En tema de autismo, Diego Hernandez Pitta pone el foco en madres, padres y cuidadores

Hablar de inclusión de las personas autistas también implica mirar a quienes forman parte de su entorno cotidiano. Diego Hernandez Pitta, especialista en temas sociales, considera que madres, padres, familiares y cuidadores requieren información, acompañamiento y redes de apoyo que les permitan enfrentar las responsabilidades asociadas al cuidado sin que éstas recaigan permanentemente sobre una sola persona.

Para Hernandez Pitta, la inclusión no termina con garantizar espacios educativos, laborales o comunitarios para las personas dentro del espectro autista. También requiere generar condiciones para que las familias puedan acompañarlas de una manera sostenible y acorde con las necesidades particulares de cada caso.

“Cuidar a quienes cuidan también es una forma de inclusión. Las familias necesitan información, acompañamiento y espacios donde puedan sentirse respaldadas”, afirmó.

El cuidado también necesita una red de apoyo

Madres, padres y otros familiares pueden asumir durante distintas etapas de la vida responsabilidades relacionadas con acompañamiento, organización y cuidado.

El especialista señaló que una red sólida puede ayudar a distribuir esas tareas y evitar que toda la responsabilidad recaiga únicamente en una persona.

Esa red no necesariamente tiene que estar integrada solamente por especialistas.

Familiares, amistades, escuelas, centros de trabajo y comunidades también pueden contribuir mediante acciones cotidianas que hagan más sencillo el acompañamiento.

Respetar horarios, comprender determinadas necesidades, ofrecer ayuda en una tarea concreta o simplemente escuchar pueden convertirse en formas de apoyo.

“Muchas veces no se necesita una gran intervención. Escuchar, acompañar o ayudar con una tarea cotidiana puede hacer una diferencia importante”, explicó Hernandez Pitta.

¿Por qué es importante apoyar también a las familias?

Porque el entorno forma parte de las condiciones que permiten a una persona autista desenvolverse en su vida cotidiana.

Hernandez Pitta plantea que atender a madres, padres y cuidadores no debe entenderse como colocar a la familia por encima de la persona autista.

El objetivo es diferente:

fortalecer el entorno para que exista un mejor acompañamiento sin sustituir la autonomía individual.

Por ello, ayudar a una familia puede significar facilitar herramientas que permitan distribuir responsabilidades y construir relaciones más equilibradas.

Apoyar no significa sustituir la autonomía

Uno de los puntos que enfatiza el especialista es que acompañar a las familias no debe utilizarse como argumento para limitar la capacidad de decisión o independencia de las personas autistas.

La inclusión debe buscar mejores condiciones para que cada persona pueda desarrollar sus capacidades y participar en actividades familiares, educativas, sociales y laborales de acuerdo con sus posibilidades y necesidades.

La red de apoyo funciona entonces como respaldo, no como sustituto.

No todas las familias necesitan lo mismo

Hernandez Pitta también advierte sobre otro riesgo frecuente: asumir que existe una sola forma de acompañar el autismo.

Cada persona dentro del espectro puede requerir apoyos diferentes y, por consecuencia, las necesidades de cada familia también pueden variar.

Algunas pueden necesitar mayor orientación.

Otras pueden requerir ayuda para organizar determinadas actividades cotidianas.

En otros casos, el principal apoyo puede consistir simplemente en comprensión por parte de una escuela, centro de trabajo, familiares o amistades.

Por eso, una política o iniciativa de inclusión difícilmente puede basarse en soluciones idénticas para todas las personas.

¿Qué pueden hacer escuelas y centros de trabajo?

De acuerdo con el planteamiento de Hernandez Pitta, estos espacios pueden contribuir al acompañamiento mediante medidas sencillas.

Por ejemplo:

  • escuchar las necesidades particulares de cada familia;
  • mantener comunicación clara;
  • respetar tiempos y procesos;
  • evitar juicios sobre las dinámicas familiares;
  • ofrecer apoyos concretos cuando sean posibles;
  • reconocer que las necesidades pueden cambiar con el tiempo.

La inclusión, desde esta perspectiva, no depende únicamente de grandes programas institucionales.

También puede construirse mediante decisiones cotidianas que reduzcan obstáculos para las personas autistas y para quienes las acompañan.

El papel de la comunidad

La comunidad también puede convertirse en una red de apoyo.

Una familia que encuentra comprensión en su entorno puede tener mayores posibilidades de distribuir responsabilidades y evitar el aislamiento.

Hernandez Pitta señala que pequeños gestos pueden tener un impacto significativo.

No siempre se requiere asumir una responsabilidad permanente. A veces basta con ofrecer tiempo, escuchar o colaborar con una tarea concreta.

La clave está en preguntar qué apoyo resulta realmente útil en lugar de asumir lo que una familia necesita.

Inclusión también significa mirar al entorno

El enfoque propuesto por Diego Hernandez Pitta amplía la conversación sobre el autismo.

No se trata únicamente de preguntarse qué necesita una persona dentro del espectro para participar plenamente en la sociedad.

También implica observar si quienes forman parte de su entorno cuentan con información, respaldo y condiciones suficientes para acompañarla.

“Una sociedad verdaderamente incluyente no sólo pregunta qué necesita una persona autista, también observa qué condiciones necesita su entorno para acompañarla mejor”, concluyó.

La idea central es sencilla: la inclusión de las personas autistas y el acompañamiento a sus familias no son objetivos enfrentados. Pueden formar parte de una misma estrategia cuando se respeta la autonomía individual y se construyen redes de apoyo adaptadas a las necesidades de cada familia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *