Por Alejandro de Coss/Subversiones
La semana pasada, el 13 de noviembre, Wikileaks filtró el capítulo de Propiedad Intelectual (PI) del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés).
El texto, aún preliminar, ha servido para comprobar las advertencias de numerosas Organizaciones de la Sociedad Civil (TPP Abierto yONG Derechos digitales, entre muchas otras), con respecto al retroceso democrático que implicaría la firma y ratificación del Acuerdo. Las medidas jurídicas de ampliación, protección y promoción de la propiedad intelectual favorecen ampliamente a los intereses del capital privado. Se constituyen, además, como serios riesgos para la defensa y práctica de derechos colectivos e individuales en temas de acceso al conocimiento, la cultura, la salud y la información. Además, el TPP busca colocar a las empresas transnacionales por encima de la justicia estatal, al permitir a las primeras demandar a cualquier país en cortes internacionales, sin antes pasar por las locales y nacionales. Así, el Acuerdo es también un ataque a la capacidad de acción, regulación y decisión de los Estados.
Hasta ahora, la mayoría de los análisis se han enfocado en temas de acceso a la información y la cultura en medios digitales. Sin embargo, el capítulo incluye también medidas referentes a la propiedad intelectual sobre medicamentos, variedades de plantas y conocimientos tradicionales. En el caso de las medicinas, el TPP plantea, entre otras cosas, períodos más largos para la protección de patentes. Organizaciones como Médicos sin fronteras han advertido de los riesgos que esto plantea para el acceso a la salud, afectando sobre todo a las poblaciones más pobres que dependen en gran medida de medicamentos genéricos, de bajo costo y fácil fabricación y distribución. El caso de la propiedad intelectual sobre plantas, semillas y conocimientos tradicionales será el tema de este artículo, no sin antes dar una pequeña introducción sobre el tema.
¿Qué es el TPP?
El TPP está siendo negociado por 12 países: Australia, Brunei, Chile, Canadá, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam. Las rondas de negociación comenzaron en 2005, entre Brunei, Chile, Nueva Zelandia y Singapur. En 2010, Estados Unidos se integró. En 2012 México manifestó su interés por formar parte del mecanismo. El Secretario de economía de México, Ildefonso Guajardo ha asegurado que el TPP estará concluido en el 2014, negando que éste represente un riesgo para los derechos colectivos e individuales de los ciudadanos de los países firmantes. La filtración del capítulo de PI muestra la falsedad de sus declaraciones.
El TPP es un acuerdo comercial de ‘última generación’, que trasciende los temas de “comercio formal al instituir un régimen de protección de derechos del capital privado anónimo y de las corporaciones transnacionales”. En temas de PI, la protección de los derechos del capital privado se ejecuta a través de la extensión de los periodos de validez de las patentes; de las cosas que pueden ser patentadas, y de la ampliación de las capacidades de espionaje, persecución y castigo en caso de violaciones a tales derechos. La mano dura que estas medidas muestran dejan en claro que la negociación del TPP ha sido secreta únicamente para la sociedad civil y sus organizaciones, y abierta para las empresas y el gran capital, que le ha dado forma al contenido del Acuerdo al lado de los gobiernos que lo firman.



