Se desató un coro de ilusionistas del pasado que ha dejado de ver y palpar la realidad debido a su obsesión contra el presidente Andrés Manuel López Obrador, al grado de lo inaudito: negar la existencia de un tren en movimiento que sí observamos millones.
A AMLO no piensan concederle nada, ni lo evidente: la profundidad de sus programas sociales y el avance de sus obras estratégicas a pesar de la oposición manifiesta de una serie de grupos de interés dedicada a boicotear el desarrollo del país.
En este sentido, el pasado domingo, sin miedo a quedar expuesto al ridículo, el periodista Joaquín López Dóriga tuiteó: “Subieron a López Obrador en un simulador. Y lo dio como real. Así la 4-T. Y todos felices. El vagón ni se mueve”.
Desconozco cuál sea el punto de partida de sus débiles inferencias. “Subieron”, como si alguien le hubiera ordenado al presidente encabezar semejante acto. “En un simulador”, ¿a partir de qué elementos se podría plantear semejante aseveración? “Y lo dio como real”, es decir, como si el presidente hubiera mentido de forma torpe y/o deliberada.
Peor aún, en el mensaje, López Dóriga asegura que “el vagón ni se mueve”, aunque en los videos disponibles, contrario a lo planteado por quien fuera el periodista estelar de Televisa durante años, claramente el tren avanza, hasta se zangolotea.
Así, sin ningún tipo de rigor periodístico de quien debería confirmar la información antes de publicarla, López Dóriga se dejó ir con fuerza en las redes sociales acompañado de sus corifeos que terminaron igual de expuestos que el emisor central.
Al mismo tren discursivo de la difamación se subieron otros más. Entre éstos, el expresidente Felipe Calderón.
El extitular del Ejecutivo escribió:
“Un buen ejemplo de ‘Fake News’: viajar en un tren que no existe, a base de manipular las imágenes con videos pregrabados. Que los saque la señorita esa que no sabe leer en su sección de mentiras de la semana”.
Calderón y su grupo de porristas del conservadurismo no solo destilan rabia sino mentiras y demasiada desesperación. Y esta última es pésima consejera pues provoca errores cruciales que los dejan expuestos al escarnio, al ridículo ante las redes que si bien son utilizadas para viralizar la propaganda negra, tampoco perdonan.
Por cierto, si Genaro García Luna se defiende con la misma contundencia con que Calderón presenta pruebas de sus expresiones, le van a tocar cuando menos unas cinco cadenas perpetuas.
Y si se trata de montajes, Calderón fue el simulador de la guerra contra el narcotráfico y actúa como si no tuviéramos memoria y su exbrazo derecho no estuviera por ser juzgado en los Estados Unidos ya que mientras estaba al frente de una supuesta batalla, cobraba millones de dólares a los cárteles.
No tengo duda que en unos 100 días, cuando inauguren el Aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía, los amantes de las noticias falsas serán capaces de decir que en lugar de contratar al Ejército, AMLO hizo un acuerdo con el gran ilusionista David Copperfield para hacernos ver un inexistente proyecto en una base militar.
Los adversarios de AMLO se unen y han acelerado la máquina de fake news y eso que apenas vamos a la mitad del camino.
En contraparte, son millones las personas despiertas que investigan, comparan y opinan y que con su sentido común forman un dique ante la propaganda negra.


