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Académica de la Universidad Intercontinental acusa arbitrariedades en la institución

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(10 de junio, 2014).- Como parte del compromiso que Revolución TresPuntoCero tiene con los derechos humanos, salvaguardarlos y denunciar cualquier tipo de abuso, en esta ocasión reproduce la carta integra que la académica Ivonne Acuña Murrillo y colaboradora nuestra, envía a Midelvia Argelia Viveros Paulin, coordinadora del Programa de Psicología en la Universidad Intercontinental por el trato arbitrario que recibió luego de que le fue negada la oportunidad de impartir una materia que ganó en convocatoria.

A pesar de haber soportado diversas anomalías por miedo a perder su trabajo, el hecho de que ahora se intente manchar su nombre, tras una supuesta evaluación del alumnado al que impartió clases, es lo que la orilló a denunciar públicamente lo ocurrido en la UIC, situación que como menciona, no es ajena en colegas suyos que trabajan en diversas escuelas públicas y privadas.

A continuación, reproducimos la carta de denuncia integra enviada por Ivonne Acuña Murrillo:

   Estado de México, 6 de junio de 2014.

DRA. MIDELVIA ARGELIA VIVEROS PAULIN

Coordinadora del Programa de Psicología

Universidad Intercontinental

Área de la Salud

Presente.

 

 

Dra. Viveros Paulin,

 

El pasado 28 de mayo del año en curso fui notificada por medio de un correo electrónico acerca de su decisión de no considerarme para impartir la materia de “Fundamentos de Investigación en Humanidades”, para el periodo de otoño de este año. El correo me fue enviado por el Mtro. Hiram Padilla Mayer, Coordinador del Programa de Filosofía que a la letra dice:

Estimada Ivonne

Buenos días.

Primero que nada una disculpa por la demora en responder tu correo, sin embargo quisiera comentarte que hace unos días me reuní con Midelvia  para tratar el asunto de las Materias de Fundamentos, al respecto y sobre tu petición me comentó que desafortunadamente el próximo semestre no te tenia contemplada para la materia debido a la incompatibilidad con los grupos y la baja evaluación que te dieron así que por el momento se ha decidido darle oportunidad en la materia a otros prospectos. Al respecto me gustaría reiterar que es una decisión tomada en conjunto con otras áreas y debido ello no fue posible postular unánimemente nuestro punto de vista sobre la asignatura, sin embargo te aseguro que en cuanto al programa académico de filosofía y la materia de Seminario de Tesina I sigues estando considerada.

Sin más por el momento y quedando a tus órdenes me despido.

Atte

Mtro. Hiram Padilla Mayer

Coordinador del programa de Filosofía

Universidad Intercontinental

             A través de esta comunicación quiero expresarle mi molestia y desacuerdo con la decisión que de manera arbitraria se tomó, de forma conjunta con otras áreas a decir del Mtro. Padilla, para negarme el derecho a impartir una materia por la que postulé y gané en convocatoria abierta hecha por la Universidad Intercontinental (UIC), en el año 2008, fungiendo como profesora titular desde ese año hasta el segundo semestre de 2013.

            En el primer semestre de 2014 no me fue asignado grupo para impartir “Fundamentos de Investigación en Humanidades” debido a los cambios realizados a la currícula de la carrera de Psicología, según usted misma me explicó, pues la materia se empalmaba con el horario de otra clase que suelo impartir, “Realidad Sociocultural Contemporánea”, de la que también fui nombrada titular después de ganar la convocatoria abierta. Argumento que se contrapone con la explicación posterior que se me dio en torno a que la que materia pasó de segundo a tercer semestre, por lo que dicho curso no fue impartido.

            Las dos explicaciones ofrecidas para no asignarme la materia no corresponden con las razones expuestas, a través del correo citado, por el Coordinador de Filosofía, Mtro. Padilla, quien afirma que fue usted quien decidió no considerarme para esta clase por cuestiones de una baja evaluación. Al respecto quiero aclarar que una sola vez, en los poco más de 5 años que llevo atendiendo alumnas y alumnos de Psicología, me citó usted en su oficina para cuestionarme sobre los comentarios negativos que algunos estudiantes de su área habían hecho en torno a mi trabajo.

