En una investigación publicada por la revista Open Journal of Pediatrics se confirma que el accidente nuclear de Fukushima el pasado 11 de marzo de 2011, aún sigue afectando a la población de Estados Unidos.
Dicha investigación señala el alto número de anormalidades tiroideas en niños recién nacidos particularmente en la Costa Oeste del país. En dicha región se recibió el máximo de precipitaciones radioactivas en comparación con otras costas de Estados Unidos, es decir, las concentraciones de yodo radioactivo I-131 en las lluvias estadounidenses eran hasta 211 veces superiores a lo normal.
En el 2011, desde marzo hasta diciembre, el número de casos con estos problemas en cinco estados fue un 16 por ciento mayor que un año anterior.
Esta situación es delicada ya que cuando el yodo radioactivo entra al cuerpo humano, se acumula en la glándula tiroides, lo cual puede tener consecuencias en el crecimiento del cuerpo y el cerebro de un niño, tales como cáncer de tiroides.
Tanto los adultos como los niños pueden proteger su glándula tiroides del i-131 y, por lo tanto, rechazar radioisótopos, si tienen un consumo de yodo constante. Sin embargo, los embriones aún en la matriz son más vulnerables a la contaminación radioactiva.


