Por: Leticia Arredondo /@RHashtag
(26 de enero, 2014)- “Tenemos que organizarnos e implicar a más gente, a los medios de comunicación, a todos, es necesario poner en la opinión pública estos temas. Faltan recursos y profesionalización. No sólo las autoridades tendrán que moverse, sino los ciudadanos. Es un gran trabajo de reeducación donde la sociedad civil está tomando el liderazgo pero hay que seguir haciendo cosas”.
“Tenemos que organizarnos e implicar a más gente, a los medios de comunicación, a todos, es necesario poner en la opinión pública estos temas. Faltan recursos y profesionalización. No sólo las autoridades tendrán que moverse, sino los ciudadanos. Es un gran trabajo de reeducación donde la sociedad civil está tomando el liderazgo pero hay que seguir haciendo cosas”.
Un tradicional juego de serpientes y escaleras y un cuento, entre otros materiales didácticos, han funcionado como herramientas terapéuticas para niños y niñas que han sido víctima de un abuso sexual. “Por medio del juego es más fácil acercarlos al conocimiento de sus derechos y situaciones de riesgo”, expresa Javier Sánchez Ramírez de Infancia Común, asociación civil que trabaja desde 2004 en contra de la violencia, abuso y explotación sexual infantil.
Las cifras revelan que aun con los estatutos establecidos internacional y nacionalmente, el abuso infantil continúa siendo un tema urgente de atender. La Organización Mundial de la Salud (OMS), revela que cerca de 150 millones de niñas y 73 millones de niños de todo el mundo han sido víctimas de alguna forma de abuso sexual.
Es pertinente señalar los instrumentos mediante los que se actúa en pro de los derechos humanos de niños y niñas, los cuales involucran no sólo a autoridades, sino a demás actores de la sociedad como la familia. El asunto va más allá de las cifras, cada número es una infancia no sólo violentada en términos físicos, sino psicológicos1. Lo anterior representa un arduo problema social, pues daña uno de los sectores más importantes de la población.
La Convención por los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, en su artículo 19, establece la adopción de todas “las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio, abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual”.
En nuestro país se cuenta con la Ley Para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, En ésta se indica la defensa ante las siguientes situaciones: “el descuido, la negligencia, el abandono, el abuso emocional, físico y sexual, la explotación, el secuestro y la trata”. 2
La Maestra en Género y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Barcelona, España, Laura Martínez, define la violencia sexual como “el uso abusivo del cuerpo de una persona en contra de su voluntad, implica dominación y poder, provocando alteraciones no sólo físicas, sino eminentemente psicológicas”
Son diversas las razones para que un infante sea víctima sexual. La también fundadora de la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas (ADIVAC) comenta que una de ellas es la falta de valoración a su persona dentro de la familia.
Cuando los adultos los llegan a comparar con otros niños y hacen comentarios como ‘estás tonto’, los hacen proclives a vivir la violencia sexual porque son niños que están buscando aceptación y cuidado”, comenta la entrevistada.
Por su parte, se considera estupro a actividades que van desde mostrar pornografía, exhibir el cuerpo desnudo o semidesnudo, hasta la penetración oral, anal o vaginal.
Lo anterior afecta todos los ámbitos de la vida: el social, familiar y escolar. Las principales huellas psicológicas son el deterioro a la autoestima, autoconcepto, identidad y a la confianza frente el mundo; en consecuencia, se transforma la percepción del cuerpo, del sexo, de la sexualidad y del erotismo.3
Los primeros indicadores son cambios en el humor. “De ser un amigo muy alegre, muy social, de pronto empieza a aislarse y tener conductas agresivas”, explica Javier Sánchez.
La consecuencia de pasar inadvertidas estas señales es la ausencia de atención y por lo tanto, de un proceso terapéutico profesional en el cual los niños logran identificar las sensaciones de su cuerpo, cuáles son sus derechos, qué es su sexualidad, qué es la violencia y además, aprenden a defenderse de cualquier otra situación.
Sánchez expresa: “La terapia consiste en reconstruir su autoestima y dotar de herramientas que la apoyen y la fortalezcan. Se trata de sanar esa herida”. En Infancia Común se recurre al juego como método de acercamiento al conocimiento de todo lo que implica la sexualidad e igualmente es la principal herramienta terapéutica.
