Óscar Balderas / @oscarbalmen
(04 de febrero, 2014).- Entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2013, en México se cometió un delito electoral cada 4 horas y media.
De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el año pasado, las delegaciones estatales de la Procuraduría General de la República (PGR) conocieron mil 952 “acciones u omisiones que lesionan o ponen en peligro el adecuado desarrollo de la función electoral y atentan contra las características del voto, que debe ser universal, libre directo, personal, secreto e intransferible”.
Entre las faltas contabilizadas está solicitar votos por paga o regalos; votar a sabiendas de que no se cumple con los requisitos de ley; votar más de una vez en la misma elección; sustraer boletas electorales de una urna; destruir urnas; recoger sin permiso legal credenciales de votar de ciudadanos.
También, hacer proselitismo el día de la jornada electoral; el transporte de votantes para coartar su libertad a la emisión libre de su sufragio; “embarazar urnas”; o impedir la instalación de una casilla.
El Estado de México es la entidad donde menos se respetaron los comicios: mil 248 delitos electorales sucedieron en la tierra de Enrique Peña Nieto, es decir, el 64 por ciento de todas las cifras a nivel nacional.
En segundo lugar está Quintana Roo con 191 delitos electorales y en tercero Veracruz con 101. Los tres primeros lugares van a territorios con gobernadores priistas.
En contraste, los tres estados donde menos delitos electorales se cometieron fueron Colima con cero, Tabasco con 4 y Baja California Sur con 4.
“Hay una relación clarísima entre delitos electorales y alternancia democrática. En el Estado de México, por ejemplo, nunca ha habido un gobernador que no sea priista y los delitos electorales se disparan porque actúan como caciques.
“En cambio, en Baja California Sur –donde ya hubo alternancia, primero con gobiernos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y ahora del Partido Acción Nacional (PAN)– hay una disminución importante, apenas 4. Lo mismo con Tabasco, donde ya gobierna un hombre que fue postulado por partidos de izquierda, apenas 4.
“Los números son muy claros: si no hay alternancia, si un partido se eterniza, comienzan a surgir vicios democráticos como el alza de estos delitos electorales”, aseguró Fernando Cardona, investigador de Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIS-UNAM).
Otras entidades en 2013: el Distrito Federal concentró 53 delitos electorales, mientras que Puebla juntó 80, Nuevo León 16 y Zacatecas 15.
“Es una cifra escandalosa, ¿qué tipo de democracia es ésta? Pues una simulada, claro, una democracia donde la violación a la ley no es la excepción, sino una regla general. También habla de un apego a la vieja cultura, al viejo régimen, que enseñó a que no se puede ganar una elección si no es con trampas”, cuestionó el especialista.
En 2012, en México ocurrieron 3 mil 112 delitos electorales –uno casi cada 3 horas– y el Estado de México también fue la entidad con comicios más sucios: 506 faltas, es decir, el 16 por ciento del total a nivel nacional.
“Es importante señalar que los delitos electorales no son exclusivos de ciudadanos de a pie; un sacerdote que llama a no votar por un candidato en particular; un funcionario electoral que altera la lista nominal; un candidato que difunda noticias falsas a propósito sobre la jornada electoral; a los coordinadores de campaña que se hagan de fondos ilegales.
“Aquí están delitos desde la señora que le pagan por cosechar votos en su colonia hasta de los mismos candidatos presidenciales”, afirmó Cardona.
Según el Código Penal Federal y dependiendo de la gravedad de la falta, un delito electoral se castiga con una multa de diez a 100 días de salario mínimo y una pena de seis meses a tres años en prisión.

