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Dictadura ineficaz

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Hoy me desperté en una dictadura muy extraña, la gente se veía feliz, despreocupada y caminaba con libertad. Hoy me desperté e inevitablemente tuve que comprar regalos porque todos me han dicho que ya tienen el mío, quiero suponer que todos tienen el mismo regalo o algo dictado por el gobierno para poder regalar, extrañamente al ir a ver de qué se trataba esto, una diversidad infinita de tiendas estaba abiertas, la gente abarrotaba los centros comerciales cargando bolsas y bolsas. Mi corazón comenzó a palpitar muy rápido y tuve que sentarme. ¿En qué tipo de dictadura vivimos? —me pregunté en medio del ataque de ansiedad— ¿O acaso será que me estoy volviendo loco y estoy alucinando?.

La gente pasaba frente a mí y las conversaciones giraban en torno a dónde comer, dónde comprar, dónde pasear. ¿Qué sucedía?, está dictadura estaba resultando un fiasco, por lo que comencé a buscar a los militares para preguntarles por qué no estaban reprimiendo para impedir todo lo que estaba sucediendo, pero no pude encontrar a ninguno.

No entendía nada, llevaba meses viendo noticieros del canal 4 y recibiendo día con día el periódico Reforma y de lo único que hablaban era de eso que no encontraba: militarización, dictadura y crisis. Estaba convencido que había un error en la realidad y supuse que toda la gente que venía a este lugar eran hijos o familiares del régimen dictatorial, solo eso explicaría porqué tienen estos privilegios, pero la duda volvió a surgir, ¿porqué yo puedo estar aquí?

Era evidente el error y por supuesto era mío, yo debía estar soñando, así que me quedé sentado y listo para despertar, pero no sucedía nada, todo se sentía tan real que terminé cediendo a mi sueño y comencé a caminar; me metí en una tienda de ropa y escuché al lado de mi a una pareja quejándose del presidente, me acerqué rápidamente para preguntarles sobre lo que estaba pasando. Les pregunté legítimamente que dónde estaba la dictadura y la crisis, a lo que contestaron — Seguramente eres un chairo, Pejezombie y foca aplaudidora tratando de evangelizarnos en el socialismo—. Yo trataba de explicarles que no, que de ninguna manera, pero no paraban de insultarme hasta que terminaron con un contundente «¡Lárgate de aquí, piojoso!», y decidí alejarme. Mientras me alejaba alcancé a ver qué se formaron para pagar cargando casi 10 prendas de ropa.

Decidí huir de ahí y corrí despavorido a mi casa, al llegar prendí la tele en La Hora de Opinar.

En el mundo antiguo Protágoras inició con el relativismo enmarcando al humano como la medida de todas las cosas; a un sueco que viaja a la Ciudad de México en invierno le abruma el calor y anda de playera corta hasta en la madrugada, mientras por otro lado un puertorriqueño viajando en la misma temporalidad a la Ciudad de México puede llegar a traer hasta dos chamarras encima, el primero dirá que hace calor mientras el segundo dirá que el frío es inaudito. Ambos tienen razón puesto que la verdad depende directamente de la perspectiva, por lo tanto, cualquier verdad es relativa.

Para Protágoras cualquier tipo de argumento tiene dos caras que pueden llegar a ser igualmente válidas y, por lo general, lo que las puede llegar a hacer ganadoras no es su contenido, sino la capacidad de persuasión de quien la exponga.

Es importante no olvidar que la ética es una construcción del bien y el mal a partir del mismo ser humano, por lo que la ética es tan relativa como su entorno y características sociales. Esto me hace pensar en la frase «moralmente derrotados», contundente y abrumadora pero solo en apariencia ya que, si nos ponemos a analizar a los que está dirigida, nos encontraríamos con la sorpresa de que su moral y jerarquías éticas no tienen nada que ver con la de aquellos que los asumen derrotados. Para ellos tener, poder, y tener poder está en el pináculo de sus virtudes y su moral se edifica a partir de esto, jamás del bien común o el ver por todos. Es como estar viendo la interacción de dos universos paralelos diciéndose entre ellos mil cosas donde ninguno de los dos lados entiende ni el lenguaje, ni los argumentos, ni sus verdades, por lo que eternamente se descalificarán hasta el fin de los tiempos.

Sin embargo, aquí en este espacio del mundo, lo que marca la moral son las mayorías, las cuales son las que sostienen lo que es el bien y qué es el mal; bajo este contexto, pues sí están moralmente derrotados, pero la realidad es que esto les importa un cacahuate a los antiguos.

La pureza en la política es tan inexistente como las impurezas en un texto no escrito, y es en esta relatividad donde cualquiera puede decirse social demócrata, luchador social o hasta intelectual. Un mundo humano perverso lleno de humanidad es donde afortunadamente nos tocó vivir, y digo afortunadamente porque si no fuera así simplemente no existiríamos, y es en esto donde está la clave de todo. La existencia es la llave de la sobrevivencia para que sigamos existiendo a través de nuestros herederos, y todo aquel que se oponga a la existencia está condenado a que éticamente se le considere fuera de lo humano y solo así podremos discernir quién está del lado del bien y quién no.

Bajo todo este contexto ¿en donde podemos insertar las campañas retóricas de los que quieren regresar? Que, aunque todo esté en el relativismo, para que sea efectivo se debe cumplir a la perfección el que los emisores sean impecables, capaces de hacer que hasta la mentira más descabellada sea ganadora y este gran detalle está muy lejano a existir.

Los encargados de comunicar y dispersar los argumentos necesarios para convencer de que vivimos en una dictadura, de que estamos en una debacle económica y de la militarización del país están perdidos por muchas razones, pero principalmente porque están desesperados, por su enorme soberbia y el punto culminante: sus escasos recursos comunicativos.

Se acostumbraron tanto a ser la única voz que olvidaron transformarse y prepararse, perdiendo toda la efectividad que en algún momento tuvieron, pero su soberbia sí creció mucho más que sus capacidades creando una nube muy oscura ante sus ojos. Quieren repetir métodos del pasado para tratar de pegar o impactar en las audiencias y lo único que terminan consiguiendo es la deserción masiva de escuchas, lectores y televidentes. Sus argumentos son burdos, el enojo siempre se apodera de ellos y encima de todo, sus técnicas solo fomentan repudio en las mayorías.

Fuera de mi verdad, hay una realidad a la que en estas fechas todos se enfrentarán. Hagan como yo el ejercicio de buscar fuera de las redes esa dictadura de la que vociferan las gárgolas y verán con una gran sonrisa, aunque ya lo sepan, que esos que viven convencidos de que todo es un desastre solo viven en una farsa.

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