             En esa ocasión, usted misma buscó explicar el resultado de dicha evaluación relacionándolo con el hecho de que ese semestre no pude iniciar mis clases debido a que sufrí una fractura del quinto metatarso del pie derecho, el 14 de enero de 2013, lo cual implicó que el IMSS me incapacitara por 6 semanas. Le recuerdo, que después del accidente y días antes del comienzo del semestre le propuse a usted un profesor suplente de manera que mis estudiantes no perdieran ni una sola hora de clase, por lo que todas las sesiones fueron cubiertas por completo. A lo anterior hay que agregar que en todo momento estuve en contacto con alumnas y alumnos, vía correo electrónico, asignando y recibiendo actividades, haciendo comentarios y resolviendo dudas. Al término de la incapacidad me incorporé de lleno a mis actividades académicas.

            Esa fue la única ocasión en que usted hizo de mi conocimiento algún tipo de opinión negativa relacionada con mi trabajo, lo hizo de manera verbal y nunca me mostró ninguna evaluación presentada por escrito. De hecho, hasta el día de hoy nunca he recibido de su parte ninguna evaluación hecha por los estudiantes, lo que en otras universidades de prestigio no es la excepción sino la regla. Semestre a semestre se hace del conocimiento de las y los docentes la calificación numérica resultado de las respuestas dadas por los estudiantes a una serie de preguntas relacionadas con el desempeño de quien impartió tal o cual materia, además de los comentarios concretos sobre tal trabajo.

            Dicho lo anterior, me permito cuestionar la forma en la que usted de manera parcial, repito, decide privarme del derecho a impartir una materia de la que soy titular por un resultado que apuntó a cuestiones de salud ajenas a mi voluntad como usted pudo apreciar. Su arbitrariedad se origina en una serie de factores que comento a continuación.

             En primer lugar, evaluar mi trabajo docente tomando como criterio único el decir y la percepción de un grupo de estudiantes de psicología, dejando de lado otros criterios de evaluación como el programa operativo de la materia; la consecución de los objetivos de dicho programa al 100% en todos y cada uno de los cursos que he impartido; la puntualidad y asistencia a clases (por semestres no he faltado un solo día a clases, con excepción del periodo en que estuve incapacitada, una sola vez en más de 9 años); las muchas evaluaciones positivas que he recibido de grupos anteriores no sólo de sus estudiantes sino de las y los alumnos de las otras carreras que han cursado la asignatura de manera conjunta como Filosofía, Teología, Pedagogía y Derecho; la evaluación de mi trabajo como docente por parte de mis pares, etcétera.

              Sume a lo anterior como trabajo académico no remunerado los más de 15 textos especializados que la Universidad Intercontinental me ha publicado, a través de las Revistas Intersticios y Foro UIC, además de lo publicado en otras revistas arbitradas en  instituciones independientes a la UIC; el material didáctico que elaboré para la universidad cuando se actualizaron los planes y programas de estudio en los años previos a 2008 y el trabajo de supervisión y revisión que realice en torno a todo el nuevo plan de estudios de la carrera de Filosofía Modalidad no Escolarizada; las dos ocasiones en las que se me entregó, en Claustro Universitario, el Reconocimiento al Mérito Docente, en 2007 por las clases de licenciatura y en 2012 por las de maestría y todas las horas no pagadas que he regalado a la UIC en asesorías presenciales y vía correo electrónico, asociadas a mis materias y en dirección de tesis y tesinas, etc.

              En segundo lugar, porque nunca me ha hecho llegar por escrito, como ya dije, el resultado de ninguna evaluación hecha por los estudiantes, lo cual, de ser el caso, me hubiera permitido, con oportunidad, mejorar mi trabajo docente en aquellos aspectos que presentaran alguna deficiencia en función de la percepción que las y los estudiantes pudieran haberse formado en torno a mi ejercicio docente. Lo cual puede ser interpretado, a la luz de su negativa a considerarme para la materia, como una acción premeditada de mala fe.

