(28 de junio, 2014).- Más de la mitad de jóvenes entre 15 y 17 años, económicamente activos, ya han abandonado la escuela.
En el segundo trimestre del 2013 INEGI registró que de un total de 6,775,316 jóvenes entre 15 y 17 años, 1,625,244 ya está considerado como Población Económicamente Activa (PEA) y de éstos, 867,070 ya no asisten a la escuela, es decir, del 23% de la población en ese rango de edad el 55.26% ha abandonado su formación académica.
Un problema grave dado que en México no se cuenta con un sistema de salarios diferenciados que posibilite el aumento gradual del ingreso dependiendo de la experiencia y las capacidades de los trabajadores. Al considerarse un salario mínimo (estimado en 67.29 pesos diarios para la zona “A”) aún si los jóvenes adquirieran antigüedad en sus empleos seguirían ganando el piso fijo que la ley establece y que las empresas adoptan como medida mínima de acuerdo al perfil y las funciones del puesto.
Además de ello, la ley contempla que los jóvenes menores a 18 pueden trabajar teniendo la autorización de los tutores, sin embargo, esto no obliga a los patrones a brindar las prestaciones mínimas, de ahí que gran parte de menores de edad laboren sin filiación al seguro social y por lo no son sujetos a cotizar para vivienda, aún cuando desempeñen un trabajo formal.
Aunque fuesen adquiriendo mayores capacidades en sus trabajos difícilmente podrían aspirar a un salario mayor por la baja escolaridad. El panorama resulta alarmante si se toma en cuenta otro dato. De acuerdo con INEGI, de los 1,625,244 jóvenes (23% del total entre 15 y 17 años) únicamente 5,649 registró haber cursado más de un año en educación media superior. De ahí que gran parte de ellos deban trabajar en labores consideradas como secundarias, sin contratos fijos ni roles permanentes. En su mayoría desempeñan trabajos como auxiliares, apoyos, mantenimiento a vivienda, oficios, etc.
Debe agregarse que la ignorancia del joven –por su corta edad- respecto a sus derechos hace que acepten trabajos mal pagados y sin prestaciones o garantías mínimas. Empleados, formales o no, quedan expuestos a las condiciones que el patrón ofrece por su inexperiencia, la carencia educativa y su minoría de edad.
Por estas razones muchos jóvenes prefieren desempeñarse en labores informales que les brindan un mayor salario y libertad laboral. Pueden prescindir de contrato alguno y no les es necesaria la prestación porque simplemente ganan más de lo que una empresa pagaría a su edad.
Peor aún, en estados donde ni siquiera la informalidad es una alternativa, la delincuencia organizada encuentra en ésta población un nicho de reclutamiento extremadamente vulnerable.
No solo se trata de un problema severo de deserción escolar, si no de las malas condiciones sociales y económicas que hacen que muchos jóvenes deban abandonar la escuela para trabajar a su corta edad exponiéndose a explotación laboral sin mayor alternativa que la de estancarse en un puesto auxiliar. Se trata de la gravedad de un Estado incapaz de garantizar las condiciones necesarias para la educación y la permanencia en las escuelas así como de la poca generación de empleos.


