Óscar Balderas / @oscarbalmen
(24 de diciembre, 2013).- En la mesa con la cena de Nochebuena servida, la familia Rivera Silva tendrá un plato frío. Es para José Ángel, quien desde el 23 de noviembre de 2012 no ha vuelto a casa. Ésta es la segunda Navidad en la que se les servirá una porción de comida y nadie la tocará, como esperando que cruce por la puerta de su casa al norte del país y se encuentre con sus dos hermanas, su hermano, su papá y su mamá.
Nadie sabe qué le pasó a este transportista de, ahora, 38 años. Debía llevar en su camioneta Ford 450 blanca, placas 565-EN1, kilos de cajas de cartón par empresas publicitarias desde Cadereyta, Nuevo León, hasta Matamoros, Tamaulipas. En algún momento del recorrido de cuatro horas, algo le sucedió a José Ángel.
No hay rastro de sus 180 centímetros enfundados en una playera verde a rayas, gorra verde y pantalón de mezclilla; nadie sabe a dónde han ido a parar ese cabello liso castaño, piel morena aperlada, bigote tupido y mirada alegre. Lo que saben es que esta noche, mientras todos celebran, una tristeza aplastante les caerá encima cuando devoren pavo y romeritos.
“Tu desaparición es la oscuridad más intensa que ha habido en la familia, en esa oscuridad te hemos buscado, en largas y desoladas carreteras, en pasillos taciturnos de oficinas de Estado, entre burócratas somnolientos, entre las risas de quienes le apuestan al olvido, entre perezosos uniformados, en los ojos lagañosos de funcionarios públicos y en el polvo de sus archivos. En esa oscuridad te buscamos porque con la complicidad de esa sanguinaria máquina fuiste desaparecido.
“Tu padre y tu madre muestran la corteza de la que tú también estás hecho, y apacibles esperan, en cada azote de puerta voltean esperanzados y al ver el viento pasar se alegran y te sonríen.
“Somos infatigables, loco, tarde o temprano nos veremos, no importa que nuestra marcha nos lleve a los tribunales del juicio final, ahí donde nos encontraremos con los Judas y Caínes de nuestra historia. No importa, nuestro destino es encontrarnos. Esas frías instituciones en donde te buscamos sólo pueden entibiarse e iluminarse con fuego, tal vez en nuestra vida no veamos nacer una Revolución, pero en cada brasa que arde y que en nuestra marcha vemos, soplamos con todo nuestro aliento. No dejaremos de soplar en las cenizas. Ya verás, brother, si no somos nosotros, nuestros hijos harán una hoguera que brillará por la eternidad”, escribió su hermano Francisco para el blog Nuestra Aparente Rendición.
Como la familia Rivera Silva, hoy miles tendrán en sus mesas una silla vacía y un plato seco puestos para sus desaparecidos.
Las cifras oficiales de la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación arrojan que hay 26 mil 121 desaparecidos en el país hasta el 27 de febrero de este año. Las cifras parecen conservadoras comparadas con las de la sociedad civil.
Por ejemplo, Movimiento Migrante Mesoamericano habla de 70 mil centroamericanos ilocalizables en terreno nacional cuando cruzaron la frontera sur para llegar a Estados Unidos; y las investigaciones de la periodista Lydia Cacho contabilizan 500 mil niños que son buscados por alguien, susceptibles de ser víctimas de alguna de las once modalidades de trata de personas.
Otras organizaciones maximizan los números del gobierno de Enrique Peña Nieto: FUNDEM, FUNDEC, NAR, MPJyD, FUNDAR, CENCOS y más hablan, según cada organización, de hasta 100 mil personas que parece que se las tragó la tierra, pero cuyas familias han asumido el compromiso de buscarlas hasta que se les termine el aliento.
Un aliento que se corta y vuelve cuando una autoridad anuncia la inhumación de varios restos humanos en alguna narcofosa.
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Jorge Antonio Murrieta, tanatólogo y consultor para la sede mexicana de la Organización Mundial de la Salud, explica: peor que la muerte es la muerte violenta y peor que eso es la desaparición forzada.
“Es un infierno. En estos casos, los tratamientos psicológicos con orientación tanatológica – es decir, que pretenden dar sentido a la idea de que no volverá un ser querido – tienen poca efectividad por una razón obvia, que no lo es tanto: sin cuerpo, existe una posibilidad, aunque sea remota, de que la persona vuelva y eso no permite descanso alguno”, señaló el experto.