           En tercer lugar, porque jamás he recibido un “apercibimiento” suyo en el que se notifique deficiencia alguna, se me conmine a mejorar mi trabajo como docente o se me condicione la asignación de grupos. Cabe aclarar que desde 1990, año en que comencé mi carrera como docente, hasta hoy, jamás he recibido un extrañamiento, ni en la UIC ni en ninguna otra institución en las que laboro y he laborado, en torno a un desempeño deficiente de mi parte o a alguna falta de carácter administrativo.

            En cuarto lugar, en ningún momento me informó usted de su decisión de no asignarme grupo por un mal desempeño sino por las razones ya expuestas arriba, mismas que a la luz del correo citado parecen meros pretextos para no encararme y comunicarme la decisión ya tomada.

            En quinto lugar, porque al no informarme directamente su decisión anula mi derecho a defender y exponer mis razones y punto de vista en torno a mi trabajo docente y el desempeño de los estudiantes cuyos juicios de valor usted utiliza en mi contra.

            En sexto lugar, por no contar con la valoración positiva que sobre mi trabajo se ha hecho en otras coordinaciones de carrera y entre estudiantes de las carreras a las que se imparte la materia Fundamentos de Investigación en Humanidades.

            Por las razones expuestas, puedo afirmar que su decisión violenta no sólo mi derecho a impartir la materia citada, sino mi “derecho a la honra” pues cuando se corra la voz de que fui retirada de la materia por una “mala evaluación”, cambiará el concepto que de mí puedan tener los demás miembros de la comunidad universitaria UIC en relación con mi experiencia y capacidad profesionales, afectando con ello el capital simbólico -moral y social- que he acumulado a lo largo del tiempo, factor éste indispensable de la dignidad que a cada quien debe ser reconocida.

            A lo anterior se suma el trato indolente y humillante que usted me ha dado, primero al no informarme con propiedad sobre las razones de mi retiro de la materia lo cual, por otra parte, quedó ejemplificado en la frase que usó en la reunión que tuvimos hacia fines del año 2013 en su oficina, en la que me notificó con pretextos que no se me asignaría grupo el primer semestre de 2014, “no te preocupes al fin y al cabo sólo es una materia menos” afirmó, a lo que respondí que esa materia significaba la tercera parte de mi salario en clases presenciales.

            Posteriormente, en una reunión que tuvo lugar la semana siguiente, para revisar los horarios y los supuestos obstáculos para asignarme la materia, utilizó usted la expresión “esta pobre mujer”, en clara referencia a mi persona y a que no me había atendido el día y hora acordados. Al respecto, quiero enfatizar que el uso de esta frase y el trato que me ha dado es no sólo indolente sino humillante.

            Llegado a este punto, le aclaro que no soy ninguna “pobre mujer” y que rechazo tajantemente cualquier trato que tenga por objeto minimizar mis méritos y logros como persona y como docente comprometida con su tarea en la formación de personas responsables y sensibles a las necesidades de los demás, como pueden atestiguar los cientos de estudiantes que han pasado por mis clases a lo largo de los años.

              No quiero finalizar esta comunicación sin acotar que su arbitraria decisión es la gota que derrama el vaso, pues desde el año 2008, en que las autoridades de la Universidad Intercontinental decidieron reducir la estructura administrativa y académica de la UIC, he sufrido una serie de afectaciones que sería largo enumerar, producto todas de decisiones unilaterales, siendo las más importantes la pérdida, en ese mismo año, del medio tiempo con que ya contaba sumando clases y horas administrativas y la liquidación arbitraria que se hizo en diciembre del año 2013 a todos los profesores que sólo damos clases y ya no tenemos horas administrativas, así como el cambio de nuestras condiciones contractuales, pasando de la firma de contratos semestrales a contratos “por obra” de cuatro meses, lo que se traduce en que se deje sin servicio médico en los meses de verano, a las y los profesores a quienes no se asignen cursos durante ese periodo.

