Misael Rojas / @misa_elr
(22 de junio, 2014).- A pesar de los esfuerzos llevados a cabo por los gobiernos de los distintos países, América Latina sigue siendo un de las regiones más desiguales del mundo. Esto según el Banco Mundial y el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), que ubican a África Subsahariana como el primer lugar en desigualdad, con un 56, 5, mientras que América Latina ocupa el segundo lugar con un 52,9 de desigualdad.
Aunque existen muchos logros sociales de parte de los gobiernos, en los últimos 15 años 100 millones de latinoamericanos han abandonado la pobreza, la brecha entre los más pobres y los más ricos poco ha variado. Se calcula que desde el año 2000 la pobreza ha disminuido en un 30%, lo cual afecto de manera considerable en la desigualdad, que pasó de 0,54 en 2000 a 0,5 en 2010. Sion embargo, la insuficiencia se establece al comparar el avance con el de otras regiones, los países escandinavos, por ejemplo, tienen una desigualdad de 0,25.
Esta reducción de la desigualdad se ha debido a varios programas o proyectos que han impulsado diferentes gobiernos. Además de que se han establecido mejoras en términos de intercambio, precios de exportación versus los precios de las importaciones, se han establecido ciertas políticas, como el aumento del gasto social que ha impactado en el ingreso de las familias, además de que se ha invertido en la educación de los sectores más empobrecidos. Otra de las políticas económicas que más han favorecido a la población pobre es el aumento del salario mínimo, así como la implementación de programas en esos sectores que, dentro de la misma población marginal, suelen ser los menos favorecidos, como los sectores de la tercera edad.
Sin embargo, con todos esos cambios la desigualdad no ha cambiado porque hay una restricción y un hermetismo en la vida política. Si bien se han implementado nuevos proyectos, la posibilidad de acceder a ocupar cargos públicos es casi nula. Existen, pues, sociedades muy estratificadas, con muy poca movilidad social, en donde los que han sido ricos difícilmente pierden el poder y el control sobre los distintos sectores económicos y políticos.