La maestra Martínez ha trabajado con personas víctimas de violencia sexual desde 1983. En este recorrido de tres décadas, resalta la importancia de atender el problema a tiempo: “Cuando pasan muchos años, ya se estructuró una personalidad depresiva, melancólica, devaluada y con paranoia, tienen miedo incluso a la sexualidad. Se da la neurosis depresiva, hay mucho temor por relacionarse con alguien afectivamente. No pueden separar que la sexualidad es algo bonito y el erotismo algo inminente a las personas, todo lo ubican como malo y lo asocian con la violencia sexual”.
Javier Sánchez, psicólogo especializado en adicciones, situaciones de riesgo y violencia infantil, comenta: “La violencia a la que son sometidos es tan intensa, tan fuerte, tan inmovilizadora, que los deja sin herramientas. En el futuro, son personas más propensas a vivir procesos de victimización cada vez más violentos y algunos, de víctimas se vuelven victimarios. Cuando no se atiende, se quedan sin herramientas para seguir adelante y entonces lo normalizan y lo perpetúan.
“Un niño va a ser más vulnerable cuando no haya más personas a su alrededor, cuando no haya comunicación y alguien al pendiente, la familia debe saber que hay que cuidarlo, que hay que hablar y protegerlo”, concluye.
LA SOMBRA DEL PODER
“El monstruo que viene en las noches”, “la sombra que me ataca en los dibujos”, son formas indirectas de expresar la angustia y el dolor de una experiencia desconocida y agobiante. Diversos autores han
definido la relación de poder presente en estos casos, David Finkelhor, autor de “Abuso sexual al menor”, sostiene que dentro del constructo de supremacía masculina, la utilización sexual del cuerpo de un niño o niña, constituye una forma de intimidación y uso o abuso de autoridad; este proceso comienza en la infancia, en la medida que los niños y las niñas son vistos como propiedad
En su experiencia dentro de Infancia Común, A.C. Javier Sánchez sostiene que muchos de los agresores también fueron víctimas de algún tipo de violencia, pero hay una cuestión no relacionada con la sexualidad: “La fuerza, el engaño, las amenazas, la violencia física y emocional opera sobre un ser indefenso en desarrollo y hace de él un objeto. No tiene que ver con una enfermedad o preferencia, es el uso y abuso de poder”.
Sánchez manifiesta que en los hombres es más difícil revelar la agresión debido a la diferencia de género en la cultura mexicana. “Estamos en una cultura machista, patriarcal, entonces ser débil, perdedor, es significado de vulnerabilidad. Para los hombres adultos que han logrado decirlo es un paso fortísimo y no es sencillo, el dolor vuelve a emerger aunque hayan pasado muchos años”.
Desde 1990 ADIVAC brinda atención especializada psicológica y legal a toda persona que ha vivido algún tipo de violencia sexual. Laura Martínez habla sobre los mecanismos del proceso penal que inciden negativamente en la integridad de las personas. “Dar declaraciones y confrontar con el violador son acciones que dañan a los infantes, no se deben realizar ya que se genera angustia y ansiedad. Eso no lo ven los administradores de la justicia. En las investigaciones se pone de por medio la estabilidad de los niños”.
Diversas asociaciones además de Infancia Común A.C. y ADIVAC trabajan en la defensa de los derechos de los niños y niñas. Pero el trabajo no recae en la atención cuando ya se realizó la violación, sino en la prevención, no sólo por parte de los programas sociales, sino de todos los actores de los lugares en que el infante se desarrolla.
Pero ante todo, el problema se debe reconocer. Los especialistas, en su trabajo con las autoridades, destacan que aún prevalece la duda ante este fenómeno. Incluso los padres de familia entran en un proceso de negación.
“Los adultos muchas veces se refugian en la negación porque la realidad es muy dolorosa”, afirma Javier, y concluye: “Tenemos que organizarnos e implicar a más gente, a los medios de comunicación, a todos, es necesario poner en la opinión pública estos temas. Faltan recursos y profesionalización. No sólo las autoridades tendrán que moverse, sino los ciudadanos. Es un gran trabajo de reeducación donde la sociedad civil está tomando el liderazgo pero hay que seguir haciendo cosas”.
[1]http://www2.ohchr.org/spanish/law/crc.htm
[2]http://normatecainterna.sep.gob.mx/work/models/normateca/Resource/222/1/images/ley_proteccion_derechos_ninas_ninos_adolescentes.pdf
[3]Violencia de género, visibilizando lo invisible, 2011. Publicado por la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas, ADIVAC