               A esto hay que sumar que nuestro aguinaldo se redujo de 30 a 15 días, el cual por otro lado nunca es entregado completo en diciembre, bajo el argumento de que “nos adelantan” la mitad en julio; que ya no se nos pagarán las vacaciones de verano, sólo las de Semana Santa y las de diciembre; que independientemente del monto del salario los vales de despensa no podrán exceder de un salario mínimo general elevado al mes; que no se incrementó el pago por hora de clase siguiendo el aumento en el salario mínimo, criterio que si se aplicó a la restricción de los vales. Para rematar, el pago en diciembre de la liquidación se hizo de modo parcial, pues no se nos pagó lo correspondiente a la antigüedad, pago que fue prorrateado comenzando por las y los profesores con mayor antigüedad por lo que mi pago, escasos $ 4,855.80 por cinco años de servicio en mi segunda contratación con la UIC de acuerdo con los cálculos de la misma institución, se programó para la segunda quincena de noviembre de 2014, siendo que en justicia éste debió hacerse en el mismo mes de diciembre.

                Hasta hoy soporté todo, incluidas algunas medidas administrativas excesivas con las que se pretende controlar el trabajo en aula y muy ingenuamente elevar el nivel académico de la UIC como la firma de entrada y salida de cada clase lo que ha motivado, ante la falta de organización administrativa, que las y los profesores hayamos tenido, por buen tiempo, que correr de un lugar a otro para registrar la asistencia en edificios distintos; el que debamos recabar las firmas de las y los alumnos en cada una de las evaluaciones realizadas y que debamos entregar copias de esas firmas en coordinaciones distintas, mes con mes, cuando se trata de materias compartidas por varias carreras y que se ha dado en llamar de “hipernúcleo”; que para algunas materias virtuales, en las que hay que atender a estudiantes vía correo electrónico,  no se asigne un lugar y una computadora donde hacerlo y haya que utilizar el equipo propio en casa corriendo con el desgaste del equipo y los gastos que eso genera; la reducción en las horas de clase, lo que en muchos casos se traduce en el sacrificio de contenidos temáticos necesarios para poder ofrecer un panorama completo de los asuntos a desarrollar en cada sesión; la firma al final de cada semestre de 4 ó 5 pre-actas y 4 ó 5 actas por cada materia impartida, ante la falta clara de una política administrativa racional.

                 Después de todo lo dicho, la intención última de esta carta tiene como objetivo pedir la reconsideración en torno a la materia de la que con causa injustificada pretende usted privarme, para lo cual estoy dispuesta a someterme a la evaluación de mis pares o de la instancia imparcial que sea necesaria, incluyendo el cotejo de mi curriculum vitae contra el de sus “nuevos prospectos”, así como la realización de una encuesta entre los estudiantes a quienes he atendido por más de nueve años.

                 Por otra parte, le informo que haré pública esta carta ante el temor de ser despedida de la Universidad Intercontinental como le ha ocurrido a otras y otros colegas que se han atrevido a exigir el respeto a los derechos que personal de esta universidad ha violentado de manera evidente y reiterada siguiendo el mismo método, el cual comienza con la reducción de horas de clase, hasta que quien lo sufre decide irse por su propia cuenta o es despedido o despedida.

                 Finalmente, me he mantenido en la Universidad Intercontinental a pesar de todos estos avatares no sólo por la necesidad de trabajar por un salario, mismo que usted pretende mutilar, sino por el gran cariño y respeto que profeso a mi labor como docente, pero sobre todo a mis alumnas y alumnos, muchos de los cuales han dado sobradas muestras de aprecio y reconocimiento al trabajo que con ellos y ellas he desarrollado. Por mí, por ellas y por ellos es que no estoy dispuesta a consentir se me dé un trato discriminatorio sin protestar, sí me han de correr de la UIC por defender mi derecho al trabajo, a un salario “decente”, a la honra y a un trato digno y respetuoso, que les sirva a mis estudiantes como última lección para que a lo largo de su vida no sacrifiquen esos derechos por hambre, necesidad o miedo a levantar la voz.

Atentamente

Mtra. Ivonne Acuña Murillo

C.c.p. Mtro. Juan José Corona López. Rector.

C.c.p. Lic. Luis Alberto Sandoval Berumen. Vicerrector.

C.c.p. Lic. Gabriela Martínez Iturribarria. Directora del Área de la Salud.

C.c.p. Mtro. J. Martín Cisneros Carbonero. Coordinador de Humanidades.

C.c.p. Mtro. Hiram Padilla Mayer. Coordinador del Programa de Filosofía.

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