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Menores contagiados de SIDA sufrieron abusos de sacerdotes

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¿Caridad o marketing, pederastia directa o indirecta en la Iglesia Católica venezolana? “¿Quieres ser un Ángel de la Guardia?”, pregunta la Fundación Niños con Sida El Buen Samaritano (FNSBS), a los católicos creyentes que pasen por su página web o paguen por alguna de sus rifas, repartidas en círculos acomodados de la sociedad. Entre tanto, nos paseamos por los tribunales de menores, desarmando expedientes que nos indican la falta de ángel de esta institución.

María Gabriela Ibáñez / elTOQUE

(24 de abril, 2014).- En el circuito judicial venezolano, se leen expedientes de niñas y niños víctimas de abuso sexual, física y moralmente. Estos hechos habrían ocurrido, incluso, estando bajo la custodia de la FNSBS. Se trata de un programa diferenciado para la constitución y mantenimiento de casas hogares para menores afectados por VIH/Sida y de su asistencia médica. Además, también se encuentra una demanda de nulidad contra su asamblea constitutiva, opacidad en el manejo de los fondos y forjamientos de actas por parte de su presidente, el padre Vicente Mancini, y colaboradores directos. Pero este punto no es de dominio público.

La mencionada asociación civil ha permitido la violación incuestionable de las medidas de protección, en favor de los niños y de sus propios estatutos. Estos hechos ocurrieron mientras la organización era responsable de la custodia temporal de menores de edad, huérfanos en su mayoría, diagnosticados con VIH/Sida. El Estado venezolano conserva la patria potestad hasta que los niños tengan su colocación definitiva.

Hay casos de pederastia indirecta

Fabio Rossani, Patricia Anilu, Dennis Alejandro Ugas, María Alejandra Campos, Daniel Hidalgo, Luisa López, Andrés Villa Franca, Yorwiuil y Yorneays Amundaray y Moisés Campos, fueron niños apadrinados por Buen Samaritano hace una década y nuevamente se convirtieron en víctimas; contagiados de VIH por sus padres, y luego mancillados en una casa hogar católica.

¿Dónde quedó la piedad y el respeto al prójimo, no eran estos valores del catolicismo? Sus expedientes indican múltiples violaciones como las de Fabio, Patricia y Daniel.  Ya han crecido y no tienen ocho, 15 y 12 años, respectivamente, pero el crimen de violación no prescribe. Así se desprende de las resoluciones de la ONU y las declaraciones del Vaticano, con respecto al no encubrimiento de pederastia en el seno de la Iglesia Católica. El victimario –Ildemaro Solís– fungía como su cuidador bajo aval del sacerdote y presidente de la institución, Vicente Mancini, quien niega todo.

Antonia Turbay, abogada y fiel de la Iglesia, especialista en derecho de menores, inició –por cuenta propia– el viacrucis de juntar y recopilar datos y voces que demuestren la veracidad de estos hechos, que denotan la “infracción a la protección de vida” por parte de la Iglesia Católica.

Transcurrido el tiempo, las consecuencias no se olvidan y los daños sólo se agravaron. Turbay nos refiere la completa indefensión de los niños al ser maltratados por Solís, un ex guardia nacional, que además, estuvo involucrado en robos de las propiedades de los menores, donadas como parte de la caridad.

Ser seropositivo desde el vientre materno y abandonado ya es suficiente carga para un ser humano. Que la iglesia y sus representantes como Mancini desestimen las acusaciones de violación y maltrato infantil, se convierten en un castigo a la dignidad humana. “Yo conté lo de la violación pero el Padre Mancini no me creyó, porque yo era una negra”, relató Patricia Anilú.

Durante su estancia en la organización, Patricia no resistió el trauma y le generó problemas cardiovasculares, entre otros. María Gabriela López, directora de Infectología del Hospital J. M. de los Ríos explicó el fenómeno médico, asegurando que esto pudo haber incidido en la esquizofrenia de Dennis Ugas y su consecuente muerte a los 12 años.

En tanto, algunas preguntas seguían en el aire por ejemplo: ¿para qué usan el dinero recaudado?, o ¿para qué los tienen en la fundación?

En el mismo hospital nos topamos con la bochornosa realidad de negligencia en los tiempos de presentación de los niños para los tratamientos. “No es un problema económico, es que no les importan los chamos”, comenta una de las enfermeras que pidió permanecer en el anonimato. “Tienes que ver las condiciones en las que están, vete a su casa y compruébalo tú”, afirma.

¿Es un negocio?

María Alejandra Campos, otra de las víctimas de abuso emocional, asevera que Mancini se ha hecho rico con su enfermedad. Todo parece indicar que venden un billete de lotería católica para ayudar a niños con VIH y solicitan donaciones bancarias. Sin embargo, la asociación no es sometida a auditorias, ni explica sus vinculaciones con funcionarios del Estado venezolano en la construcción de obras para la causa.

Dos de las casas hogar visitadas son una oda a la desidia. Una de ellas, funge como comedor de indigentes y no posee la mínima infraestructura para la crianza y arraigo familiar que requiere un niño.

Hay que destacar que otros sacerdotes solicitaron la custodia de los muchachos, para así alojarlos en buenos hogares, pero al parecer, Mancini no aceptó.

Silencio Sacro

Parte del contenido aquí mencionado es del conocimiento público y expreso del cardenal Urosa Sabino y el Obispo Fernando Castro, al igual que fundaciones dedicadas a la asistencia a pacientes con VIH –Acción Solidaria, Ases de Venezuela–. Todas ellas podrían solicitar, judicialmente, la intervención de la fundación y el nombramiento de un administrador ad hoc pero, para ello, hay que vencer los temores y asumir que la iglesia no es perfecta.

Mientras no exista una sentencia de un tribunal penal o civil con los casos de violación, la iglesia no accionará sus mecanismos de investigación y aplicación de justicia. Se guarda silencio, se evita la pregunta incómoda de la prensa y el conocimiento del caso se reserva a secreto de confesión.

Hoy, hay indicios de movimiento en el seno de la Iglesia. Mancini hace ruido, pero debe salir en silencio. La propuesta de un nuevo presidente para El Buen Samaritano es probable, pero con ello, no habrá justicia si la Iglesia no asume las irregularidades.

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