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Las facturas de la guerra infinita (1)

De Igloo White a cómputo en la nube: el modelo que inventó IBM

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Hay una escena que el Pentágono preferiría no explicar y por eso la censuran: un dron iraní fabricado con componentes comerciales, cuyo costo de producción se mide en decenas de miles de dólares, es interceptado por un misil Patriot PAC-3 de Lockheed Martin que vale varios millones.[1] La proporción, según analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, puede llegar a 60 o 70 a uno a favor de Irán. El senador Mark Kelly lo dijo sin rodeos: las matemáticas no salen. No salen, pero tampoco están hechas para salir.[2]

Hace más de medio siglo, Estados Unidos ya había ensayado la misma lógica en otro escenario, con otros nombres pero con la misma soberbia. En la frontera con Laos y a lo largo de la Ruta Ho Chi Minh, la Operación Igloo White buscó resolver con tecnología sofisticada lo que se rehusaron a resolver por la vía política. Entre 1968 y 1973, las Fuerzas Armadas sembraron más de 20,000 sensores acústicos y sísmicos desde aviones, pero también dispositivos químicos capaces de detectar rastros de sudor y orina humana en la selva. Los datos llegaban a una sala de control en Tailandia, donde dos computadoras IBM 360/65 los procesaban en tiempo real para predecir los movimientos de los vietnamitas y así dirigir sus ataques aéreos.[3]

Los astutos vietnamitas descubrieron estos sensores y los manipularon paseando su ganado por las veredas, con camiones dando vueltas en círculos y dejando contenedores de orina abandonados al azar, haciéndoles creer que aquello era una compleja operación militar. Así, mientras las poderosas supercomputadoras analizaron con devoción estos eventos tácticos, la red logística norvietnamita siguió funcionando hasta que el programa fue abandonado en febrero de 1973. IBM ganó el negocio, los Estados Unidos perdieron la guerra.

La clave está en que el éxito militar no es condición para el éxito empresarial. Para entender por qué, hay que mirar a la IBM Federal Systems Division. El brazo con el que IBM se convirtió en pieza orgánica del Estado de seguridad nacional estadounidense. Desde finales de los años cincuenta, esa división construyó los sistemas de alerta aérea SAGE, las computadoras clasificadas de la NSA, el sistema de comando y control de la Fuerza Aérea Estratégica —incluyendo los silos de misiles nucleares—, la infraestructura computacional de los programas Mercury, Gemini y Apollo, y el esfuerzo de vigilancia y bombardeo automatizado en Vietnam. IBM no vendía sus computadoras, más bien diseñaba y construía la infraestructura de guerra.

Eisenhower lo vio venir. En su discurso, cuando dejó la presidencia en 1961, advirtió contra el “complejo industrial-militar”. Pero no imaginó que las tecnologías devorarían al resto de la industria militar. Que el verdadero peligro no serían los fabricantes de tanques, sino las empresas que construyen el cerebro de la guerra. IBM fue la primera: no vendía armas, vendía la capacidad de procesar una guerra entera desde un centro de cómputo con aire acondicionado. El complejo militar-industrial se convirtió en el complejo tecnológico-militar.

Desde sus comienzos, la innovación computacional en Estados Unidos estuvo financiada por contratos militares: sistemas de comando, radares, sensores, la promesa de convertir la complejidad política en un problema técnico. El gasto militar subsidió la innovación. El Estado aportó el dinero, la industria obtuvo sus patentes, y el consumidor recibió después la tecnología, empaquetada como progreso civil. Así nacieron muchas de las herramientas que luego se vendieron como modernidad.

Hoy son Lockheed Martin y RTX Corporation quienes producen los interceptores Patriot y THAAD. El lenguaje es más sofisticado, los radares más finos, el software más veloz. Pero la aritmética no ha cambiado. Un dron barato obliga a activar un sistema carísimo. Cada respuesta con armas de destrucción masiva dispara el gasto. Cada ataque de bajo costo obliga a una reacción de alto costo. Y en medio de esa asimetría aparece el verdadero negocio: no ganar rápido, sino sostener la guerra infinita.

La diferencia con el presente tan solo es de escala ya que la continuidad institucional es directa: cuando IBM atravesó su peor crisis financiera en 1993, vendió la Federal Systems Division a Loral Corporation por 1,575 millones de dólares. Tres años después, Lockheed Martin absorbió ese negocio. El linaje es claro: IBM → Loral → Lockheed Martin. La misma gente, los mismos contratos, los mismos clientes. Por eso los misiles Patriot que hoy interceptan drones iraníes llevan el sello de Lockheed Martin, pero su ADN corporativo se remonta a los mainframes que procesaban datos manipulados de los sensores en la selva de Laos.[4]

La sala de control de Nakhon Phanom ocupaba dos mainframes IBM 360/65 y cuatrocientos analistas rotando turnos. Hoy el poder de cómputo que demanda el Pentágono se adquiere mediante los servicios en la nube de Amazon Web Services y las tecnologías de reconocimiento facial de Palantir y Google, así como decenas de enjambres de centros de datos de inteligencia artificial toman el lugar de los analistas.

Pero Vietnam no fue solo una derrota moral, militar y tecnológica. Fue una crisis silenciosa sobre el orden monetario estadounidense. El gasto infinito de la guerra obligó a la Reserva Federal a imprimir dólares que ya no podía respaldar con oro, desatando una desconfianza que culminó el 15 de agosto de 1971, cuando Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro y sepultó el sistema de Bretton Woods. Nixon no resolvía solamente un problema financiero. Respondía al desgaste acumulado de un modelo imperial que ya no podía sostenerse. La pregunta, ahora, es qué ocurre si el ciclo se repite con Irán y con una guerra cuyo costo se paga en misiles, inflación, reseción económica, más deuda e inestabilidad monetaria.

Esa es la segunda parte.

[1] EEUU prohíbe publicación de imágenes satelitales de ataques de Irán a sus posiciones | HISPANTV

[2] WATCH: In SASC Hearing, Kelly Presses Secretary of Defense on Feasibility and Cost of Golden Dome Missile Defense Plan – Senator Mark Kelly

[3] The Blood Road: The Ho Chi Minh Trail and the Vietnam War

[4] Loral, IBM Swept Up in New Wave of Consolidation : Defense: IBM’s sale of its Federal Systems unit reflects a trend among conglomerates to sell off such units. Aerospace firms are buying. – Los Angeles Times

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