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AP refuta versión de la Sedena; fusilaron a 22 personas en el Edomex

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(11 de julio, 2014).- Un día después de que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) abatiera a 22 presuntos integrantes del grupo criminal Los Guerreros Unidos –escisión del cártel de los Beltrán Leyva– durante un supuesto enfrentamiento en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, la organización Insight Crime señaló que el caso planteaba cuestiones “preocupantes” sobre “cómo se están llevando a cabo estas operaciones por parte del ejército” y “cómo el gobierno está supervisando sus acciones”, pues grupos de derechos humanos han detectado “la participación de los militares en ejecuciones extrajudiciales”.

Y, precisamente, la agencia de noticias estadounidense Associated Press corroboró esta sospecha mediante una nota que publicó hoy, donde apuntan que existen pruebas de que el Ejército mexicano llevó a los 22 presuntos delincuentes dentro de la bodega –que según los castrenses, mantenían en el interior armamento y a 3 personas secuestradas– e improvisaron un paredón para posteriormente fusilarlos. Según el medio, no resulta ser la primera vez que ocurre un enfrentamiento poco creíble durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuya información está incompleta.

La versión de la Sedena establece que el pasado 30 de junio, a las 05:30 horas, un convoy de militares estaba realizando un reconocimiento terrestre en las inmediaciones del poblado Cuadrilla Nueva, municipio de Tlatlaya, Edoméx, cuando “ubicaron” una bodega vigilada por personas armadas que, al percatarse de la presencia militar, abrieron fuego en contra de los elementos castrenses, entonces, los uniformados “repelieron el ataque”.

En contraste, de acuerdo con el reportaje de la agencia norteamericana: “Marcas de bala y manchas de sangre en las paredes dentro de una bodega de almacenamiento de grano en las montañas del sur de México cuentan una historia sombría de muerte que implica soldados y presuntos delincuentes. (…) El tiroteo fue el más dramático de una serie de batallas en las que el Ejército afirma que los delincuentes dispararon primero contra los soldados; que luego los mató a todos, mientras sufría pocas o nada de pérdidas. Ha habido muchos incidentes de este tipo, que hacen que los grupos y los analistas de los derechos humanos duden de la versión de los militares”.

Por su parte, AP precisó que  “a pesar de que los fuertes tiroteos, sólo unas seis rondas de balas parecían haber golpeado la fachada de la bodega, la única parte del edificio con una ventana o una puerta, donde los soldados probablemente habrían estado disparando a los que estaban escondido en su interior. También hay signos de disparos continuos en el interior de la bodega, algunas marcas de bala y no casquillos. Pero hay una amplia evidencia de muerte. El suelo estaba manchada con charcos de sangre seca y salpicada de trozos de papel con números dejados por los investigadores para marcar el lugar donde se encontraron los cadáveres”.  

Además, enfatiza, antes de que las autoridades estatales clausuraran, dos observadores del Alto Comisionado de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos inspeccionaron la bodega y diagnosticaron que no se hallaron señas de balas perdidas del modo en que los soldados disparan con armas automáticas desde una cierta distancia, así como signos de fue abierto desde la parte interna del almacén. No obstante, las conclusiones de este informe sólo serán de uso interno en la ONU.

En la escena del crimen, puntualiza la agencia, había cepillos de dientes, medicamentos y envases de alimentos vacíos que presume rastros de que se acampó dentro de dicha bodega. AP consultó a “empleados de la oficina de los médicos forenses del Estado de México que hablaron a condición de guardar el anonimato porque no estaban autorizados a dirigirse a la prensa, dijeron que los muertos eran en su mayoría jóvenes de 16 a 24 años, y eran de vecino estado de Guerrero. Era el hogar de una banda de narcotraficantes conocida como Guerreros Unidos, que al parecer está luchando contra el cártel de La Familia Michoacana por el control de rutas de la droga que salen de Michoacán. Los funcionarios se han negado a decir qué pandillas podría haber estado involucrado en el almacén”.

Por otro lado, la Revista Hahstag puntualizó un día después a través de una columna titulada “Los 22 muertos en el Edomex, versión incongruente de la SEDENA”, los siguientes planteamientos:

  • 1.- ¿Cómo saben que los abatidos pertenecían al cártel de Los Guerreros Unidos? ¿Con base en qué reportes o perfiles imputan inmediatamente este vínculo criminal? Ni siquiera han sido reveladas las identidades de los occisos.
  • 2.- ¿Cuántos elementos de la Sedena iban a bordo y con qué armas? Y esta pregunta cobra relevancia, dado que el número del convoy tuvo que haber sido mayor o equiparable al de ellos, es decir, 22.
  • 3.- ¿En esta relatoría tan fantástica de la Sedena, cómo es posible que resulte solamente un militar herido? ¿Qué hizo inferior el músculo del crimen organizado que en casi todos los casos están mejor armados y organizados?
  • 4.- ¿Quién supervisa los operativos o reconocimientos terrestres –en este caso de la 22 Zona Militar con sede en Santa María Rayón– para no permitir movimientos extrajudiciales sin un protocolo de derechos humanos?
  • 5.- ¿Quién supervisa y bajo qué protocolos los operativos o reconocimientos terrestres para dar legalidad a la escena del crimen –lo cual incluye aseguramiento de drogas o armas– sin que ésta haya sido alterada una vez que llega –horas después– el ministerio público para realizar los debidos peritajes?
  • 6.- ¿A qué se refieren con presuntos agresores? ¿Agredieron a los militares sí o no? ¿Acreditaron que esos 22 que ahora están muertos los estaban agrediendo sí o no?

Sin embargo, hasta el momento han permanecido en silencio las dependencias federales y estatales. Principalmente el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, quien sólo se refirió al hecho como  “una valiente presencia y acción, al poder rescatar a tres personas que estaban secuestradas”.

Ahora la versión de AP pone en relieve el caso que al parecer no es el primero que ocurre bajo este esquema durante el peñanietismo, sin dejar de lado que en el calderonismo también fueron sucesos frecuentes.

 

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