Las leyes secundarias de Telecom nos posicionan en el umbral de una distopía

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César Aalan Ruiz/ @CesarAlanRuiz

(4 de abril, 2014).- Nosotras, nosotros y nosotres decimos que llegó el turno de los jóvenes.

Esta apertura suena a que hay que prepararse para leer una voz un tanto esperanzada y otro tanto boba, que recicla lugares comunes con entusiasmo acrítico, usando como coartada cierta legitimidad que se envalentona más conforme se hace evidente su ausencia de poder real.

Sabemos que no existe una juventud, sino juventudes, y que no somos un sector ni un grupo, sino que atravesamos todos los sectores y grupos. Tampoco habrá un #YoSoy132 sino muchos, conformados por distintos sectores y grupos. Esto revela que la pluralidad es nuestra premisa de trabajo. Siempre ha sido así, pero se había encorsetado en un relato nacional escrito por la iglesia católica, el PRI como partido hegemónico y Televisa.

Hoy por hoy, la alternancia conservadora del PAN permitió el deshielo del PRIcératops, mientras los gobiernos locales que se autodenominan de izquierda han optado por reprimir a los movimientos sociales que, ironías del poder, abrieron camino para su llegada al gobierno, que no al poder. Todo esto orilla a la deserción democrática y desencanta los últimos brillos de las humildes promesas de la democracia representativa.

La transición democrática es una tragicomedia pintada sobre un biombo que oculta tras de sí la continuidad de una dictadura mediática.

Desde el ocaso del milagro mexicano,  dejamos de aceptar la estabilidad económica a cambio de abandonar la política. A través de las décadas, han alzado la mano ciertas minorías en las jueventudes que lucharon para desmontar el régimen autoritario: en los 60s se apostó por la contracultura; en los 70s, por la vía armada en las guerrillas; en los 80s por la integración al sistema de partidos y la competencia por el voto; en los 90s, el zapatismo y el altermundismo; la década del 2000 fue de transición abortada, fraude y anulismo; #YoSoy132 inauguró en 2012 la etapa mediática: postulamos que la democratización del sistema de medios es condición necesaria para democratizar el país.

Para ello, se creó la llamada mesa de medios, que daría contenido a esa demanda estratégica. Desde ahí, redactamos un esbozo de nuestras propuestas en el contrainforme. Posteriormente, dimos forma a un DEM -documento de exigencias mínimas- que se difundió ampliamente y tomó parte del debate continental sobre medios, pues fue retomado en publicaciones de organismos como ALER, ALAD, entre otros. Ese documento fue articulado en la arquitectura jurídica dando forma a nuestra propuesta de Reforma en Telecomunicaciones, que defendimos públicamente en todas las instancias.

Algunos miembros de esa mesa de medios formamos una organización llamada CODEC -Colectivo por el Derecho a la Comunicación- desde donde ya difundimos nuestra posición respecto a estas leyes secundarias, en un documento intitulado “La ola que destruyó el castillo de arena”. Hemos recorrido esta ruta, y nuestro siguiente paso es hacer lo necesario para que como sociedad podamos crear nuestros propios medios.

Es muy importante la legislación, pero los derechos existen en la práctica o son solo enunciados grandilocuentes. El derecho de reunión se gana reuniéndose. El derecho de manifestación se gana manifestándose. La democratización de los medios se logra cuando creamos canales de radio y televisión bajo las premisas de ciudadanía, independencia editorial, autonomía de gestión y financiamiento pro medios sociales.

El duopolio y sus lobbys quieren que eso parezca increíble, pero es que siempre personas de poder han dicho que no eso no se puede, que no hay que ser radicales, que cómo la sociedad va a tomar en su control medios de producción, digo, medios de comunicación. Eso los asusta y quieren evitarlo; por eso en esta lucha se corren riesgos, pero es que hay que asumirlos todos porque nunca nos han regalado nada. Los derechos de hoy son resultado de las luchas de ayer, los de mañana son los que resultarán de las de hoy: desde este presente exigimos derecho a la comunicación.

Las leyes secundarias de TELECOM nos posicionan en el umbral de una distopía propia del cyberpunk: parece exagerado, pero la verdad es que si no actuamos, la siguiente generación ya no conocerá el derecho a la privacidad. Todas nuestras interacciones se desarrollarán bajo la lógica del control. Será vivir entre corrientes de información trivial, estimulados estimulados estimulados siempre, alejados de experiencias significativas, reducidos simplemente a producir, como gallinas ponedoras. Ese futurible se juega en gran parte en las regulaciones de la red.

No vivimos una época de cambio, sino un cambio de época. Ante ello, algunas y algunos miembros de las juventudes de ésta época nos asumimos como pesimistas alegres: sabemos que la manzana está podrida, pero queremos arrancarle un último mordisco.

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