I.- El problema de la elite gobernante es que son escogidos para los cargos los más incapaces e ineptos, como el secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida. Mentiroso tratando de arreglar el desempleo a la manera de Paul Anka, autor de la letra y música que han hecho famosos a Sinatra y Raphael: A mi manera; pero sin tener las dotes de ambos para no “cantar mal las rancheras”. Insiste Navarrete en aumentar el empleo y disminuir la informalidad, desentonando con la realidad que, según las cifras del Inegi, sigue en 40 millones sin trabajo que andan por las calles del país buscando ganarse unos pesos para sobrevivir. Algunos de esos millones estableciendo un “changarro” de alimentos que las policías les arrebatan para “quitarle el feo aspecto a las calles”. No ha podido el peñismo convencer a los empresarios para crear plazas laborales. Y mucho menos con salarios superiores al mínimo. Navarrete asegura (Patricia Muñoz: La Jornada: 30/XII/15), que al inicio del peñismo había 30 millones en la informalidad —cuando eran 40—; y que un millón 700 mil han emigrado a la formalidad.
II.- Debería Nuño someter a Navarrete a una evaluación cuando menos en las cuatro operaciones, porque éste no sabe sumar ni restar o es plan con maña para hacerle creer a Peña que su política laboral está rindiendo resultados. Pero incluso están despidiendo empleados, pues la paralización del crecimiento económico impide el desarrollo. Navarrete no halla cómo competir por la candidatura presidencial del PRI (que ya no tiene Videgaray ni Osorio, sino el tal Nuño, a quien sus críticos comparan con Ñoño, el tarado personaje de Chespirito). E imagina que la informalidad va decreciendo, cuando tiene tres años aumentando. El problema central de la política peñista al no saber promover las inversiones, es que hay cada vez más desempleo y más informalidad. Y sólo en las mentiras de Navarrete está el empleo. Empleo como el de las maquiladoras estadunidenses establecidas en el Norte del país, que no se han ido a China porque aquí les resulta más barato tener esclavos con salarios mínimos por 10 a 12 horas y sin prestaciones.
III.- No permiten organizaciones sindicales y en cuanto los trabajadores se movilizan son despedidos, al igual que las mujeres que denuncian los abusos sexuales a que son sometidas; aguantando tales vejaciones con tal de no perder el empleo. Los dueños de esas empresas transnacionales gozan de amplios privilegios; y lo más que ha hecho el representante de la Secretaría del Trabajo, hombre de confianza de Navarrete, un tal César Tapia Cervantes, es “ofrecer asesoría a los inconformes para presentar denuncias”, cuando es su obligación detener esa explotación laboral; pues el trabajador está en el total desamparo y trata de presionar por medio de manifestaciones, protestas, su solicitud de reconocimiento sindical… sin respuesta (Rubén Villalpando: La Jornada: 12/1/16). Ese es el empleo que en sus cuentas alegres, Navarrete —con un salario diario de 10 mil pesos y miles de canonjías— presume de haber aumentado… pero sólo es la esclavitud sexual y laboral en pleno.

