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El conflicto que le dobló el brazo a Biden

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La oposición ha intentando impulsar una campaña de desprestigio a la política energética del presidente Andrés Manuel López Obrador, argumentando que el petróleo es un recurso a punto de quedar en la obsolescencia para el mercado internacional.

Nada más alejado de la realidad. Resulta contundente que el conflicto en Ucrania esté forzando al gobierno estadounidense a reconocer al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dejando en el pasado ese capítulo vergonzoso donde apoyó al autoproclamado Juan Guaidó.

El viaje de altos funcionarios de la administración de Joe Biden a Caracas, para reunirse con el Ejecutivo venezolano en el Palacio de Miraflores, responde evidentemente a la necesidad de Washington de reducir sus importaciones de petróleo provenientes de Rusia.

En paralelo a dicha reunión, la Cámara Petrolera de Venezuela, organismo privado cercano a la oposición de ese país, se mostró optimista ante la BBC, admitiendo que el país sudamericano podría incrementar su producción de petróleo en 400 mil barriles por día para ayudar a reemplazar el petróleo ruso.

Esto implicaría elevar sus niveles de producción, pasando de los actuales 600 mil barriles diarios, para llegar al millón de barriles por día, logrando satisfacer las necesidades del mercado norteamericano.

Resulta evidente que para Estados Unidos, la seguridad energética y la estabilidad del mercado petrolero son más importantes que las ideologías y sus viejas rencillas con los países que le han plantado rostro en el continente a lo largo de la historia.

El nuevo contexto mundial está obligando a la potencia norteamericana a renegociar sus relaciones multilaterales con América Latina y el Caribe. Y esto tendrá que implicar el cese a las sanciones unilaterales que han empobrecido al valiente pueblo venezolano.

Dicho retiro de sanciones pasa no solo por dejar de prohibirle a Venezuela la comercialización de sus hidrocarburos y minerales. También es necesario que se le regresen todos los activos que le fueron confiscados en el exterior, empezando por las refinerías y estaciones de gasolina de CITGO, empresa venezolana que Trump intervino violando toda norma internacional, además de las reservas de oro venezolanas, las cuales se encuentran retenidas en el Banco de Inglaterra.

Con respecto a México, irónicamente tuvo que ser el conflicto en Ucrania lo que terminara de desmentir las versiones alarmistas de los opositores y ciertos medios, quienes actúan más por cabildeo que por rigor en los datos y el cálculo geopolítico y económico.

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