanas– hace suponer que estos tres casos son sólo una muestra de un amplio problema que no se visibiliza en el país.

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