#Chapo: Las razones de las teorías de la conspiración

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Javier Balladares / Hashtag

(27 de enero, 2014).- Uno de los efectos más llamativos de la captura de “El Chapo” Guzmán ha sido la inmediata incredulidad de un gran sector de quienes intervienen en las redes sociales: “Ese no es el Chapo, es una farsa más del gobierno”, “seguro han negociado algo”, “qué casualidad que no ha habido un solo tiro”, “esto es una cortina de humo”, etc.

A esa inmediata incredulidad le siguió un no menos expedito reconocimiento de la labor del trabajo del gobierno priista de Enrique Peña Nieto. Este último discurso va aparejado de un sinnúmero de burlas hacía las “teorías de la conspiración” esgrimidas por los primeros. A ellos, se les acusa de ignorantes, de no razonar debidamente y hasta se les llama eufemísticamente “especialistas”.

Esta última postura que supuestamente evita el error de la primera en realidad es la postura más ingenua de las dos porque presupone que la labor del gobierno mexicano es justo lo que ese gobierno pretende mostrar que es.

No se trata de defender la primera postura, aquella que ve conspiraciones detrás de la captura. Sin embargo, esa perspectiva es un síntoma de algo más que de “ignorancia”. Lo que muestran las múltiples ideas que atribuyen lo sucedido a alguna “conspiración” es que la narrativa oficial no es consistente. Por lo mismo, se busca dotarla de sentido con ideas como el “complot” o los acuerdos en lo oscuro. En efecto, hay algo que no cuaja. Entre el antes de la captura de “El Chapo” y el después de la misma, no hay continuidad.

El temible líder de una organización criminal al que durante 12 años el ejército mexicano  -con más recursos que nunca- siquiera le piso los talones, no concuerda con este hombre escondido en un hotel al que unos cuantos marinos han capturado sin la terrible resistencia del llamado cártel más poderoso de México.

“Es que ha sido una labor de inteligencia”, responde el discurso oficial. Pero, ¿es que acaban de inventar en este año “las labores de inteligencia”? Algo no cuaja. O ese “líder” y su cártel no son lo que nos pintaron que eran durante años, o este hombre encerrado no es aquel hombre… Se ve ya por qué es fácil ver conspiraciones casi de manera inmediata.

En esta dicotomía forzosamente hay un engaño: el que vivimos antes, durante el sexenio de Calderón y el primer año de EPN, o el que vivimos ahora, una vez caído el capo.

Hay quienes no se dejan atrapar por esta disyuntiva: el problema no es un hombre, sino la red criminal que lo sostuvo antes y sostendrá al nuevo a partir de ahora, “las cosas no cambian con esa captura”. Esta perspectiva es, sin duda, válida, pero no explica por qué el capo más  buscado del mudo ha caído tan fácilmente.

A la disyuntiva anterior (capo peligroso versus capo vulnerable) habría que oponer la del gobierno impotente (o corrupto)versus el gobierno potente (o virtuoso, respetuoso de la ley, etc.). Puestas así las cosas, con dicotomías tan pobres y sin más dirección que el pasado calderonista corrupto o el virtuosismo del priismo, decir que todo esto no es más que una cortina de humo resulta lo más sensato.

Intentar ver qué gobierno es más corrupto -el panista o el priista- no nos pone en un terreno más fértil. Otra cortina de humo. Pero no porque los actores busquen desviar nuestra mirada, no han necesitado eso para aprobar las reformas “estructurales”, sino porque tal discusión evita abordar el centro del problema.

Del mismo modo que Lenin rechazaba entrar en el terreno del debate de los nacionalistas, aquí también habría que evitar perder más el tiempo juzgando por este hecho a los miembros de un aparato de gobierno y de partidos que condona impuestos a la oligarquía y maquilla su labor con golpes espectaculares.

Pero en eso, las redes sociales, con su supuesta autonomía, parecen seguir en lo general el ritmo de la batuta de la radio y la televisión. Con todas las burlas y sarcasmos, la agenda a veces es la misma.

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