(08 de julio, 2014).- Juguemos a las hipótesis, a vislumbrar el futuro para estructurar una perspectiva que ayude en el presente. Ésta es, de cierta forma, la propuesta de Genaro Aguilar, investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en su estudio Tiempo de salida de la pobreza, donde ha calculado que, al prevalecer con el estancamiento económico actual –con un crecimiento de 3 por ciento anual– México tardaría 116 años en erradicar la pobreza urbana, y 225 años en desaparecer la miseria rural.
Aun inyectando algo de optimismo en los cálculos, al considerar un proceso que acelere el dinamismo económico en el país, el cual promedie un crecimiento anual de 7 por ciento a partir de ahora, serían 98.5 años más de pobreza rural para los mexicanos.
De esta manera, Aguilar señala que “crecer” no es suficiente, sino que además hace falta una correcta distribución de los “frutos” de ese crecimiento, para beneficiar a los que menos tienen, es decir, para disminuir las cifras de exclusión social.
Por otro lado, si se percibe un panorama todavía más pesimista, donde subsista una recesión excesiva, con un crecimiento económico anual de uno por ciento, los resultados indican que habría por delante 346 años de precariedad en las zonas urbanas y más de 470 años de pobreza rural.
En cuanto al término medio, con tasas anuales de crecimiento ubicadas en el 5 por ciento, el investigador estima que serían 75 años más de pobreza en México.
Para Aguilar resulta difícil pensar en que, incluso a inicios del próximo siglo, la pobreza sea erradicada del país, sobre todo porque el fenómeno no ha sido comprendido ni analizado en toda su complejidad, es decir, no se han tratado las causas estructurales: salario creciente, educación de calidad, y desarrollo tanto regional como sectorial.
En los últimos 30 años, la productividad del trabajo en el sector industrial ha ido en aumento, pero con bajas tasas de crecimiento. Esto significa, según el experto del IPN, que los frutos recabados de dicho incremento, se han quedado en pocas manos, sin traducirse en aumentos salariales.
Un primer paso para vencer esta problemática, propone Aguilar, sería que el gobierno federal establezca un programa intensivo de combate a la pobreza estructural, pues la posibilidad de que México prospere con equidad, sólo podrá garantizarse cuando se considere prioridad la introducción de un sistema de compensación social, para un crecimiento equilibrado.
Todo parece indicar que al menos las siguientes dos generaciones que le seguirán a las familias actualmente pobres, tendrán que enfrentar su “destino” y mantenerse en dicha condición socio-económica, pues el sistema, hasta ahora, luce diseñado para ello.




