La democracia por su naturaleza está siempre en transformación: Michelangelo Bovero

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(21 de marzo, 2014).-En el marco del foro “23 Años de Historia Democrática” del Instituto Federal Electoral (IFE), se impartió la conferencia magistral “Crisis del capitalismo y crisis de la democracia” a cargo de Michelangelo Bovero, filósofo y político italiano.

La presentación del invitado fue realizada por el Consejero Electoral del IFE, Lorenzo Córdova Vianello y recalcó la importancia de Michelangelo Bovero, que es uno de los autores más reconocidos en nuestro país, en esta ceremonia de 23 años de vida institucional. Con estas palabras, cedió el micrófono a Bovero, quién inició agradeciendo la invitación, aún con un poco de nostalgia, pues “el IFE es como el Ave Fénix y cambiando un poco de nombre va a renacer”, señaló.

Dejando la imagen del ave fénix en la mente de sus oyentes, comenzó a hablar de crisis, por supuesto porque no es solamente un tema, sino una experiencia vivida, sufrida por muchísimos en el mundo, en ciertas partes de Europa en particular, y porque a su manera de entender la idea de crisis, la experiencia y la idea de crisis tiene que ser tomada en nuestros días como crisis de un sistema económico y crisis también de un sistema político.

En el lenguaje común la palabra crisis indica en líneas generales una situación de dificultad, de incomodidad, de sufrimiento, literal o metafórico, de un sujeto, de una institución o de un conjunto de sujetos o instituciones o de todo un sistema social o incluso de una forma de vida y de convivencia.

Así mismo, en el lenguaje común la verdadera crisis, la crisis por antonomasia es exactamente ésta, la crisis aguda o grave que se presenta de modo repentino y violento y que induce un rápido y marcado empeoramiento de las condiciones de vida.

“Sin duda es esta la noción de crisis que se ha vuelto predominante y casi exclusiva en el uso común de los últimos años, desde que en 2007 una perturbación intensa y peligrosa de la vida social se ha extendido en muchas partes del globo. Entre esas Italia”, subrayó.

Explicó que las crisis en el lenguaje de las ciencias sociales tienen dos ámbitos principales de aplicación: crisis económicas y de crisis políticas.

En el espacio económico, análisis innumerables tratan sobre la amplia fenomenología de las crisis coyunturales y/o sectoriales.  Por el otro lado, en el ámbito político los estudiosos suelen diferenciar entre las crisis de funcionamiento, como por ejemplo las crisis de gobierno, y las crisis estructurales, que ponen en peligro la identidad o la existencia misma de los sistemas y los regímenes políticos nacionales, regionales o internacionales.

Derivó que, las crisis económicas cíclicas, incluidas también las grandes crisis, pueden ser y son consideradas la mayoría de las veces, como crisis dentro del capitalismo, tal es que cuando llegan a ser superadas positivamente el sistema encuentra formas de adaptación o corrección, incluso, radical, pero no cede su lugar a un sistema diferente, alternativo.

La perspectiva asumida ahora por un número creciente de estudiosos lleva a considerar las crisis actuales, independientemente de su aparente proceso cíclico de recesión y recuperación, como una posible crisis del capitalismo, no una crisis dentro del capitalismo, sino una crisis del capitalismo, hasta el punto que es sensato preguntarse –varios se han preguntado–: ¿Puede sobrevivir el capitalismo a la crisis actual?

De igual manera trajo el tema de un informe de 1975 en el que recordó la “Crisis de gobernabilidad de las democracias”, crisis teorizada, por no decir inventada, puesto que en realidad se trataba de una construcción ideológica por Huntington Cruiser y Bataduki, dijo a los asistentes.

 También hablo acerca de las graves crisis a las que se enfrentan las clases políticas en casi todas las democracias actuales que han desencadenado procesos como los reconstruidos por Pierre Rosanvallon, y recogidos bajo la noción de contra la democracia, procesos diversamente atravesados, acompañados, obstaculizados por fenómenos populistas y de liderazgo más o menos carismático.

