(09 de septiembre, 2014).- Aunque para el Instituto Nacional Electoral (INE), la elección de consejeros y congresistas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) fue un proceso “exitoso y satisfactorio”, los hechos demuestran que es un ejemplo de la descomposición del sistema político, a niveles irreparables de continuar inmersos en instituciones manipuladas por una clase política corrupta al servicio la oligarquía. Luego de una jornada plagada de incidentes que debían estar superados, queda la conclusión de que no hay condiciones objetivas para que el partido del sol azteca encabece la lucha reivindicatoria del pueblo.
Lorenzo Córdova Vianello, presidente del INE, dijo: “Por donde quiera vérsele, la jornada fue exitosa”. Señaló que “el tramo más complicado, que es el de la realización de la jornada electoral, ha sido exitoso y satisfactorio”. Así lo afirmó, no obstante las denuncias de quema de casillas, robo de papelería electoral, “rasurado” del padrón, intromisión de grupos ajenos al PRD en la elección y la no instalación de casillas, entre otros vicios largamente practicados en el país, vicios que sólo han servido para frenar mínimos avances democráticos en el país.
Llama la atención el interés de las autoridades del INE por legitimar los comicios internos del PRD, lo que patentiza cuán trascendente es para el régimen contar con una “izquierda” fácilmente manipulable, sin autoridad moral ni capacidad real para liderar a las masas en su lucha contra intereses minoritarios. La presidenta de la Comisión de Prerrogativas, Pamela San Martín, señaló que “no es válido magnificar un conjunto de incidentes”. Sin embargo, lo que se critica es el hecho de que hayan ocurrido, cuando se supone que el PRD es un partido de izquierda que debería estar comprometido con la legalidad y el Estado de derecho.
La disculpa de que el proceso se organizó en un periodo muy breve y que no se tenía experiencia en este tipo de comicios internos, no es válida porque el INE es un organismo con la capacidad suficiente para eso y más. ¿Qué confianza podemos tener si no actúa de cara a la sociedad y se utiliza la institución para refrendar procedimientos obsoletos? Para la oligarquía es esencial deslegitimar a la izquierda, por eso le interesa sobremanera contar con organizaciones partidistas sin autoridad moral, como es el caso del PRD en este momento, lamentablemente. En los hechos, la dirigencia de dicho partido ha demostrado prestarse a los enjuagues del grupo en el poder, con el obvio compromiso de obstaculizar el desarrollo de una izquierda verdadera.
En gira por el estado de Guerrero, Andrés Manuel López Obrador, dirigente nacional del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), criticó el proceso electoral interno del PRD, señalando que actúa igual que el binomio PRI-PAN, “están acostumbrados al fraude electoral”, a comprar votos, a traficar con la pobreza de la gente y entregar despensas. Vaticinó que “si siguen con esas prácticas fraudulentas les aseguro el final”. En respuesta a una crítica tan contundente, Jesús Zambrano, dirigente de los perredistas, pidió que López Obrador “mida sus palabras” y que aclare si él también fue electo candidato presidencial “mediante prácticas fraudulentas”.
Fácilmente podría responder que cuando fue presidente del PRD y luego candidato a la presidencia de la República, tales vicios no tuvieron cabida en el partido, lo tuvieron cuando “Los Chuchos” se hicieron de la dirigencia con el apoyo del gobierno federal panista, de eso hay sobre de evidencias. Ahora lo esencial es ver hacia adelante, porque el futuro es el que está en grave peligro con el empoderamiento del grupo más reaccionario que haya llegado a Los Pinos, en los últimos ochenta años.
El compromiso de Morena es monumental: liderar la marcha pacífica de la sociedad hacia una democracia verdadera, para lo cual es fundamental que tenga una autoridad moral plena, lo que implica cuidar que no se inmiscuyan intereses contrarios al imperativo de encabezar un movimiento reivindicador progresista, nacionalista y con visión de futuro. El riesgo es muy real, porque hay una inercia corruptora en la que fácilmente podría caer, como sucede en algunos estados donde dirigentes con bandera de “izquierdistas” se han apoderado de organizaciones y partidos con el fin expreso de sabotear el surgimiento de una izquierda verdadera. Evitarlo es el principal paso que debe dar López Obrador. No hay otra prioridad de igual magnitud.

