Abigeato, el delito no atendido del campo

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Óscar Balderas / @oscarbalmen

(05 de febrero, 2014).- Dice Justino Juárez que cuando salió de su casa y vio lo que tenía enfrente, casi le da un infarto. Que sintió como si el corazón se le hiciera chiquito y, a causa del encogimiento, un dolor punzante le empezó a recorrer el brazo. Como no creyendo lo que sus ojos veían, se talló fuerte las arrugas alrededor de sus pupilas negras y  giró la cabeza unas veinte veces para buscar en el llano lo que ya no tenía.

Le tomó varios minutos despabilarse. Cuando entendió que sus 50 vacas ya no estaban en la hectárea que usa como patio, pegó un grito con la fuerza de unos pulmones de 62 años de edad y toda la familia corrió en su auxilio para corroborar lo que el corazón de Justino supo desde el primer momento: alguien, de madrugada, les había robado todo el ganado.

Resistiéndose a la idea, la familia emprendió la búsqueda por la zona rural de Meoqui, Chihuahua, con la esperanza de que el ganado se hubiera escapado y rondara por ahí cerca, nervioso, deseoso de volver a casa. Fue una búsqueda de tres horas hasta que la esposa de Justino, sus tres hijos y la nuera se rindieron.

“Nuestras 50 vacas no eran mucho, habíamos vendido varias a un rastro y estábamos por esperar más, pero sí eran nuestro sustento para iniciar el año. Perdimos todo, porque se pierde el ganado, pero también se echa a perder la comida que uno les compra y los préstamos del banco se siguen pagando como si las reses estuvieran aquí”, contó Justino en diciembre de 2013 a la Asociación Ganadera Local de Chihuahua, a donde acudió a reportar el caso.

Le dijeron que aquel delito se llama “abigeato” y consiste en el robo de animales domésticos o de rancho; que lo perpetran bandas locales que esperan, pacientemente, a que otra persona compre las crías, las atienda, las engorde, las tenga en un momento ideal para su venta… y entonces ellos las toman y las revenden en el mercado negro.

“Dejan que hagas todo el trabajo, todos los costos van por tu cuenta, y un día llegan y te quitan los animales. Por supuesto, muchas víctimas son ganaderos pobres o de clase media, que no pueden costear un sistema de seguridad privado. Muchas víctimas son los más jodidos y el crimen los entierra, los arruina completamente porque de eso viven”, aseguró Fausto Martínez, integrante de la asociación.

Peor: si por alguna casualidad los victimarios de don Justino Juárez eran detenidos, éstos saldrían a las pocas horas.

En Chihuahua, como en muchos lugares del país, el abigeato o robo de ganado no es delito grave, por lo que en menos de 72 horas los culpables salen pagando una fianza.

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En 2013, México registró 7 mil 406 denuncias presentadas ante agencias estatales del Ministerio Público por el delito de abigeato.

La mayoría de ellas, aseguró Joaquín Cervantes, ex asesor jurídico de la Secretaría de la Reforma Agraria, no terminó en una sentencia condenatoria, pues los culpables pagaron sus fianzas, la víctima ya no quiso ratificar su denuncia por falta de tiempo o, simplemente, la autoridad no hizo su labor de encontrar a los responsables.

“Este delito tiene uno de los índices de corrupción más altos del país; muy pocas personas son castigadas. La ‘inversión’ de los delincuentes es grande, porque se roban en una noche hasta un millón de pesos en especie con un riesgo mínimo de ser detenidos e ir a la cárcel”, señaló Cervantes.

En promedio, cada mes ocurren entre 550 y 650 casos a nivel nacional, aunque hay muchos que no se denuncian ante la autoridad por falta de confianza en las autoridades.

“Lo que menos quiere una persona que perdió el sustento familiar es perder también su tiempo. Los ganaderos ven al Ministerio Público como un ente sin interés en su caso; entonces mejor enfocan su energía a recuperar animales, invertir, pedir préstamos. Están sus mentes en comer mañana, no en ayudar al aparato de justicia que les falló”, afirmó.

Actualmente, en Chihuahua ya hay un anteproyecto de ley en el Congreso local para tipificar este delito como grave, lo que impediría que un responsable salga pagando una fianza de cerca de 20 mil pesos.

“El problema con la fianza es que la pagan con el mismo dinero que obtuvieron en el mercado negro. Los delincuentes, aun siendo arrestados, ganan mucho dinero”, resaltó.

Sin embargo, en otros estados el abigeato no parece ser importante para los legisladores y basta una navegación en internet para corroborarlo.

“Falta de denuncias alimenta el abigeato”, publica el portal NTR Zacatecas; “Persisten el abigeato y robos a pozos de riesgo”, asegura la web El-mexicano.com.mx; “Preocupa a ganaderos el abigeato en Mazatlán”, señala el diario El Dictamen; “Piden intervención del ejército ante abigeato”, dice la agencia de noticias de Guanajuato Quadratín; “Continúa imparable el abigeato en el sur de Sonora”, afirma el periódico Expreso.

En Ciudad Valles, San Luis Potosí, los empresarios ganaderos incluso han planteado la posibilidad de tener autodefensas contra el incremento del robo de ganado; en Juchitán, Oaxaca, hasta en cinco ocasiones los criadores de puercos han bloqueado carreteras para alertar a las autoridades sobre el alza de este delito; en Tabasco, el diario Tabasco Hoy inicia así un reportaje especial: “Tabasco es un edén para el abigeato, así lo constatan los registros de los últimos seis años en la entidad: de las dos mil 986 averiguaciones previas presentadas por el delito de robo de ganado, sólo se ha logrado consignar a 117 personas”.

“No hay una estrategia clara, no hay interés, a la autoridad no le importa”, asegura el experto. “Les dicen a las víctimas ‘eso le pasa por no cuidar a sus animalitos’”.

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En septiembre de 2013 hubo 653 casos de abigeato en todo el país; en octubre, 667; en noviembre 663 y en diciembre, 638. Uno de ésos fue el caso de Justino.

La queja conocida en la Asociación Ganadera Local de Chihuahua da cuenta que ese hombre ya había sido víctima de ese delito: en 1999, unos pistoleros –que se decían guerrilleros– lo obligaron a entregarles sus reses “para el beneficio del pueblo y la revolución”.

Nunca más los volvió a ver. Y aquella mala experiencia sucedida hace 14 años se repitió ahora, pero de manera silenciosa mientras dormía.

Por eso, cuenta Fausto Martínez, alguien le contó que Justino ya duerme con una escopeta bajo la cama. Si acaso la justicia no alcanzara a sus victimarios, una bala sí podría.

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