(30 de julio, 2014).- La masacre de Acteal, Chiapas, ha sido y será uno de los acontecimientos más recordados en la historia de México. El tiempo vuela y 17 años han pasado luego de que el 22 de diciembre de 1997 un grupo armado de paramilitares priístas -presuntamente más de 100- mató a 45 indígenas tzotziles en la comunidad de Acteal, municipio de Chenalhó; de las víctimas 18 eran niños, 22 eran mujeres y 6 eran hombres. Algunos fueron mutilados, otros perdieron la vida a golpes o con disparos de armas de fuego; hasta la fecha ninguno de los responsables ha sido castigado.
Acteal es una comunidad de la etnia Tzotzil que en esa época estaba bajo el hostigamiento de grupos paramilitares que combatían a la guerrilla del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Según el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, a lo largo de las investigaciones han sido procesados 87 indígenas de Chenalhó, de los cuales sólo 27 han agotado todos los recursos legales y pagan condenas de entre 35 y 40 años de prisión en el penal de El Amate, así como 15 ex servidores públicos en 11 causas penales.
Los antecedentes
Al inicio de 1994, cuando surgió públicamente el EZLN, la región se mantuvo ajena al conflicto, pero en diciembre de ese año inició la movilización de grupos zapatistas contra las autoridades de la zona, a quienes acusaron de estar protegidos por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que entonces gobernaba el estado.
En Acteal existía un grupo de familias conocido como Las Abejas, que trataban de mantenerse neutrales a pesar de los intentos de ambos bandos para que les apoyaran. Las Abejas denunciaron que los priístas los presionaban para votar por el partido oficial. La militarización crecía en Ocosingo y Altamirano, con la llegada de 3 mil soldados el 19 de junio y la guerra del grupo paramilitar Paz y Justicia escalaba nuevamente en Tila y Sabanilla.
Un día después, la sociedad cooperativa de productores de Bajxulum envió una carta al gobierno federal anunciando que en 21 comunidades de Chenalhó sus socios no votarían el 6 de julio por el PRI, pues los productores no habían recibido los créditos ofrecidos y presumían que alguien cobró por ellos millón y medio de pesos.
Llegaron las elecciones del 6 de julio y más de 2 mil zapatistas marcharon en San Andrés anunciando que impedirían los comicios. Realizaron un acto contra el entonces gobernador Julio César Ruiz Ferro, por mantener una amplia campaña de desprestigio contra el EZLN y distorsionar la información para enfrentar a los pueblos. Los desplazados de Tila, Sabanilla y Tumbalá tampoco estaban en condiciones de sufragar.
Ese mismo día las elecciones federales en Chiapas registraron que el 65 por ciento no había votado y unas 600 casillas no fueron instaladas. Hubo quema o retiro de urnas en Chenalhó, San Andrés, Tenejapa, El Bosque, Ocosingo, Altamirano, Las Margaritas, Amatenango del Valle y Pantelhó, y en muchos otros municipios indígenas faltaron casillas y, sobre todo, votantes.
La masacre
El 22 de diciembre de 1997, aproximadamente a las 10:30 horas, se encontraba parte de la comunidad de Acteal junto con los desplazados de las otras comunidades en la ermita católica orando para pedir por la paz en Chenalhó. La gran mayoría de los orantes llevaban tres días de ayuno. Los refugiados y habitantes de Acteal escucharon una gran cantidad de balazos provenientes de varias direcciones acercándose a la ermita.
Un grupo de al menos 90 personas dispararon con armas de alto calibre y con balas expansivas contra los hombres, mujeres y niños desarmados. Los campesinos intentaron huir y esconderse en diversos lugares. Algunos tomaron la dirección del arroyo que atraviesa la comunidad por abajo pero encontraron otro grupo de paramilitares que avanzaba, otros huyeron rumbo a la escuela, otros más se escondieron en la maleza cercana.
“Yo y mis compañeros estábamos en la iglesia porque ahí tenemos nuestro campamento de paz…. Aquí todos permanecíamos tranquilos y nunca imaginamos que algo estuviera planeando en nuestra contra, sobre todo algo tan horrible…”
“Casi todos los agresores vestían de negro o de azul, llevaban paleacates rojos puestos en la cabeza. Los disparos duraron hasta las 6:00 de la tarde…”
Hay que recordar que los días 18 y 19 de diciembre de 1997, Ernesto Zedillo efectuó una visita oficial a Nicaragua. El periodista Danilo Lacayo lo recibió el día 19 en la televisión nicaragüense; en esa entrevista Zedillo declaró que no había ya guerrilla en México, sin hacer mención directa del EZLN. Las declaraciones demostraban el interés del gobierno mexicano por permanecer ciego a la insurrección zapatista.
Tres días más tarde, el 22 de diciembre, en el municipio de Chenalhó, en Acteal, a las 10:30 de la mañana se encontraban de rodillas, rezando, en la ermita de Acteal, cuando comenzaron a oír disparos. Eran individuos de las comunidades de Los Chorros, Puebla, Chimix, Quextic, Pechiquil y Canolal. Comenzaron a disparar, a mansalva, por la espalda, contra los desplazados que rezaban; al huir, la gente iba cayendo en el camino y en la barranca.
“Sin embargo, las consecuencias políticas de la masacre de Acteal fueron descomunales en el aparato de gobierno para haber sido un eslabón de un conflicto intercomunitario”. Recalca el escritor Carlos Montemayor (1947-2010).
“¿Por qué la policía del estado trató de eliminar los cadáveres de la masacre de Acteal la madrugada del 23 de septiembre de 1997 y posteriormente trató de alterar el parte sobre las víctimas y los procedimientos sanguinarios de los paramilitares?
¿Por qué el ejército desplegó después una agresiva campaña de desarme entre las víctimas y los simpatizantes del EZLN y no entre los agresores?
¿Por qué el Ejército pensó que las víctimas debían ser desarmadas, pero los agresores no?
¿Por qué el Ejército y las autoridades civiles privilegiaron los términos de “enfrentamientos intercomunitarios” o “grupos de autodefensa” por encima de “grupos paramilitares”? Si se trataba de diferencias intercomunitarias”.
Hasta la fecha…
Cientos de versiones se hicieron públicas, Ernesto Zedillo quien en 1997 era presidente, actualmente enfrenta una demanda civil en Estados Unidos desde septiembre de 2011 para demandar una compensación por los hechos. Nadie sabe quién realizó la demanda, aún no se esclarece porque hay críticas y menciones de que parecía una venganza del expresidente Carlos Salinas de Gortari, en la que él hasta este día lo ha negado.
El secretario de Gobernación en ese entonces, Emilio Chuayffet Chemor, quien renunció al cargo a raíz de la matanza, hoy tiene la autoridad suficiente para dirigir a los maestros desde su cargo como titular de Educación Pública. Y la mayor parte de los paramilitares encarcelados entonces han salido libres, gracias a un proceso de corrección jurídica de indudable interés académico.
Las últimas investigaciones periodísticas indican que las autoridades responsabilizaron a 86 personas de la masacre, de las cuales 58 fueron encarceladas; después fueron liberadas 36, y a otras 22 se les inició un nuevo proceso porque la detención de todos se fincó en pruebas falsas, según estableció la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
Cada mes, los días 22, Las Abejas de Acteal conmemoran a sus muertos y emiten un mensaje demandando justicia, que usualmente incluye posicionamientos políticos de notable consistencia, solidarios con las luchas populares y críticos de las políticas gubernamentales del presente y los anteriores gobiernos federales.

