Mancera, policías y funcionarios sí circulan; los trabajadores y pobres no

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(09 de julio, 2014) Los desacuerdos y protestas no van contra las medidas que, indispensables, han de reducir la contaminación por la quema de combustibles y productos fósiles. El problema está en que con nuestros impuestos Mancera y sus funcionarios tienen automóviles último modelo con chóferes y motocicletas que en un afán de abrirles el paso, causan más contaminación. Sin embargo, los camiones que recogen la basura y las patrullas -incluso las que vigilan la contaminación- impunemente echan al aire que respiramos el veneno que reduce el oxígeno. Mancera permite que talen los árboles que estorban los anuncios, en lugar de podarlos y darles hasta formas atractivas. Los agentes con uniformes de tránsito van de sus domicilios a sus lugares de trabajo en automóviles de más de 20 años, sin placas, y en cuanto se topan con su “pareja”, enseñan “charolas” y siguen tan campantes.

En cambio, la medida para aumentar el control del “No Circula”, impuesta de un día para otro, es para arremeter contra los trabajadores y los pobres que utilizan sus viejos carros, ya con la limitación de no circular hasta cuatro sábados; sin posibilidad de usar el pésimo transporte público, porque los de Ebrard se robaron la inversión y compraron un equipo barato para el Metro en su línea 12, “dorada” de corrupción, mientras las grúas del hermano de Marcelo –prestanombres del mismo Marcelo– andan como buitres sobre los automóviles.

Pero el nuevo “No circula” de Mancera atenta contra los pocos que están en la formalidad y contra el grueso de la informalidad que ha de transportar su mercancía, mientras el Metro, los autobuses, las “peseras” y los taxis piratas -propiedad de cómplices de la dirección de Transporte dan un pésimo servicio.

Las mismas policías crean paralizaciones contra los pobres que no pueden comprar nuevas unidades, contra quienes, principalmente, con un aviso de una semana antes, les impiden circular o se atienen a las sanciones draconianas de Mancera. Los pobres han de contribuir a no contaminar mientras los funcionarios, los ricos, la clase media alta, las policías con su “charola” y demás bribones, sí pueden contaminar o con sus automóviles nuevos, gozar libremente de transitar por las vías de cobro, con sus “guaruras” abriéndoles paso para llegar a tiempo a desayunar, a comer y cenar… haciendo la faramalla de algún sábado, sacar sus elegantes bicicletas, ponerse su traje deportivo y, cínicamente, “poner el ejemplo” de que ellos son los buenos y los pobres que sólo pueden tener un viejo carro, son los malos. Contra ellos el abuso del poder… hasta que se rebelen.

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