(23 de mayo, 2014).- Cada cierto tiempo aparecen artículos en la prensa “revelando” la espantosa situación de censura y de control gubernamental que padecen los habitantes de naciones como China, Corea del Norte, Irán o Cuba. Las reacciones ante estos artículos son de unánime indignación por lo que se informa y alivio por vivir tan lejos del opresivo autoritarismo comunista/islámico. Pero los criptopunks nos recuerdan que vivimos más cerca de esas realidades de lo que nos gusta pensar.
Los regímenes totalitarios, que tuvieron su culminación en la Alemania Nazi (1933-1945) y en la Unión Soviética durante el periodo estalinista (1924-1953) suelen ser caracterizados como aquellos en que el Estado ejerce su poder sobre todas las esferas de la vida. Nada sucede sin que el Estado lo autorice, y por lo tanto, sin que el Estado lo sepa. Vastas redes de espionaje, en las que nadie sabía si su vecino, cónyuge, colega, amante, hermano o incluso hijo estaba reportando a los órganos de seguridad lo que se decía o hacía en la camaradería o la intimidad.
En buena medida, el anticomunismo que hoy constituye el sustrato más profundo en el consenso ideológico occidental, se basa en el repudio a este tipo de prácticas. Pero para Jacob Appelbaum, programador y ciberactivista contra la vigilancia y la censura en internet, “Estamos construyendo el mismo tipo de estructuras autoritarias de control, que atraerán personas que abusarán de dichas estructuras, y eso es algo que en Occidente hacemos de cuenta que es distinto. No es diferente en Occidente porque haya una variedad de gobiernos que va del autoritarismo al liberalismo”*.
“Lo más peligroso que les ocurre a los Gobiernos estos días es cuando las ideas de la gente son mejores que sus políticas”. Andy Müller-Maguhn.
La centralización del poder y el control del Estado sobre cada vez más aspectos de la vida de los ciudadanos, que se volvieron notorias tras el 11 de septiembre de 2001 pero que ya eran una tendencia subyacente con anterioridad, han atraído a los órganos de seguridad –desde el Ejército hasta la inteligencia o las aduanas– a individuos que abusan de su poder de maneras que no son distintas a las que se observaban en los Estados totalitarios, aunque ahora se haga en nombre de “la lucha contra el terrorismo” y la “seguridad nacional” en lugar de contra “el enemigo de clase” y “los contrarrevolucionarios burgueses”.
O, como explica Andy Müller-Maguhn, especialista en telecomunicaciones y vigilancia, lo que es seguro para los ciudadanos es percibido como una amenaza por el Estado, ya que éste desconfía instintivamente de aquello que no puede conocer y controlar. En el caso de la información que almacenamos en nuestras computadoras y transmitimos a través de internet, nuestro criterio de seguridad es que nuestra información esté a salvo y que sólo la vean aquellos con quienes deseamos compartirla, mientras “el Gobierno piensa que no sirve, porque para ellos hay seguridad cuando ellos mismos pueden investigar, tener el control y violar la seguridad técnica”.
Este totalitarismo se ejerce no sólo en la forma de una vigilancia masiva que pone en manos de Estados y corporaciones toda la información sobre los ciudadanos, sino en una censura igualmente masiva que restringe y manipula lo que los ciudadanos saben. Para Julian Assange, esta censura es mucho más efectiva que la aplicada “al viejo estilo” porque su nivel de sofisticación le permite pasar desapercibida para el público.
“Cuando hablamos de censura en internet, nos referimos a centralizar el poder para determinar lo que la gente puede o no puede ver, y a si la censura oficial o privada constituye un poder indebido”. Jérémie Zimmermann, defensor de los derechos a la privacidad y a la libertad en internet.
Assange explica la infraestructura de la censura en Occidente como una pirámide de la cual únicamente la punta es visible y el resto queda oculto por el “número de capas de indirección y oscurecimiento de lo que está realmente ocurriendo”. Las capas de esta pirámide pueden esquematizarse así, yendo de lo más visible (1) a lo más oculto (6):
- La censura pública: cuando un periodista es asesinado, cuando una empresa o un funcionario lo demanda por divulgar información, cuando la policía o los militares decomisan las cámaras.
- La autocensura: cuando un periodista decide no dar a conocer información para evitar que le ocurra lo descrito en la punta de la pirámide.
- El soborno institucionalizado: todos los incentivos económicos otorgados por escribir sobre determinados temas de determinadas maneras.
- La economía en crudo: aquello que resulta conveniente escribir en términos económicos.
- Los prejuicios de los lectores: como la mayor parte de los lectores tiene un nivel de educación limitado y es reacia a aceptar ideas sofisticadas que contravengan sus nociones sobre el mundo, es fácil manipularlos con información falsa que encaje en esas nociones.
- La distribución: cuestiones como el acceso a la red o la barrera del idioma que pone fuera del alcance de la gente gran cantidad de información.
* Todas las citas y la argumentación general fueron tomadas de Julian Assange, Criptopunks, la libertad y el futuro de internet, Ediciones Trilce, Uruguay, 2013.






