(12 de agosto, 2014).- El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) y el Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana (UIA), realizaron un informe sobre la situación de los centroamericanos recluidos en México: “Migrantes en prisión”. Por un lado, solicitaron información estadística a las 32 entidades federativas, así como al Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPRS); y por otro al Instituto Nacional de Migración (INM), sobre migrantes recluidos en prisiones estatales y federales del país. El resultado fue contrastante: las entidades federativas reportaron mil 219 migrantes presos, mientras que cifras aportadas por el INM dieron 354.
La opacidad del INM en este y otros temas no es nuevo. Rodolfo Córdova, de Fundar (Centro de Análisis e Investigación) documentó en 2011, que de los 331 millones (del presupuesto anual del INM) canalizados a programas de protección al migrante, el 37 por ciento corresponden a sueldos y salarios de los trabajadores y funcionarios, esto es, 121 millones; 103 millones se canalizaron al rubro de “Difusión de mensajes sobre programas y actividades gubernamentales” (31 por ciento del total); el 32 por ciento restante –107 millones– corresponde a gasto operativo de los programas de protección al migrante, es decir, apenas una tercera parte. En ese mismo estudio hubo partidas ejercidas por el INM que no pudieron ser conocidas.
Por su parte, Fundar tampoco pudo conocer cuánto gasta el Estado mexicano en la detención de cada migrante. Tan solo en 2013, el INM registró 86 mil 929 eventos de extranjeros detenidos en estaciones migratorias, de los cuales uno de cada 10 (9 mil 893) fueron registrados como menores de edad. La condición de “indocumentado” pone a los migrantes en un estatus de ilegal ante las leyes mexicanas, y sus derechos son constantemente violados por las autoridades. Revolución 3.0 entrevistó a Elvis Garay migrante nicaragüense que vivió encerrado en la estación migratoria de Iztapalapa, por el delito de… no tener papeles para acreditar su legal estancia en México.
La historia de Elvis no es como la de la mayoría de los migrantes que pasan por territorio mexicano. “Desde 2010, ingresé a México de forma legal. Trabajé para dos compañías mexicanas. Tuve mi vida estable en México. Un día se me venció un documento migratorio y ahí empezó toda esta travesía por Migración”.
Garay recuerda que “todo fue muy raro”. Días después de que se venciera su documento, un agente migratorio fue a buscarlo a la empresa donde trabajaba: “El agente fue por mí y me dijo que estaba detenido por robo y violación. Yo en ese momento le dije que no era la estancia correcta –en caso de que yo hubiera hecho eso– para detenerme, y me dijo: ‘Además estas irregularizado’”.
Elvis terminó en el centro de detención de migratoria de Iztapalapa, conocido como “Las Agujas”. Bastó vivir un mes y medio ahí –recuerda Garay– para ver muchos abusos sexuales a mujeres, a niños y a hombres “y decidí denunciar todo eso”.
Al principio, “me generó mucha impotencia, por no poder responder como quería ante esta realidad, ante este infierno, al ver tantos migrantes sufrir. En aquel momento había como 500 personas encerradas en la estación, entre hombres, mujeres y niños.
Elvis asegura que los agentes del INM “no son tontos, pues agarran a personas que no pueden defenderse, ya sea por miedo o porque no saben defenderse”.
Cuando Elvis decidió acercarse a denunciar a la embajada hondureña en México, “todas las agresiones que vi dentro de la estación, días después me torturaron y violaron en esa estación. Esto sucedió en noviembre de 2013”.
El migrante recuerda que lo metieron a una habitación cuatro por cuatro, “donde me golpearon, me dijeron que eso me pasaba por querer denunciar y que esto iba a ser un escarmiento para mí, para que me quedara callado. Que después de agredirme sexualmente esperaban que todo me quedara claro, pues me estaba enfrentando a un monstruo”.
A la distancia, Elvis dice que conoce a muchos migrantes que no quieren hablar de esta realidad “por miedo, y los entiendo”. Garay agrega que mucha de culpa de esta realidad la tienen los gobiernos de orígenes por no cuidar a los connacionales. Concluye que decidió hablar “para acabar con todo este crimen organizado del INM y para que la gente sepa que no estamos dispuestos a seguir callados”.


