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¡Ciro y Lorenzo cuéntenos bien!

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Así podríamos decirles:

No somos uno, no somos cien… ¡Ciro y Lorenzo cuéntenos bien!

Y es que primero han tratado de desacreditarnos argumentando que todo es culpa del presidente Andres Manuel López Obrador, que la consulta de revocación/ratificación de mandato está en riesgo de ser un “remedo” por “capricho” de un gobernante. Como si el motor de la democracia no fuera una suma de voluntades de hombres y mujeres libres.

Si en lugar de optar por el prejuicio y la descalificación, los consejeros del INE Lorenzo Córdova y Ciro Murayama caminaran unos pasos y salieran de la comidad de sus oficinas verían una serie de cajas apiladas que incluyen una suma millonaria de firmas de individualidades entusiasmadas por ejercer el derecho a la democracia participativa.

Claro que, entre los simpatizantes de izquierda hay básicamente dos objetivos al participar en el histórico ejercicio: mostrar su respaldo al presidente López Obrador y activar un mecanismo que dejaría un sano precedente democrático para futuros sexenios.

Obvio a los consejeros más conservadores les irrita que millones podamos presumir la “ratificación” cuando a su entender la Constitución solo habla de “revocación”. Sin embargo, por lógica elemental, lo que no se revoca se ratifica. Así pues dada su aprobación que ronda arriba del 70 por ciento, AMLO será ratificado en 2022.

En medio de este debate, los reacios al ejercicio han buscado el “cómo no” y han reducido todo al aspecto cuantitativo: “No alcanza”, nos dicen bajo la lógica burocrática electoral. Como si 13 mil millones de pesos que dispondrán en el INE a su antojo en 2022 fuera poca cosa. Y como si disponer de más recursos de los impuestos de la gente fuera tan fácil como extender la mano.

Peor aún, los consejeros liderados por Córdova y Murayama han optado por mantener una postura arrogante y no han dado ni una sola señal de austeridad en medio de sus escandalosos privilegios evidenciados.

Además, a sabiendas del encono que generarían, 6 consejeros y consejeras decidieron ponerle freno de mano a la consulta participativa en tanto la Suprema Corte de Justicia les resuelve quiénes y cuánto dinero adicional habrían de entregarles en charola de plata a los que hoy se sienten dueños del INE y de la democracia entera.

Por eso de fondo se percibe una extorsión y tendríamos que preguntarle al INE: ¿Cuánto por el rescate de la consulta? ¿Cuánto por liberar a la democracia?

Por otra parte queda claro que si la desaprobación de AMLO fuera alta, los patrocinadores de la derecha ya habrían puesto sobre la mesa lo doble de lo que “falta” al INE para hacer la consulta de revocación de mandato.

Los del sector conservador decidieron abandonar el ejercicio y tirar la toalla porque calcularon de forma anticipada una dolorosa derrota.

A su vez el árbitro, al jugar para una tribuna, ha decidido meterse a un callejón sin salida en el que seguirá provocando su desgaste.

Pero más allá de lo atropellado del proceso de organización de la consulta que habrá de realizarse en 2022, los consejeros han dado la razón a quienes, desde tiempo atrás, alertaban de la necesidad de una “renovación total” de la institución.

Los que insiten que el INE es un baluarte “ciudadano” a ser defendido a capa y espada y que “no hay que tocarlo” en lo más mínimo, no se han enterado que los consejeros llegan ahí por cuotas partidistas. El organismo tiene un problema de fondo de diseño que debe ser resuelto para evitar que unos, mediante intereses partidistas, quieran tomar de rehén a la democracia.

En tanto, los consejeros del INE deberían rendir cuentas o incluirse en el ejercicio de revocación de mandato. Pero es mucho pedir.

Por lo pronto es suficiente con que hagan valer sin pretextos ni rabiosas suspensiones los derechos constitucionales.

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