La democracia está en constante transformación “Hace algunas décadas el mismo Bobbio, mi maestro, afirmaba que la democracia por su propia naturaleza está siempre en transformación y, que por tanto, las crisis que atraviesan a esta forma de gobierno la llevan a remodelarse continuamente.” Aunque,  “Recientemente ha aumentado el número de estudiosos que tienden a considerar las patologías que atormentan a las democracias actuales tan graves, como para configurar una auténtica crisis de la democracia, no crisis dentro de la democracia; sino crisis de la democracia, hasta que el punto que un politólogo turinés ha llegado a titular un libro reciente con esta dudosa fórmula.”

¿Es la democracia una causa perdida?

El término “capitalismo” sufrió de un gran ostracismo inicial por parte de los economistas clásicos. Todos recordamos que al extinguirse la próspera etapa del marxismo teórico del siglo XX, a finales de los años setenta, y después del desplome del comunismo real a finales de los años ochenta del siglo pasado; es decir, precisamente en la época del triunfo del capitalismo sobre sus enemigos históricos, la palabra “capitalismo” prácticamente desaparece del uso corriente y es sustituida por dos expresiones que ya estaban en circulación, pero que tomaron preeminencia casi absoluta. Expresiones frecuente usadas con entonaciones apologéticas: Economía de mercado y sociedad de mercado.

Tan sólo desde hace algunos años acá el término capitalismo ha resurgido, y casi siempre acompañado de la palabra crisis, de acuerdo con varias reconstrucciones teóricas, se puede decir que existen dos interpretaciones generales, generalísimas del capitalismo. La primera, inaugurada por Marx pero su vida también en esencia también afuera de las corrientes del pensamiento marxista, por ejemplo, por Joseph Schumpeter, define al capitalismo como un modo de producción y reproducción de la existencia material, fundado sobre la valorización del dinero y por tanto, define al capitalismo como un tipo específico de sistema económico, cuya afirmación en sentido pleno y propio, coincide con la revolución industrial del Siglo XVIII.

Situó a la democracia en dos visiones generales: una, concibiéndola como un tipo específico de forma de gobierno o un tipo de régimen político determinado. La segunda, como una forma de vida. Si tuviera que indicar nombres ejemplares que encabezen dichas posturas, Bovero situaría a Hans Kelsen por la primera democracia, es una forma de gobierno. Y a Jean Jaures para la segunda democracia, es una forma de vida. De manera más contemporánea pondría a Bobbio en la primera definición y a a Jürgen Habermas para la segunda,

“Mis 25 lectores saben que me identifico con la tradición de Bobbio, por lo tanto usaré e invito a usar el término democracia para indicar aquel tipo de régimen político definido por una clase específica de reglas relativas a la titularidad y al ejercicio del poder político, con base en tales reglas todos y cada uno de los individuos que estén sujetos a la obligación política de obedecer las leyes, tienen el derecho al poder igual y equivalente al de cualquier otro, de participar directa o indirectamente en el proceso de producción de las leyes, de las normas y de formación de los órganos de decisión colectiva.

Son cuatro líneas, cada palabra es prácticamente un resumen, un concentrado, una liofilización de bibliotecas. Esta redefinición mínima pretende, simplemente, ser la propuesta de una regla convencional para un uso riguroso del término y pretende valer para cualquier versión histórica de los fenómenos sensatamente designados con la palabra democracia. Dicho de otro modo, vale tanto para la democracia de los antiguos, como para la democracia de los modernos.

Sin embargo, para nuestro asunto, que no es sino la reflexión sobre las relaciones entre capitalismo y democracia y entre la crisis del capitalismo y la crisis de la democracia, es obvio que se vuelve relevante la diferencia específica de la democracia de los modernos.

Ahora bien, tal vez sorpresivamente para algunos, invito a no identificar inmediatamente, como lo hacen en los planes escolares más difundidos, a la democracia moderna con la democracia representativa, en comparación con la democracia antigua entendida como democracia directa, ya no porque esta distinción es adecuada, sino porque se trata más bien de una consecuencia, ésta, de la diferencia entre directa representativa, de una consecuencia del carácter más propiamente esencial que identifica a la democracia moderna como tal. Es decir, como una dimensión de la modernidad.

