Bernardo Monroy / Zona Franca
(10 de abril, 2014).- Colonias de escasos recursos en la ciudad de León, Guanajuato, se encuentran abandonadas por el municipio, hasta por dos semanas en las que el camión de limpia no ha pasado.
Aunque el SIAT emitió su postura de que el 80 por ciento de la ciudad estaba atendido, pero el restante está en el caos total. Vecinos de Las Joyas, colonia que paradójicamente la presidenta municipal aseguró ayudar convertir en una de las prioridades durante su administración está habitada por gente inconformes y perros mestizos que buscan comida entre polvareda y calles sin pavimentar.
En Parque Bolivia los contenedores parecen desbordarse, mientras que en Delta de Jerez los vecinos han optado por quemar la basura, empeorando, quizá sin saberlo, la situación.
En la Colonia Los Castillos, la gente se ha acostumbrado a los montones de deshechos. No les importa si son orgánicos o inorgánicos, si el hedor penetra sus fosas nasales o si el camión de basura pasará pronto. Lo único que les importa es sobrellevar la cotidianeidad.
Román Solano Vargas, comerciante de frutas y verduras, vive en la calle De Las Rosas. Ante la situación de la basura inundando su colonia, su acción fue, primero de desconcierto, luego de protesta y finalmente, de adaptación. Se reúne por las tardes con sus amigos a jugar cartas afuera de su casa, con la montaña de basura haciéndose cada vez más y más grande. Sus compañeros sostienen los naipes mientras las moscas y el hedor van creciendo.
“Empezó a acumularse desde el otro martes. Tiene más de ocho días. No sé por qué motivo no se ha visto al recolector”.
Román busca la mejor jugada en su abanico de cartas mientras juega con cuatro de sus amigos, sin preocuparse mucho, expresa:
“Ya empieza a desprender olores, pero se aguanta uno. ¿Pues qué más hace?”, pregunta, y refiere el caso de una mujer que vendía helados a la esquina de su casa, y ahora se ha cambiado de lugar.
Para el infortunio de los residentes de Los Castillos, no pueden hacer lo mismo que la mujer de los helados.
“Las Joyas”: de prioritarias a abandonadas
Pese a que la presidenta municipal ha indicado que la colonia Las Joyas es una de las prioritarias para su gobierno, se ha sumado al abandono y a las colonias con basura acumulada.
Alfonso Palacios es maestro Albañil y tiene una hija de dos meses. Se preocupó por ellas cuando anoche le prendieron fuego al montículo de basura. Vive en la Colonia Las Joyas, que desde los recientes problemas con los servicios de limpia, se ha convertido en un segundo relleno sanitario. La calle “Peregrinación” hace honor a su nombre. Vive cerca de un basurero improvisado, donde los vecinos han dejado sus desechos, porque no tienen otro lugar donde dejarlo.
“Aquí ya ha venido de todo: ratas, cucarachas, perros muertos, y perros vivos que sacan toda la basura, y los que antes trabajaban en la basura ya no tienen trabajo, y uno los entiende”.
Alfonso cuenta que al menos, los trabajadores de limpia ahora desempleados han entrado al negocio del freelanceo: ellos mismos recogen la basura y se la llevan, sacándola a puños, sin instrumentos, camiones ni nada. A cambio de lo que la gente les quiera pagar, ya sea desde 10 a 30 pesos. “Por lo mismo de lo que sucedió, que quieren meter gente de otra parte”.
Alfonso no puede sino recordar cuando Botello ofreció su informe de gobierno justo en la colonia que ahora ha olvidado:
“Vino aquí y dijo muchas cosas, que iba a hacer y que iba a deshacer, por eso mucha gente votó por ella, yo no voto por ninguno, pero su basural tampoco está bien”.
Para algunos pepenadores, la situación que sufre León desde marzo hasta abril ha sido para ellos su agosto, como es el caso de Amparo Arredondo, de 80 años de edad.
“Bendito sea dios yo no me enfermo de nada, porque yo me mantengo de la basura”, aclara.
