Por Lilia Arellano
(09 de marzo, 2014).- En contra de las promesas de bienestar familiar que se vienen pronunciando desde hace décadas, aparecen los números, la frialdad de esas cifras que demuestran que la economía sigue en picada y la inflación empieza a convertirse de nuevo en una amenaza. Según los datos del INEGI, el mes pasado volvió a registrarse un alza en comparación con el mismo periodo del año pasado alcanzando ya el 4.23 por ciento, cifra que se aleja totalmente de las expectativas planteadas por el gabinete económico para este 2014. Son varios los productos que se han visto impactados y que por ende afectan el consumo de alimentos.
Tal y como lo alertamos en su momento, el limón es ahora un producto sobre el que giran los incrementos. El alza en su precio alcanzó un 68.10 por ciento y le siguieron las cebollas con un 10 por ciento, así como el gas con cerca del 9 por ciento. Independientemente del incremento a los impuestos los refrescos envasados aumentaros un 2 por ciento . A lo anterior tendremos que sumarle que los servicios que ofrece el gobierno también se vieron con cifras superiores a las registradas el año anterior y alcanzaron en términos anuales hasta un 10 por ciento. En las zonas fronterizas a este porcentaje se le agrega el 5 por ciento por la homologación del IVA que fue del 11 al 16 por ciento.
De tener la canasta básica un registro de encarecimiento del 3.95 por ciento, ha registrado en febrero de este año el 5.79 por ciento. No hay un solo producto que se salve de estos incrementos ni siquiera los jitomates a los que les consideran muy baja elevación. Para tener un panorama más claro el reporte señala que las frutas y las verduras se elevaron cerca de un 7 por ciento; la carne, la leche y el huevo un 5 por ciento; las bebidas alcohólicas y el tabaco más del 7.17 por ciento. Los energéticos se llevaron las palmas al subir por si solos un 10.10 por ciento, lo cual sumado a las tarifas que autorizan los gobiernos que se elevaron un 10.14 por ciento revela que estos se van a más del doble de la inflación general que se tenía prevista para todo este año.
Las afectaciones siguen siendo múltiples frente a un aumento salarial que apenas alcanzó poco más de los dos pesos. Este raquítico incremento también provocó que se tuviera la justificación para elevar otros servicios como el transporte que ya acumula un 8.10 por ciento anual. Ni que decir de las colegiaturas que alcanzaron otro 4.38 por ciento y la vivienda un 2.25 por ciento. Si bien el registro de esta inflación es nacional, se encuentran entidades en donde todavía el panorama es aún más alarmante porque sus precios se elevaron por encima de lo que se marca en general.
En tal situación se encuentran: Jalisco, Tlaxcala, Chihuahua, Chiapas, Michoacán y Guerrero. Los informes del Banco de México a este respecto aseguran que la inflación alcanzó su máximo nivel en los primeros 15 días de enero y que a partir de esa fecha se observa una tendencia descendente sobre todo en lo que se refiere a productos agrícolas y transporte público, lo que para el INEGI no es correcto. Alberto torres García, al presentar el informe sobre perspectivas económicas regionales indicó que pese al dinamismo se presentaron diferencias por región, siendo éste relativamente mayor en la región norte y más débil en el resto. Sostuvo el funcionario de Banxico que la inflación presentó un alza en todas las regiones al cierre de 2013 derivada de choques a los precios de productos agrícolas y ajustes en el costo del transporte público en algunas ciudades.
Si nos atenemos a las contradicciones entre ambos informes, sobresale lo dicho por el propio titular del Banco de México que marca lo incierto del rumbo económico del país, la difícil situación por la que se atraviesa actualmente y el registro de lo expresado por el Consejo Coordinador Empresarial en el sentido de que tampoco la macroeconomía se encuentra en momentos de estabilidad y mucho menos con perspectivas claras de mantenimiento y desarrollo.
Frente a estas realidades tal parece que no les ha quedado otra que enfrentar, no se sabe si de la mejor manera, la situación que prevalece. Tras reconocer que se recibe con un ánimo mucho más positivo en el exterior la apertura que las reformas han generado, en el país somos menos positivos y tal referencia es suficientemente clara al advertirse que los que habrán de invertir en el futuro próximo tienen un sinnúmero de garantías sobre el éxito de sus empresas, mismo que no existe para las nacionales al encontrarse en situaciones de competencia totalmente diferentes, eso sin tomar en cuenta la entrega de las renta petrolera que es un renglón superior.
Además, es el propio Luis Videgaray quien se encarga de hacernos saber que las reformas económicas impulsadas por el gobierno no están “diseñadas para que sus efectos se hagan sentir en el bolsillo de los mexicanos a corto plazo por lo que debemos ser claros en no generar expectativas que no tengan sustento”. Una pregunta obligada sería ¿si no planean, diseñan, arman estrategias que beneficien directamente a los mexicanos que es el pueblo que gobiernan, entonces lo hacen para los extranjeros? Nuestro país es ya un enfermo agónico que requiere con urgencia de los servicios en el área de cuidados intensivos, de supervisión las 24 horas, de suministrarle alivio en todas las regiones y eso tiene que ser inmediato, no puede seguir esperando.
Porque tal parece que se trata de que al agónico ya hay que exprimirle lo que quede antes de decretar su fallecimiento. O por lo menos así se antoja que se ve desde el gabinete económico al señalar su titular que la discrepancia entre lo que se ve en el exterior y lo que percibimos los mexicanos tiene que ver con el hecho de que aquí sentimos los efectos del bajo crecimiento y de la entrada en vigor de nuevas medidas tributarias. Y así es ya que en tanto aquí el salario es ínfimo y con ese van a contratar –además sin las prestaciones de Ley-, los nuevos inversionistas, ¿puede ser otro el enfoque?
El remate lo encontramos en su reporte de decrecimiento promedio en los últimos 30 años de 0.7 por ciento, el cual, dice, no puede combatirse con reformas medianas, y las que se han hecho las veremos surtir efectos positivos “tal vez en lustros o en décadas”. Todavía hay una opción sana para ver las cosas de diferente manera: vámonos a vivir al extranjero, desde donde dice Videgaray que todo se vislumbra mejor y positivamente, porque aguantar a este ritmo lustros o décadas solo aquellos a quienes les hemos conferido el poder político para hacerse de un gran poder económico.

