(26 de junio, 2014).- No es un secreto que la inseguridad está desbordada en México y el llamado Triángulo del Norte en Centroamérica, formado por Guatemala, Honduras y El Salvador. Sin embargo, la inseguridad ha llevado el fenómeno de los desplazamientos forzosos a un nivel nunca antes visto, al nivel de ser considerado por Barack Obama, presidente de Estados Unidos, como una crisis humanitaria.
Desde octubre del año pasado, según datos de Cecilia Muñoz, directora de política doméstica de la Casa Blanca, la movilización de niños que de manera solitaria viajan desde Centroamérica a EE. UU. aumentó gravemente a 47 mil 17 casos, lo que se traduce en un incremento del 92 por ciento, respecto a 2012, a raíz de lo que Washington considera un aumento en la violencia sostenida.
Para el caso de México, señalado como uno de los países más inseguros por el crimen organizado, datos de la encuestadora Parametría, indican que entre 2006 y 2011, 1.65 millones de personas (2 % del total de la población) fueron expulsadas de sus casas, con un promedio de 330 mil habitantes por año.
La presencia del hampa en territorio mexicano y la sistematización que han adquirido, provocó que tan sólo en Ciudad Juárez, aproximadamente 230 mil pobladores se marcharan en el periodo de 2007 a 2010, de los cuales la mitad huyó a EE. UU. según un estudio de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
Contrario a ello, los desplazamientos en El Salvador se desataron desde 2012, único año del que se tienen cifras, y donde 2.1 por ciento de los habitantes fueron orillados a desplazarse por la imperante violencia, mientras que 130 mil tuvieron que abandonar sus hogares en más de una ocasión, cosa que no se veía desde la Guerra Civil en los años ochenta.
En cuanto a Honduras y Guatemala, no se tienen cifras oficiales o de confianza, más que un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), que calcula niveles de desplazamientos similares a los salvadoreños, ante lo cual sobresale la incompetencia de los gobiernos locales.
Aunado a la falta de reacción de las autoridades, otro problema es que el fenómeno es analizado como un conflicto de seguridad e incluido en los embrollos políticos, mientras que la sensibilidad del tema, dificulta las conversaciones constructivas
Asimismo, otro yerro en múltiples análisis, recae en la homogeneización de los culpables, en el concepto de crimen organizado, cuando los responsables de la violencia son específicamente, cárteles de la droga, pandillas callejeras y contrabandistas.
Sobre los poderosos cárteles de la droga en México, se sabe que infunden un gran temor entre la población por la naturaleza de sus actividades y los mecanismos de extrema violencia que a diario utilizan, en la búsqueda de ejercer un control kağıthane escort total en la localidad donde operan. En la búsqueda de éste control, se producen choques armados con grupos rivales, y en medio queda la población civil sin otra opción que huir.
Las pandillas callejeras en barrios salvadoreños, reproduce mecanismos similares, con la diferencia de que en este caso los conflictos son protagonizados por el grupo Barrio 18 y la Mara Salvatrucha (MS-13), enemigos mortales que tienen una fijación sanguinaria con el honor y la lealtad. De esta forma, todas aquellas personas que tengan algún vínculo con otra “clica”, puede morir por traición.
Por último, aparecen los transportistas de drogas en zonas rurales de Guatemala y Honduras. Ellos, encargados de movilizar los enervantes por pequeños poblados, no luchan por territorios ni ejercen extrema violencia sobre los habitantes, sino que convencen a los pequeños agricultores de venderles sus terrenos a bajo precio (para lo cual sí recurren a amenazas e intimidaciones), mismos que consideran estratégicos para el tráfico ilícito y que a la postre los obliga a desplazarse.
Con información de InSight Crime