Las personas que viven la desaparición de un ser querido sufren por partida triple, asegura Murrieta. Primero, la desesperación de no saber su paradero; segundo, la ira de no lograr vivir el presente y permanecer atado al recuerdo del familiar o amigo; tercero, la culpa de sentirse impotentes ante las nulas investigaciones.
“Dicen ‘¿cómo puedo yo divertirme, salir a una fiesta, irme de vacaciones, si mi hermano puede estar pasando frío o hambre?’ o peor, ‘¿por qué debo comer, si no sé si mi esposa está comiendo?’. Literalmente, mueren en vida. Y un tratamiento convencional no les ayuda, porque no resisten la idea de dar por muerto un desaparecido. Sienten que renuncian a él o ella, como si le traicionaran”, afirma.
Cuestionado sobre las razones para que una familia cene con una silla vacía y un plato seco en Navidad, el psicoterapeuta tiene una explicación: “Es una forma de poder seguir. De hacer una vida normal sin sentir que lo han excluido. Una manera de decirle al desaparecido ‘necesito un presente como el que teníamos, así que te invito aunque no estés”.
“Es una forma de traerlo, aunque no esté. Muy doloroso”.
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Dalia Guadalupe Cruz Guerrero desapareció el 30 de octubre de 2010. Como en el caso de José Ángel, lo que se sabe de aquel día son puras suposiciones. Su madre, Natividad Guerrero, piensa que ocurrió en algún rincón de Calera, Zacatecas.
Su hija, de 24 años, viajaba a Guadalajara con su novio Luis Ramón Enciso, de 21 años, y dos amigos más: Bernardo Cedano y Carolina Naranjo. Ninguno de los cuatro volvió a casa, de donde salieron avisando que irían de paseo.
Natividad es una veterana en recorrer cada Servicio Médico Forense al que la han llevado para reconocer cuerpos; fue una de las madres que pidió pruebas de ADN a los restos humanos encontrados en la fosa clandestina de La Barca, Jalisco, de donde se extrajeron 54 cuerpos. Tenía la esperanza, aunque fuera terrible, de que Dalia se encontrara ahí.
“Después de que cumpliste tres años de ausencia me está cayendo el veinte de que siento que no voy a volver a verte, pero Dios es tan grande que confío en él y en que si tú estás viva, en algún lugar o en algún país, vas a luchar por sobrevivir y salir de ese lugar donde te puedan tener. Sé que vas a luchar como yo lucho por ti, hasta saber tu paradero, ya sea que estés viva o estés muerta. Sé que tú, si estás viva, luchas cada día porque tienes a tu hijo. Yo, que soy madre, sé que estás pasando lo mismo o peor que yo la situación puesto que yo sé que yo estoy libre y abrazo a tu hijo las veces que quiero. Sé tu dolor de madre por no ver a tu hijo y no poderlo abrazar, por eso te exijo que si estás viva, en algún lugar, luches por sobrevivir y le pidas mucho a Dios para poder salir de cualquier lugar donde te encuentres. Sé que lo vas a lograr por el amor que le tienes a tu hijo.
“Nosotros te extrañamos tanto y te queremos tanto. Tu papá no se la acaba, de todo y de cualquier cosa llora, no sé, pero yo siento que él y tú se tenían un cariño especial. Desde pequeñita tú a él, y él contigo. Ahora él, por ese amor que te tiene de padre, sufre mucho. Yo le digo que sea fuerte, que estás en las manos de Dios y que Dios es el que va a saber cuándo vas a regresar.
“Te pido tengas mucha fortaleza y hagas todo, todo lo que esté en tus manos por sobrevivir. Yo sé que es difícil si es que estás en algún lugar donde te tengan cautiva, pero no pierdas la esperanza. Yo espero que nos encontremos. Si no nos encontramos en este mundo, algún día nos encontraremos en la presencia de Dios. Eso es lo que me hace seguir viviendo; el que tú, si no estás en este mundo, en muy poco tiempo te alcanzaremos, ya que lo único que me hace sobrevivir y tener fortaleza es el tener a tu hijo a nuestro cargo. Pido mucho a Dios por todas las personas que están en la misma situación que tú, hija”, escribió Natividad para Dalia Guadalupe.
Ésta es la cuarta Nochebuena que no lo es tanto.
Para muchos familiares de desaparecidos en México, ésta es la primera.