Les aseguro que no tengo intención de recorrer una vez más los senderos canónicos sobre la diferencia entre antiguo y moderno (Inaudible). Por tanto usaré fórmulas sintéticas apostando por su eficacia intuitiva, al menos parcialmente.

La democracia de los modernos es la democracia de los individuos, no la democracia del pueblo, entendido éste como sujeto colectivo, indiferenciado o como clase popular, mayoritaria o como en griego pletos, gran número, masa, multitud o bien, variante postmoderna como público.

Eso significa que la democracia del pueblo o purista o la democracia del público, para adoptar la expresión de “Darnar Marner”, se presentan inmediatamente como degeneraciones de la democracia moderna; patologías graves de la democracia de los individuos. Es decir, como formas o facetas de la crisis actual de la democracia.

Capitalismo y democracia de los modernos, encuentran ambos sus raíces en un terreno común, el individualismo moderno, es más, la visión general de la modernidad, para mí más convincente, es precisamente aquella que reconoce su principio fundador en la emancipación del individuo respecto de toda pertenencia comunitaria.

Entendida en este sentido, la modernidad es el proyecto y la así llamada modernización es el largo tormento contradictorio, proceso de construcción de la sociedad de los individuos, en todas sus dimensiones, en particular en su dimensión económica y en su dimensión política.”

Expresó también que, una expresión genuina cultural, ideal e ideológica en el sentido amplio y neutro del individualismo moderno ha sido, desde el origen, el liberalismo, en el sentido más amplio y clásico de este término.

Sin embargo, la sola mención de este término no se introduce en una región sumamente confusa del reino babilónico de las lenguas.

Una de las divinidades protectoras del así llamado neoliberalismo contemporáneo  Friedrich Hayek” se atrevía a sostener que después de Roosevelt, en el lenguaje político estadounidense el significado de la palabra “liberalismo” había empezado a desnaturalizarse, incluso a invertirse hasta llegar casi a coincidir con el significar de “socialismo”.

Democracia viene de indicar un sistema y una cultura política fundados sobre la garantía de los derechos civiles, es decir, de los derechos liberales de libertad individual; cuántas veces he oído a colegas decir: “Vivimos en democracia y tenemos las libertades individuales”.

Al revés, liberalismo viene a indicar una corriente política abierta a las demandas de la voluntad popular, comprometida con su defensa frente a las imposiciones oligárquicas y autoritarias.

Aseveró “Por democracia se entiende y se debe entender el tipo de régimen político fundado sobre la distribución igualitaria entre los individuos del poder colectivo; es decir, del poder político, o sea, del poder público para regular el comportamiento individual privado.”

 Hablo profundamente de que la política de las “democracias reales” se han vuelto más que nunca, siervas de la economía, sometiéndose así a una falsa pretensión de ser, la economía capitalista.

persuasión, capacidad de engaño y que los poderosos se apoderasen del juego democrático, desnaturalizándolo, vaciándolo desde dentro.

Finalmente señaló que en sus estancias en México ha descrito al menos un aspecto de la multiforme crisis de la democracia, que da lugar ya a formas más o menos degeneradas de autocracia electiva, “La he descrito como el resultado de la invasión de termitas voraces que erosionan las membranas de un magnífico edificio, dejando en pié únicamente las frágiles fachadas externas.

“Nosotros no tenemos en el mundo a un autócrata único, un señor del mundo entero. Pero sí tenemos una oligarquía informal e híbrida, político-económico-financiera, que domina pero no gobierna, como decía Hegel, y el cuerpo social y político está lleno de gusanos; pero está, sobre todo, lleno de víctimas.” Precisó, aunque también advirtió que quizás no este todavía muerto. “Está en una crisis grave, económica y política. Yo no creo que podamos superarla si no es liberando a la democracia en crisis del abrazo mortal de un capitalismo en crisis.”

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