Por: Paola Gutiérrez
Mi objeción al Pacto por México, no es por el pacto en sí, que por lo que he podido saber no son más que las recomendaciones de la OCDE a México, y sólo proponen un mínimo de los cambios que alegan necesita el país; sino la forma en que fue pactada, y por lo que las modificaciones a la Ley de Telecomunicaciones podrían romperlo. Veo a muchos panistas quejarse de que no logran acordar con el PRI y escucho a muchos perredistas diciendo que el pacto les limita en cuestiones que creen deberían ser parte de la nueva ley –lo anterior por supuesto en privado–.
Es cierto que la propaganda oficial denigra al opositor, al verdadero opositor, llamándolo enemigo del avance, el que no ama a su país, el que obstruye el caminar de México y un largo etcétera. También es cierto que en el imaginario popular todos las y los políticos somos iguales y sólo nos dedicamos a grilla y a pelear; por ello algunos políticos ponen en riesgo su credibilidad ante sus bases al tratar de ganar “puntos en el juego electoral”: hacen pactos o consensos.
La democracia no se trata de eso. Al contrario, no es más que un sistema político que nos permite llevar al terreno legal el conflicto ideológico y programático que tienen los políticos. Los partidos políticos están diseñados para representar las diferencias entre ideas de conducción de la nación, la idea de que todos pensamos igual es simplemente contrario a las democracias y propias de las tiranías.
El problema con el pacto es que si bien es algo deseable en cierta forma, –quien no está cansado de que se insulten los y las legisladores entre sí, y sabiendo que prácticamente nadie tiene mayoría absoluta, lo deseable es que se llegue a un acuerdo…a un consenso–, pero lo que no se vale es que se caiga en la definición de consenso de Abba que básicamente decía que un consenso no es más que acordar decir en público de manera colectiva lo que nadie quiere, y más aún cuando fue negociado en los oscurito, en lo secreto, sin que nadie de los que verdaderamente hacen a los partidos, o sea sus militantes de a pie, se enteraran…en el fondo es el mismo problema de las alianzas derecha-izquierda.
Si sabemos que es malo o que simplemente no es suficiente, y si realmente quisieran hacer algo bueno, tan simple y tan sencillo como que los actores políticos no estarían aceptando el mal menor, quienes tenemos vocación revolucionaria y de cambio sabemos que antes que los acuerdos, están los principios y éstos no deben ser negociados.
Yo sé que los cambios no se hacen de la noche a la mañana, que a veces debe ser poco a poco. Sin embargo, como cuando horneas un pastel no puedes ponerle primero la harina sin mezclarla con leche para hacer la masa, en política no siempre son buenas las reformas estructurales, si lo que necesitamos es que de fondo y forma sea cambiado el modelo.
De ahí que muchos políticos quieran hacerse pasar como los genios del acuerdo, de la conciliación, del pacto nacional, pero hay que hacer una aclaración: de eso no se trata la democracia.
La oposición debe ser oposición, esto no significa estorbar, sino cuestionar al mayoritario, y obligarle a que hagan las cosas bien, ya deben de quedar atrás la época de los llamados socialistas del presidente, de la época de 1980 con el PST. En el fondo somos diferentes y la realidad es que el país está dividido. Hay que recordar algo: casi 2/3 partes no eligieron al PRI para la Presidencia, y estos están representados mayormente en los legislativos federales, ya basta de acuerdos que van a acabar con la esencia de la oposición formal. De lo contrario, la única oposición formal, va a ser sólo MORENA.
Debemos ser capaces de ver más allá de las coyunturas e ir por lo grande y lo verdaderamente importante, el futuro, que la esperanza sea lo que nos mueva y no la situación actual que sólo nos lleva a firmar pactos que en el fondo sabemos que no queremos y que no hacen más que atrasarnos. Que lo urgente no nos distraiga de los importante.


