En el colmo del cinismo, el coordinador de los senadores del PRI, Emilio Gamboa Patrón, afirmó: “Hay actualmente en el país un populismo que lo único que podría hacer es condenar a la pobreza y a la desigualdad más grande”. Lo afirma, sin inmutarse, quien a lo largo de los últimos treinta años ha sido uno de los operadores del régimen que ha empobrecido a los mexicanos de una manera sin parangón en América Latina, como lo documentó en días pasados el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Señaló que en los dos años del “gobierno” de Enrique Peña Nieto, la población en situación de pobreza extrema se incrementó al ritmo de un millón por año.
Como ninguno de los miembros de la burocracia dorada ha definido lo que entiende por “populismo”, podemos suponer que se refieren al aumento de las protestas sociales, como consecuencia del agravamiento de una realidad que se está volviendo intolerable. Creen que populista es aquel que no acepta un régimen que sólo se preocupa por servir a las élites del poder. Les parece inconcebible que haya quienes consideran que el servicio público debe orientarse a la solución de los problemas sociales más apremiantes. Para los miembros del grupo en el poder, ocupar posiciones de privilegio es un premio que se merecen, y quienes los critican lo hacen por envidia y porque son “populistas”.
Es obvio que Gamboa Patrón no entiende que si hay encono social es porque hay causas profundas que lo justifican. No parece darse cuenta de que más de dos terceras partes de la población sobreviven en condiciones de pobreza, con niveles mínimos de bienestar de los que no tiene idea. Quienes protestan por tan dramática realidad, son tachados de “populistas” que merecen el repudio colectivo. Son los signos de la intolerancia de los regímenes autoritarios, que no pueden admitir una mínima oposición, aunque esté bien fundamentada y se apegue a las propias reglas del régimen.
Tan es así que ya dijo Gamboa Patrón que “desde la presidencia de esta cámara (el Senado) no se podrá golpear o lanzarle ataques al Ejecutivo”. O sea que quien ocupe ese sitio (que le corresponde a un panista), ya está advertido de que tiene que “portarse bien”, como les advirtió Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, a los periodistas veracruzanos en el festejo del Día de la Libertad de Prensa el año pasado. Y todavía se les llena la boca, a los miembros de la élite política, cuando afirman que los mexicanos “vivimos en una democracia con un firme Estado de derecho”.
Ni que decir tiene que nos esperan días sin tregua, de graves agravios a la sociedad mayoritaria, porque la situación nacional se habrá de empeorar al paso de las semanas y los meses, como lo deja ver la incesante devaluación del peso y la caída de los precios internacionales del petróleo. No habrá divisas que alcancen para importar alimentos básicos ni para pagar el crudo estadounidense que ahora debemos comprar a las empresas de la nación vecina, incluso antes de que entre en vigor la reforma energética. O sea que estamos condenados a comprar a las empresas trasnacionales que explotarán nuestros hidrocarburos, el mismo producto como si fuera extraído en el país vecino. ¡Increíble pero cierto!
Sin embargo, Manlio Fabio Beltrones no tiene empacho en soltar la parrafada siguiente: “Pensamos en un México moderno, con futuro, que ya tenemos las bases para salir adelante, pero que necesita un partido político que impulse todavía más allá el resultado de las reformas que han transformado al país”. ¿Qué futuro puede tener una sociedad cuyo común denominador es la pobreza de más de dos terceras partes de su población (alrededor de 80 millones), junto a menos de cinco millones que tienen un alto nivel de vida?
¡Ah!, pero criticar esta terrible situación es un populismo inaceptable. ¿Qué transformaciones dignas de ese nombre ha tenido el país en los últimos treinta años? Las de un atraso sin parangón en América Latina. Lo dramático de esta realidad es que las cosas serán peores el año que viene. El “crecimiento” será menor porque se reducirá el presupuesto de egresos de la federación, el desempleo se incrementará dramáticamente y la descomposición social concomitante no se hará esperar. ¿Se puede culpar al populismo?

