La mañana de este jueves, México abrió pista para uno de los encuentros más esperados del año: el primer ministro de Canadá, Mark Carney, aterrizó en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) a las 11:15 horas, acompañado de su esposa, Diana Fox. Desde ahí, bajo un fuerte operativo de seguridad, partieron rumbo a la Ciudad de México para iniciar una agenda que promete sacudir el tablero económico y diplomático de Norteamérica.
“México es nuestro tercer socio comercial más importante y aprovecharemos la oportunidad para fortalecer esta sólida asociación y crear más oportunidades para nuestros trabajadores y empresas”, escribió Carney.
También compartió una fotografía, acompañado de su esposa, momentos antes de despegar hacia la capital mexicana.
Headed to Mexico City today.
Mexico is our third-largest trading partner, and we will seize the opportunity to elevate this strong partnership and create more opportunities for our workers and businesses. pic.twitter.com/fC94sY0seb
— Mark Carney (@MarkJCarney) September 18, 2025
El mensaje no es menor: Canadá viene con los ojos puestos en el comercio, el transporte y el T-MEC, temas que hoy mismo se discutirán en mesas de trabajo en Palacio Nacional, encabezadas por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Un aterrizaje con mensaje político
Más allá del protocolo, el arribo de Carney al AIFA envía una señal clara: la relación bilateral pisa con fuerza el nuevo terreno político de México. La visita ocurre en un momento clave para reforzar los lazos comerciales y abrir camino a inversiones estratégicas que podrían traducirse en miles de millones de dólares en intercambio y nuevos empleos en ambos países.
Una agenda cargada
De acuerdo con la propia presidenta Sheinbaum, el encuentro se desarrollará a lo largo del día en Palacio Nacional, donde se revisarán oportunidades conjuntas en infraestructura, transporte y cadenas de suministro. El objetivo es claro: blindar la integración económica de la región y llevar la relación México-Canadá a un nuevo nivel dentro del T-MEC.
Carney, economista de alto perfil internacional antes de entrar a la política, llega con la intención de imprimir un sello propio a la relación bilateral: abrir oportunidades, asegurar beneficios compartidos y confirmar que el futuro del bloque norteamericano se decide también en México.


