Raúl Linares
Foto: The Stadium Guide
(03 de diciembre del 2013).- Cada 15 días, durante los torneos de futbol, María del Carmen Fernández, la “Profe”, tiene un compromiso que no puede romper bajo ninguna circunstancia. No es la familia ni la religión la que le obliga, desde hace casi 44 años, a asistir al Estadio Azul a ver ganar o perder a su equipo: es parte de su vida y la asume como fanática albiazul: “Yo nací en 1964, el mismo año en que el equipo ingresó a la primera división, a los seis años, empezó todo esto”.
No importa el resultado, le importa la fidelidad mostrada. Como “una institución”, ha hecho del membrete cementero una insignia a la que le debe devoción y gran parte de su vida, sus memorias, amores y sufrires.
Día tras día, semana tras semana, le dedica por lo menos una hora para estar al tanto de noticias sobre la máquina celeste, a los cuales, le suma cada quince días el traslado desde Cuautitlán Izcalli hasta la colonia Del Valle. También buena parte de su salario que invierte en boletos (5 mil pesos por temporada), comidas, suvenires, traslados y nieves para apoyar a los jugadores.
El pasado domingo, como desde hace casi dos décadas, una parte de su vida se fue con otra derrota. Tres por año, las cuales, multiplicadas por 16, llegan a 51 temporadas insípidas. De hecho, el partido de venida para pasar a las semifinales del torneo de invierno quedó empatado ante los Diablos Rojos del Toluca, lo que dejó un 4-1 en el marcador global.
Aun así, la “Profe” recula del resultado y previniendo la burla, justifica: “Hay otros equipos que desde que nacieron no han obtenido la victoria”. Y añade: es la burla, la maldita excusa para que una centena de aficionados bajaran a la cancha para tratar de linchar a los jugadores de los Diablos, pero también para luego tratar de descargar su furia contra los mismos jugadores de su equipo.
“Entiendo la frustración de no haber sido campeones”, explica con paciencia, “entiendo que vivimos en un país terriblemente burlón que busca el defecto antes que los detalles positivos; entiendo que lo hicieron por quererles llamar la atención; entiendo. Conociendo a los adolescentes –no por nada le dicen “Profe”–… porque la mayoría eran chavitos. Imagínate, 16 años sin ser campeones y algunos ni siquiera había nacido cuando el Cruz Azul fue campeón por última vez”, añade.
Más fiel que visceral, porque “es parte de mi vida”, si tuviera algún poder para cambiar el rumbo de aquella “institución” a la que le debe todas sus fidelidades, sería llevar al equipo con un brujo, por eso que está al lado un panteón y la maldición le persigue
La reacción de la afición, por “frustración”
Andrés Medina, doctor en etnología y científico del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, sostiene que la reacción “visceral” de la afición celeste durante el partido contra Toluca se gestó desde tiempo atrás; a ello le atribuye las “falsas expectativas” que la publicidad y la mercadotecnia le imprimen diariamente a los aficionados y jugadores.
Calificado por éste como un negocio redondo en el que se implica la corrupción de los directivos de la Federación Mexicana de Futbol y la propia FIFA, la reacción protagonizada por los jóvenes de las porras y barras que bajaron al campo intentando golpear a los jugadores no debería de calificarse como un acto “vandálico” sino como una “protesta”.
“El equipo del Cruz Azul, como otros equipos, ha hecho tanta publicidad y contrataciones muy caras, es notable que a sus seguidores les hace sentir que, a cada oportunidad, a cada torneo, son casi campeones. O sea, la gente está esperando lo mejor de sus equipos pero éstos no responden”.
Esta dinámica –abundó– no es exclusiva de la llamada Máquina Celeste; en general todo el balompié “en términos globales”, se ha desviado de sus funciones “lúdicas y catárticas”, para hacerse un negocio que involucra complejos procesos económicos, políticos, sociales y culturales que terminan por convertirse en un puntos de fuerzas encontradas.
“La gente quiere que su equipo gane. Por su parte, la publicidad le dice todo el tiempo que es el mejor del mundo y cuando juega pues es evidente que no es así. Hay ahí una frustración muy fuerte en la afición. Yo creo además que en un país con tanta violencia, tanta corrupción y esas cosas, la gente se distrae con el futbol y es un alivio.
“Pero ha pasado de ser un ambiente familiar, a ser un espacio de mucha violencia. Dentro de éste, se canaliza mucha rabia que está en el entorno de la sociedad. O sea, el deporte es una cosa, ganar o perder son parte del juego, pero ahí hubo una exacerbación de los ánimos por toda esa publicidad que infla a todos los equipos de lo que realmente son. Juego donde los deportistas también son tratados como objetos”, finalizó.


