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El decisionismo en la educación

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Jorge Zúñiga/@jorgezunigamx

(23 de abril, 2014).- El anuncio de reformas en educación es uno de los actos políticos tradicionales cada seis años. Cada uno de los presidentes trae, parece, una nueva idea de los asuntos educativos del país. En campaña todos y cada uno de ellos retoman el sentir generalizado de que ninguna transformación del país puede darse al margen de cambios educativos, y no obstante, cada uno de los candidatos presentan una pobreza en sus planteamientos y propuestas en educación. Propuestas como el apoyo a la “calidad educativa”, “invitar casa por casa a los niños y jóvenes a que se incorporen a los estudios”, “el incremento de beneficiarios de programas compensatorios”, “incremento de becas”, y hasta “el ofrecimiento de desayunos escolares”, son ejemplos de la pobreza que hay en una sector muy sensible de todo país como es la educación. (Dicho sea de paso, justo el último ejemplo de propuesta es el más común en las campañas estatales y en las “políticas educativas” estatales, lo cual refleja tanto la falta de creatividad de las autoridades y candidatos estatales sobre el tema educativo, así como también la organización de un sistema educativo cuyas políticas pedagógicas principales recaen en las autoriades federales).

Todo mundo, incluidos políticos, empresarios, periodistas (con influencia e impacto público), habla de la importancia de la educación. Ya hay frases trilladas como aquella de que “nuestros niño y jóvenes son el futuro de nuestro México y qué mejor que la educación para que tengan un futuro promisorio”. Este tipo de frases junto con los ejemplos de propuestas arriba señalados, indican más un desconocimiento de la función social que tiene la educación en una comunidad. Habla, de igual forma, de la falta de un consenso de hacia donde se quiere ir como país. Dicho de otro modo: porque no se tiene una idea de nación en una realidad compleja y cambiante, no se sabe cómo incluir a la educación en este proyecto.

Esto se refleja con nitidez cuando se develan los contenidos reales de las leyes, las políticas, y la dirección que lleva un Estado. Desde 1982, con la presidencia de Miguel de la Madrid, las instituciones y la organización del Estado han sido orientados hacia los mecanismos y formas de la economía de mercado-neoliberal. Este modelo, que exige la imposición del interés privado por el público, fue el que se adoptó acríticamente y por presiones político-económicas de Estados Unidos y sus instituciones internacionales. Un fuerte impulso al modelo neoliberal en México fueron el gobierno de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo. Si Miguel de la Madrid tuvo el  mérito de ser el presidente que dio un viraje importante (para mal) en el modelo económico y político del país, Salinas y Zedillo llevaron económicamente al país a un pozo sin fondo. Entre ambos presidentes parecía haber una competencia por ver quién era el más incapaz para conducir la economía del país. Durante este periodo la pobreza y la desigualdad han aumentado considerablemente. Una ideología económica se combinó con la incapacidad política, y una política institucionalizada y legalizada del acaparamiento de los bienes públicos por parte de muy pocas personas. Esta política es la que se refleja hasta ahora en las numerosos estudios cuantitativos de “medición” de la pobreza y la desigualdad.

En este camino la educación ha sido el sector público más olvidado, el menos entendido. La educación ha sido llevada por la marea, y conducido por la corriente que ha impuesto Estados Unidos por medio de su ideología, ciencia, y mitología neoliberal, y sus instituciones internacionales. La cercanía con Estados Unidos no ha sido bajo una relación de respeto y de colaboración regional, sino de subordinación. Y los presidentes desde Miguel de la Madrid hasta el actual han dado garantías suficientes para cumplir con éxito este papel. Justo por esta relación de subordinación es que la educación, que es la formación de la inteligencia práctica y científica de una comunidad, ha quedado subordinada, y relegada en el mejor de los casos. El rumbo de la educación ha quedado, así, supeditado a los destinos de un rumbo marcado sin consenso en el país, en el cual sólo las élites se han identificado.

La falta de  consenso en la estructura política se nota en la forma en que se dirige y se coordinan los asuntos educativos. El decisionismo personalista con cara de diálogo se nota en el mismo sistema educativo mediante los foros de consulta actuales en los cuales participan autoridades federales, escolares, profesores y “sectores sociales”. Se dice con energía que se tiene que escuchar a los afectados de las decisiones públicas en educación, pero una vez que ya se decidió. Es decir: los foros se hacen ya que hay una reforma al Artículo 3°, a la Ley General de Educación, una Ley General del Servicio Docente y una Reforma al Reglamento del Instituto Nacional de Evaluación para la Educación (INEE).  Esto es como decir: ya hemos decidido por ti, pero ahora queremos escuchar lo que te hubiera gustado decir. ¿Para qué puede servir una serie de foros de consulta pública entre las comunidades educativas en estos momentos? En esa serie de foros y diálogos se escucharán diferentes posiciones críticas hacia las decisiones tomadas en educación, la pregunta es, ¿para qué quieren las autoridades escuchar dichas voces críticas?

            Si hay un frente crítico que se muestre como alternativa frente a un bloque político que representa políticas viejas cuya disfuncionalidad ha dejado por más de 20 años en el país en clara evidencia, él tiene que tener una idea clara de la función social de la educación en una comunidad. Esta idea clara en educación, sin embargo, rebasa ya la simple crítica al neoliberalismo. Para poder plantear una idea alternativa en educación, tiene que nutrirse, principalmente, de las experiencias pedagógicas que existen ya en diferentes regiones del país, ahí en donde los maestros de las escuelas de educación básica y media superior inventan y generan nuevas prácticas educativas; ahí en las experiencias en donde la formación de la consciencia y la memoria se encuentra en el centro de la acción educativa.

 

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