Se ha dedicado gran parte de su vida a ser pepenadora. Cuenta que se casó a los 14 años y enviudó a los 20. Sus padres eran muy pobres, señala, y recuerda que jamás estudió. Vive en la orilla de Las Joyas y es de las pocas personas a las que la recolección le ha favorecido: puede recoger cartón para llevarlo a centros de reciclaje. Usualmente gana 5 pesos para comprar tortillas, y cuando le es posible, le da de comer a los perros que la acompañan a buscar entre la basura.
Su sobrino es albañil, y en ocasiones la ayuda. En ocasiones consigue gorditas y tortillas de la basura, de donde comen.
Parques sin juegos
En la colonia Parque La Noria, cuyas colonias tienen nombres de países, no hay división territorial alguna para la porquería.
Beto Rocha, de 23 años, conduce un camión de personal de fábrica, que los lleva a “Tropicana”. Diario pasa por Parque Venezuela, en la colonia Parque La Noria. El hedor de la basura acumulada durante semanas impregna su vehículo, y produce constantes quejas entre sus usuarios. “Le echan la culpa a uno, que lo trae mugroso, pero los mugrosos son los contenedores”.
Rosa María Estrada vive en Parque Bolivia, y es ama de casa. Todas las mañanas debe sortear contenedores con basura hedionda y perros que husmean entre las bolsas para comer. “La verdad, se ve muy mal. Ya tenemos varios días, y no solo eso, sino la basura que no hemos sacado para que no se junte más”.
“Los pepenadores vienen también, y lo peligroso no son solo los niños, sino que hay negocios de comida”.
No duda en arremeter contra la presidenta municipal: “Sus motivos e intereses ha de tener ella, pero por lo que sea, que alguien venga a recoger esta basura, porque se ve muy feo y poco falta para tener infecciones en la piel y en el estómago”.
Los negocios de alimentos son los más perjudicados, de eso no cabe la menor duda para Esteban Vázquez, carnicero desde hace 15 años.
Carne con sabor a basura
Durante toda su vida ha residido en Parque Venezuela. Es propietario de la carnicería “Los 8 Pollos” desde hace 15 años, y nunca antes se había enfrentado a una situación con la recolección de basura como la que León atraviesa actualmente.
Así le afecta a su negocio: el desperdicio, el calor y el viento pueden provocar pérdidas a su negocio, y la gente se reserva a comprar la carne, porque temen contraer enfermedades.
“No entiendo por qué la jefa de aquí, Bárbara Botello, quitó a esos señores, pues hacían muy bien su trabajo. Hasta ayer se llevaron una parte de la basura. Los anteriores señores de la basura se llevaban a las seis de la mañana, ahora llevan semanas enteras”.
“Yo hasta pensaba llevarle la basura al centro, para presionarla, donde quiera que veas hay pura basura, se oye mal pero la presidenta ni sabe el problema de la basura aquí y ella se va a Asia, además que le quitó el trabajo a personas que lo necesitaban. No sé ni a qué se deba esto de la basura”.
Por su parte, Pamela Ruiz es ama de casa, vive en la colonia Delta de Jerez, por la calle Eta. Duró una semana viendo montones de basura afuera de su casa, con el olor haciéndose más penetrante día con día. Hace poco los vecinos decidieron quemar la basura. Finalmente ha pasado el camión, pero sólo se ha llevado una parte.
Las calles de Ciudad Satélite, en tanto, tienen basura por doquier, sobre todo en los fraccionamientos abandonados.
Del DF a León, con basura de por medio
Justino Rojas 74 años, vive en León desde hace 50. Se considera leonés. Es dueño de “Servicar”, negocio dedicado a mofles y refacciones de autos.
Es también abuelo de una bebé de un año, y teme que cuando lo visiten contraigan enfermedades, pues justo frente a su negocio una montaña de basura se hace cada día más grande.
“Yo me doy cuenta que hay que presionar al gobierno, pero, ¿qué nos ganamos? Ni nos hacen caso. Los señores de la basura están dispuestos a trabajar, pero no nos atienden. Pero quienes sean, lo importante es que se los lleven, necesitamos una solución rápida que no sea pagar un camión particular”.
Las montañas de basura se hacen cada vez más altas, y la gente ha decidido recolectar cartón o jugar cartas, pero sobre todo: seguir con su vida.
Fotos: César Solórzano

























