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Caso ABC: Un crimen de Estado

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Paola Gutiérrez / Colaboradora

(5 de junio, 2014).- En días pasados empecé a re-leer con mucho interés “Nosotros somos los culpables” del cronista Diego Enrique Osorno, sería poco escribirles que al igual que la primera vez que lo leí, de nuevo es una de esas crónicas que por la manera en el que el autor escribe te llena de sentimentalismo, literalmente me pasé la mitad del libro llorando, es tal la fuerza que sin querer, y sin ser evidentemente rebuscado el autor nos trasmite la fuerza dolorosa de las palabras de los padres y familiares de las víctimas, nos trasmite también el cinismo de las autoridades y la complicidad de éstos con los responsables de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora.

Este fue un libro difícil de terminar de leer, es tal el coraje que provoca que al menos a mí me dieron ganas de ir a Hermosillo a quemar a los dueños de la guardería, a sus familiares beneficiados y de paso al en aquél entonces Presidente de México y por supuesto a su esposa.

Nada justifica y no hay perdón que valga para limpiar conciencias sobre la muerte de 49 bebés, que eran eso bebés, a los que les quitaron la posibilidad de vivir con lo que conlleva el vivir, les quitaron la posibilidad de experimentar su niñez, luego su adultez y posteriormente la vejez, les quitaron la posibilidad de enamorarse, de que les rompan el corazón, de experimentar, de desarrollar sus capacidades.

Poco después de que leí el libro, la primera vez, conocí a una de las familiares de las víctimas, a Julio César Marquéz, papá de Yeyé, quien me contó entre otras cosas la angustia de vivir sin su hijo menor y al mismo tiempo sabiendo que tiene que ser fuerte por su esposa y otros hijos, pero sobre todo me comentó que la tragedia transformó su vida, ha decidido luchar no sólo para que los verdaderos culpables paguen por la muerte de su hijo que apenas tenía 3 añitos cuando fue asesinado, y digo asesinado porque estoy convencida de que no fue sólo un simple accidente, sino también para que ningún padre, o madre, tenga que pasar lo mismo por lo que pasa él.

general

Lo sucedido en la Guardería ABC, hace ya un lustro, es algo que como país avergüenza, porque para el mundo somos un País que permite que morir 25 niñas y 24 niños, a la hora de siesta, en una guardería, pero no cualquier guardería sino una una guardería que el Estado, fiel a su proyecto neoliberal subrogó a particulares y que se negó a la vigilancia de que tales servicios fueran de calidad ya que aquella era sin duda una trampa mortal instalada en una bodega sin ventanas, sin salidas de emergencia, sin extintores y desgraciadamente, como lo es casi todo en este país de amiguismos, una guardería concesionada a través de un proceso marcado por la corrupción y el nepotismo, donde unos cuantos llenaron sus bolsillos haciendo negocio con lo que más debería importarle al País, con sus infantes, con el que quizá sea el sector más vulnerable de la población.

Lo que sucedió en la Guardería ABC fue un crimen de Estado provocado por sus omisiones y como dicen, decimos los que pedimos justicia, si no hay Justicia ABC no habrá justicia para nadie en este país, porque es una de las mayores demostraciones de la insensibilidad de los que hoy, y ayer, están en el poder, es la mayor demostración de la falta de respeto por la vida humana a tal grado que no hay nadie en la cárcel por este crimen y lo que más avergüenza no se alzó la nación entera a pedir justicia por 49 niñas y niños que podrían ser los hijos de cualquier mexicano, parece que en este país la corrupción y la muerte son causas y efectos una de la otra.

En estos días pienso en esas madres y padres de la Guardería ABC y sobre todo pienso en la deuda que como País tenemos con ellos, porque son gente decente, honesta y trabajadora que cada día cumplían con sus obligaciones con su País hasta que su País les quitó lo más preciado para ellos.

Este 5 de Junio es un día de luto, lo ha sido durante 5 años porque aún no hay nadie pagando por lo que quizá sea el infanticidio más grande de nuestro País, pero aún seguiremos hasta que haya justicia, no perdón no olvido, sino solamente justicia.

gral2

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